La historia explica que las reuniones de los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G-20 no suelen ser apasionantes.
Pero la de este año, en Asheville (Carolina del Norte) cuenta con dos polémicas que la animan. El anfitrión, el Gobierno de Donald Trump, ha impedido la asistencia de África del Sur, por el supuesto racismo que sufren los blancos, y, sobre todo, ha irritado al invitar a Rusia por primera vez en cuatro años, cuando invadió Ucrania.
Los enviados europeos se niegan a que el ministro ruso aparezca en la foto de grupo de la reunión
En un encuentro marcado por el posible uso malicioso de la IA, la mayor fuente de crecimiento económico y también el peligro más susceptible de desestabilizar el sistema, la decisión de la Casa Blanca de abrir la puerta del G-20 a Anton Siluánov, ministro de Finanzas en el ejecutivo del Vladímir Putin, provocó una fuerte oposición de los colegas europeos a la decisión de Estados Unidos.
Los europeos mostraron su preocupación sobre que la presencia de Siluánov en la cumbre en Asheville de las 20 mayores economías del mundo contribuya a normalizar las relaciones con Moscú en plena guerra a gran escala contra Ucrania.
Julio fue el mes más mortífero para los civiles ucranianos, en medio del aumento de los ataques rusos con misiles balísticos y drones, así como de la escasez de munición para los sistemas de defensa aérea. Y se espera que los combates durante el invierno intensifiquen el sufrimiento en Ucrania.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, se reunió con el dirigente ruso y, según fuentes estadounidenses, dejó claro que EE.UU. no proporcionará alivio económico” a Rusia hasta que termine la guerra en Ucrania. Bessent le habría dicho que nada es posible mientras continúe ese conflicto bélico.
Sin embargo, Trump ha restado importancia al apoyo a Ucrania y les ha amenazado desde su regreso al poder. En este rechazo, incluso en medios estadounidenses se remarcó que Rusia está con China al lado de Irán.
El ministro alemán Lars Klingbeil declaró en la cumbre que le preocupaba el mensaje que EE.UU. transmitía a Rusia al invitarlo al G-20 y señaló que Europa prepara otro paquete de sanciones contra Moscú.
“Habría querido una mayor claridad por parte estadounidense en el sentido de que el ministro ruso no debería ser recibido aquí como un invitado normal”, afirmó a Reuters.
Los europeos se opusieron a aparecer en la habitual foto de familia de los participantes, hasta que el ruso se apartó.
