Hay algo más que una guerra comercial. En juego también está el orgullo nacional de Canadá, un país acechado por el imperialismo del presidente de Estados Unidos, que sueña con reducirlo al estado número 51.
Los aranceles canadienses sobre unos 27.6000 millones de dólares en productos estadounidenses entraron en vigor este martes, mientras la guerra comercial entre ambos países amenaza con intensificarse.
Estas tasas se aplican a una amplia gama de productos, entre ellos el acero y el aluminio, los productos lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, los plásticos y los productos electrónicos.
Los nuevos gravámenes, que el primer ministro Mark Carney anunció después de que las negociaciones fracasaran el mes pasado, reflejan en su mayoría los que la administración Trump impuso a Canadá, que es la política de represalia de dólar por dólar, esto es, en la misma proporción.
La respuesta de Carney lo ha distinguido como uno de los pocos líderes mundiales que se enfrentan a Trump mientras el presidente de EE.UU. arremete contra sus aliados por una serie de cuestiones.
La actitud del mandatario estadounidense preocupa además dentro del Partido Republicano, por el perjuicio que puede suponer debido al encarecimiento de los productos a falta de menos de dos meses para las elecciones de medio mandato en la que los demócratas aspiran a ganar el control del Congreso. La factura, en último término, recae en los ciudadanos, que son los votantes.
Las empresas estadounidenses, y los legisladores que representan a los distritos donde están ubicadas, están presionando al gobierno de Washington para que Trump conceda exenciones a los aranceles estadounidenses. Mientras tanto, funcionarios de la administración Trump están estudiando posibles prohibiciones a productos canadienses en caso de que Ottawa tome nuevas represalias.
En la escalada más reciente, el mandatario estadounidense aseguró este lunes que no permitiría al fabricante canadiense de aviones Bombardier vender en EE.UU. a menos que traslade su producción al país. “Si quieren nuestro mercado, deben fabricar aquí y dejar de tratar a Estados Unidos como una caja de hacer dinero”, escribió en su red social. No estaba claro de inmediato cómo restringiría Trump la venta de los aviones de Bombardier.
Esas amenazas no han frenado a Carney, que cuenta con un sólido respaldo de una nación que se siente enfadada e insultada por el acoso de EE.UU. Su relación de amistada y de principales aliados comerciales se ha visto totalmente deteriorada desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero del 2025.
Los aranceles pueden perjudicar más a Canadá, sin duda, a corto plazo. Pero está en juego el orgullo patrio. Según las encuestas, entre las prioridades más populares está responder con todos los medios disponibles a la agresión del vecino del sur. Eso incluye acciones individuales como dejar de hacer turismo en EE.UU., cosas que empieza a notarse en ciudades como Nueva York.
