Los presidentes de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, además de una decena de socios, como el primer ministro indio, Narendra Modi, arropan durante dos días en Kirguistán (Asia Central) a su colega iraní, Masud Pezeshkián, en plena guerra militar y económica con Estados Unidos. En Bishkek, la capital kirguís se reúnen este lunes y martes los líderes de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) para profundizar sus lazos regiones y hacer frente a la influencia de Washington.
El presidente iraní mantendrá reuniones bilaterales con los líderes de los otros países miembros y de otros socios, y pronunciará un discurso ante el plenario previsto para el 1 de septiembre. “Irán no busca la guerra, pero responderá firmemente a cualquier agresión”, dijo Pezeshkián horas antes de viajar a Asia Central. Para el primer día de septiembre está prevista una entrevista con Putin.
El presidente ruso tiene planeados hasta nueve encuentros bilaterales, al margen de las reuniones oficiales de la cumbre, según el Kremlin. Entre otros, se reunirá con sus homólogos chino e indio, y también con Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, uno de los países “socios de diálogo” aunque no miembro permanente de la OCS.
Un mundo multipolar frente a la visión hegemónica de Estados Unidos
Durante el Consejo de ministros de Exteriores de la OCS, celebrado el mes pasado en la capital kirguís, el ministro iraní Abbas Araghchi pidió a la organización que se mantuviese firme contra el unilateralismo, en clara referencia a EE.UU.
Aunque la OCS asegura que “no es una alianza dirigida contra otros estados”, este tipo de cumbres sirven regularmente a Moscú y Pekín para mostrar su unión y su visión de un mundo multipolar, contrapuesto a la hegemonía estadounidense que continuamente denuncian.
Sin haber podido solucionar la guerra que EE.UU. e Israel lanzaron contra Irán el pasado 28 de febrero, la administración del presidente de EE.UU., Donald Trump, ha impuesto sanciones secundarias a los socios comerciales de Irán con el objetivo de debilitar al régimen de Teherán. China ha advertido que defenderá con firmeza sus intereses, ya que Pekín es un importante importador de petróleo iraní. Rusia es también un socio clave de Teherán, con quien ha intensificado su cooperación militar y comercial en los últimos años, coincidiendo con la guerra en Ucrania.
La Organización de Cooperación de Shanghái celebra en la capital de Kirguistán haber llegado a los 25 años de edad con el lema “Juntos hacia la paz sostenible, el desarrollo y la prosperidad”.
En sus orígenes, la OCS nació para solucionar los problemas que surgieron en Asia Central tras el fin de la URSS
Se creó oficialmente en 2001 para solucionar los problemas que surgieron tras el fin de la URSS en Asia Central y que afectaban a China. En un principio estaba compuesta por Rusia, Kazajistán, Kirguistán, China, Tayikistán y Uzbekistán.
Pero llevaba gestándose varios años desde que en 1996 los líderes de China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán firmaran un Acuerdo para el fomento de la confianza en el campo militar en la zona fronteriza.
Sobre esa base surgió un mecanismos llamado los “cinco de Shanghái” para resolver los problemas de seguridad a lo largo de la antigua frontera soviética-china y reducir las tensiones militares en esas zonas. En 1997 los cinco estados firmaron en Moscú un acuerdo para reducir las fuerzas armadas en el área de la frontera.
Uzbekistán se unió a los trabajos del grupo y el 15 de junio de 2001 los dirigentes de los seis aprobaron la Declaración sobre la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái. El mismo día se firmó la Convención de Shanghái sobre la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo (a las que bautizaron como “las tres fuerzas del mal”).
Diez miembros permanentes, con China como el más poderoso, y 17 socios
En este cuarto de siglo de existencia, la organización ha casi duplicado el número de socios y se ha convertido en una de las organizaciones internacionales más grandes del mundo (3.400 millones de personas, o más del 42 % de la población mundial). Según datos del Banco Mundial para 2025, el PIB nominal combinado de los países de la OCS corresponde al 23 % de la economía mundial.
En la actualidad ya tiene diez miembros permanentes tras la incorporación sucesiva de India y Pakistán en 2017, Irán en 2023 y Bielorrusia en 2024. Además cuenta con dos países observadores (Afganistán y Mongolia) y 15 socios de diálogo: Armenia, Azerbaiyán, Bahrein, Camboya, Egipto, Catar, Kuwait, Laos, Maldivas, Myanmar (Birmania), Nepal, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Sri Lanka y Turquía.
La cumbre se inaugura oficialmente este 31 de agosto por la noche con una recepción solemne ofrecida por el anfitrión, el presidente de Kirguistán, Sadir Zhapárov. El programa oficial se concentra en la jornada del 1 de septiembre, cuando el Consejo de líderes de los países miembros abordarán cuestiones para el fortalecimiento de la asociación, su modernización de acuerdo con las decisiones ya tomadas hace dos años, la promoción de la cooperación en los ámbitos de la política, la seguridad, la economía y las relaciones humanitarias, así como los problemas internacionales actuales.
La OCS jugó un papel muy importante tras el colapso de la URSS para resolver problemas en Asia Central. Un cuarto de siglo después, China es el socio más poderoso sin discusión y la organización le sirve a Pekín para fortalecer su influencia y promover sus intereses económicos en la región. Ya ha superado a Rusia como principal socio comercial de una zona que antes formó parte de la URSS.
Antesala a la próxima cumbre de los BRICS
De hecho, la OCS es un elemento importante para Pekín desde que en 2013 Xi Jinping lanzó el megaproyecto de la nueva Ruta de la Seda. A su llegada a Bishkek, Xi Jinping destacó este lunes “la edad de oro” de las relaciones entre China y Kirguistán.
Según el canal de televisión chino CGTN, el intercambio comercial con los países de la OCS en 2025 fue de 524.000 millones de dólares, frente a los solo 12.000 millones de hace 25 años. las inversiones de Pekín en los países de la OCS superaron el año pasado los 84.000 millones de dólares. Además, ha abierto unas 3.000 empresas, que suponen unos 200.000 empleos.
La Cumbre de la OCS en Bishkek sirve como antesala de una importante reunión de otra organización que mantiene el pulso a la influencia de EE.UU., la de los BRICS prevista para el 12 y 13 de septiembre en Nueva Delhi.
Siguiendo el ejemplo de esta última, la OCS intenta potenciar los lazos comerciales entre sus socios. Por ejemplo, creando un banco común similar al Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS, como se decidió en la cumbre del año pasado en Tianjin (China).
Instituciones como estas pueden ayudar a crear un sistema que pueda sortear las sanciones occidentales, que actualmente sufren países como Irán o Rusia por la guerra en Ucrania. Pero para sacarlo adelante tienen que superar la competencia económica entre sus propios países miembros o los diversos conflictos que los enfrentan. Por ejemplo, algunos de los socios no quieren usar el dólar estadounidense, pero elegir el yuan chino se encontraría en principio con la resistencia de otros, como India.
