El récord de energía solar ayuda a Europa a sortear el coste de la ola de calor

Las olas de calor, cada vez más tempranas e intensas, también suponen un importante factor de estrés para las infraestructuras energéticas europeas. Durante los episodios de temperaturas extremas de este verano, en los que varios países superaron los 40 grados, la energía solar se convirtió en un salvavidas para los sistemas eléctricos del continente. Es la conclusión de un análisis publicado por el think tank especializado en energía Ember, que estudia cómo afrontaron España, Francia, Italia y Hungría las olas de calor y las sequías registradas durante junio y julio. El informe destaca que la generación de energía solar alcanzó récords históricos durante estos meses y llegó a cubrir el 25% de la demanda eléctrica de la Unión Europea en dos ocasiones consecutivas.

El informe de Ember constata que las altas temperaturas tuvieron un impacto evidente en la demanda de electricidad, sobre todo por el mayor uso del aire acondicionado. Durante las primeras olas de calor, a finales de junio, la demanda diaria de electricidad aumentó, respecto a la semana anterior, en hasta un 28% en Italia, un 23% en Hungría, un 14% en Francia y un 13% en España, donde este repunte fue algo menor. Además, el estudio alerta que la infraestructura del sistema también tiene límites térmicos y que las líneas eléctricas aéreas pueden transportar menos electricidad cuando la temperatura ambiente es elevada, “mientras que otros equipos, como los transformadores de la red, pueden sobrecalentarse”.

La generación fotovoltaica cubrióel 25% de la demanda eléctrica de la UE en junio y julio

La mayor necesidad de energía se compensó, en parte, con el aumento de la generación solar durante los días más calurosos, en los que las condiciones meteorológicas fueron especialmente favorables para la generación fotovoltaica. Esta fue un 17% más elevada de lo habitual en junio y julio en Francia y Hungría, y un 5% superior en España. El analista Chris Rosslowe, autor del estudio, destaca que la ayuda no se debió solo al aumento de la producción, sino también al momento en que se generó esa energía, coincidiendo con las horas de mayor uso del aire acondicionado. Desde Ember estiman que, durante la ola de calor de junio, un sistema de placas solares doméstico típico en Reino Unido produjo suficiente energía para refrigerar un hogar durante cinco horas.

“La energía solar ya está desempeñando un papel fundamental durante las olas de calor, pero el verdadero reto comienza cuando se pone el sol”, señala Rosslowe. El estudio recuerda que las primeras horas de la tarde y la noche, cuando la demanda de aire acondicionado continúa siendo elevada, obligaron a los países a recurrir en mayor medida a las centrales de gas, lo que encareció los precios en estos momentos del día. Esta combinación de factores llevó los precios a máximos. Por ejemplo, el pasado 24 de junio, el precio del mercado eléctrico alcanzó los 313 euros por megavatio hora en Francia y los 285 euros en Italia, una cifra récord para el país transalpino desde el invierno del 2022. En España, donde la ola de calor de junio fue algo más suave, el precio llegó a los 177 euros/MWh el día 22. Sin embargo, en julio, cuando las temperaturas se intensificaron, escaló hasta los 250 euros/MWh, un nivel que no se alcanzaba desde el 2022.

Ante unas olas de calor cada vez más frecuentes, Rosslowe advierte de que esta volatilidad de los precios pone de manifiesto el “vacío de flexibilidad de Europa” y sugiere soluciones como el almacenamiento en baterías. “Es una de las vías más claras para hacer que el sistema eléctrico europeo sea más resiliente ante veranos cada vez más calurosos”, propone el analista. De esta manera, defiende que se puede trasladar la electricidad barata a las horas de la tarde y la noche, cuando la demanda de refrigeración sigue siendo elevada y la red está más expuesta a la necesidad de recurrir a una generación térmica más cara.

Fallos en otras tecnologías

El estudio de Ember también destaca el impacto de las temperaturas extremas y la sequía en otras fuentes de energía, especialmente en las centrales térmicas e hidroeléctricas. Por ejemplo, en Hungría y Rumanía, los niveles históricamente bajos del Danubio redujeron la producción de las centrales nucleares, que habitualmente utilizan agua de ríos o del mar para refrigerar sus sistemas. En Suiza, otro reactor tuvo que detenerse temporalmente en junio debido a que la temperatura del agua del río era demasiado elevada. Las centrales de gas y carbón también se vieron afectadas: durante la ola de calor en Reino Unido, cinco plantas de gas tuvieron que reducir su producción, recortando en 2,5 gigavatios su capacidad de generación disponible.

Paula Solanas Alfaro

Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro ‘El club de los unicornios’ (Península, 2023).

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