El Gobierno de Portugal supera la moción de censura que deja en evidencia su frágil situación

El Parlamento de Portugal rechazó este martes la moción de censura de la extrema derecha de Chega con 104 votos en contra, 60 a favor y 62 abstenciones, entre las que figuran las decisivas de los diputados socialistas que, en aras de la estabilidad, salvaron así al Gobierno minoritario del conservador Luís Montenegro. Sin embargo, la más reveladora cifra de un debate cuyo desenlace estaba cantado desde la misma presentación de la moción no la generó la aritmética parlamentaria, sino la dinámica política. Se trata de los 1.611,13 euros de importe máximo de la paga extra adicional que los pensionistas portugueses recibirán en diciembre. Forma parte, junto con reducciones fiscales para las rentas más bajas, del paquete de medidas que anunció un asediado Montenegro, como respuesta a los escándalos que tienen contra las cuerdas a su ministro del Interior, Luís Neves, y al creciente malestar social por una carestía de los combustibles mucho mayor que en España, con más de 30 céntimos de diferencia.

El debate estuvo marcado por el primer sondeo que sitúa a los ultras de Chega peleando en cabeza con los socialistas y con los conservadores hundidos de terceros

Las cuatro horas y media de discusión de la moción de censura consolidaron el escenario que se fue dibujando durante el verano en el que el primer ministro Montenegro se sintió obligado a renunciar a las vacaciones en una situación en las encuestas cada vez más adversa para su partido. Se agravó con el sondeo que el lunes por la noche difundió la CNN Portugal, con un 27,9% de estimación de voto para el socialista José Luís Carneiro, un 27,1% para el ultra André Ventura y un 25,7% para el conservador Luís Montenegro. Se trata de la primera vez que el líder de Chega, además de encabezar la derecha, compite incluso por la primera posición, con unos conservadores hundidos, pues caerían casi seis puntos respecto a las elecciones del 2025, mientras los ultras y los socialistas subirían cada uno más de cuatro.

Si bien cuenta con el aval de los aciertos de las encuestas de la CNN en las elecciones presidenciales de comienzos de este año, no deja de ser un sondeo aislado, el primero de este curso político, lo que invita a la cautela a la espera de que se publiquen más estudios demoscópicos en este nuevo ciclo. Después de los 15 meses de relativa tranquilidad que siguieron a las elecciones del 2025, la inestabilidad vuelve a instalarse en un Portugal que desde enero del 2022 ha elegido tres veces a su parlamento. Sin embargo, aunque los tambores de campaña resuenen de nuevo, de momento resulta improbable un regreso a las urnas, sobre todo porque quien tiene la potestad  constitucional de convocar los comicios, el presidente de la República, el socialista António José Seguro, tomó posesión de su cargo en marzo con la promesa de hacer todo lo que esté en su mano para poner fin al “frenesí electoral” de esta década.

Como equilibrista garante de la estabilidad, el socialista Carneiro dijo que se abstenía  para evitar una crisis institucional sin dejar de dar “un voto de censura al Gobierno”

La sorprendente elección de Seguro en las presidenciales de enero y febrero marcó el inicio de la progresiva decadencia del Gobierno de Montenegro, cuyo candidato quedó en una humillante quinta plaza en la primera vuelta, y generó una inesperada resurrección del Partido Socialista (PS) que, después, de la mano de José Luís Carneiro, pasó a liderar las encuestas, pero en un contexto de clara mayoría de derechas. Carneiro aparece como el otro gran puntal de la estabilidad, porque desea ganar tiempo. Sin embargo, el desgaste de Montenegro y la ofensiva de un crecido Chega se lo pone difícil. Así se vio en el debate de este martes, cuando, en un complejo juego de equilibrismo, explicó que su abstención tenía por objeto servir como “bloqueo” del estallido de una crisis institucional, pero suponía también “un voto de censura al Gobierno”.

Esta postura de abstención crítica con Montenegro, pero marcando al máximo las distancias con el ultra André Ventura, la mantuvieron el resto de las fuerzas progresistas, como los comunistas, el Bloque de Izquierdas y los regionalistas de Madeira. Se desmarcó, votando en contra, Libre,el aliado portugués de Sumar, cuyo fundador Rui Tavares, realizó una defensa del ministro del Interior más contundente tal vez que la del propio Montenegro.  “El delito de Luís Neves es no coincidir con Chega y no decir lo que Chega quiere oír”, afirmó Tavares, en referencia a la tradicional posición de este antiguo director de la Policía Judicial de desmentir la relación entre inmigración y delincuencia. Por eso su nombramiento como ministro del Interior en febrero fue muy bien acogido por el centroizquierda. De hecho, el socialista Carneiro no pide su cese sino que, en otro juego de equilibrismo, sostiene que su autoridad se halla bajo mínimos y se limita a afirmar que debe “responder” sobre las irregularidades por las que le investiga la fiscalía.

En cambio, Mariana Leitão, líder de Iniciativa Liberal, el partido más pequeño de la derecha, que votó en contra de la moción de censura, sostuvo que sólo caben dos alternativas para Neves, o salir del Gobierno por decisión propia o del primer ministro. Afirmó que Montenegro ha atado su futuro al del titular de Interior y deslizó varias insinuaciones con las que se apuntó a la teoría de que la permanencia en el cargo de Neves, tras conocerse a comienzos de este verano diversas irregularidades en su etapa como director de la Policía Judicial, puede deberse a que posee información sensible sobre el primer ministro, a quien investigó en el pasado por los escándalos de su consultora y de su casa. “¿Usted mantiene al ministro porque está condicionado, ya me entiende?, le pregunto a Montenegro en otro momento del debate la siempre poco sutil y aguerrida joven diputada ultra Rita Matías.

Para Neves la de este martes era una doble prueba de fuego. Por la mañana protagonizó una larga comparecencia parlamentaria, en la que no aportó ninguna aclaración sustancial de su relación con un amigo constructor, que le hizo obras irregulares en una finca mientras era adjudicatario de contras de la Policía Judicial y en cuya empresa acabó un tráiler para la producción de droga sintética que tras ser aprehendido por la policía debía ser destruído, a diferencia de ocasiones anteriores mantuvo la compostura y no se metió en más líos. Y por la tarde  salió confirmado de la moción de censura, en parte porque ahora Montenegro no puede entregar su cabeza, al menos de inmediato, pues ello supondría un triunfo para Chega.

Montenegro se enroca en su defensa de Luís Neves, al afirmar que “es un excelente ministro y Portugal lo necesita”

“Es un excelente ministro y Portugal lo necesita” proclamó Montenegro, quien elogió la labor de Neves en la lucha contra los incendios y en la gestión de las fronteras, mientras evitaba responder a las insistentes preguntas de André Ventura y otros diputados sobre escándalos como el del tráiler.  El primer ministro se reafirmó en su intención de agotar la legislatura, acusó a la oposición de “negativismo”, sostuvo que la situación del país es en conjunto positiva y, aunque admitió que podría revisarla, defendió su controvertida gestión de los impuestos sobre los hidrocarburos, que la extrema derecha llegó a contraponer con la de Pedro Sánchez en España.

Tras perder la votación, los diputados de Chega celebraron lo que consideran una victoria política reclamando en pie a gritos la dimisión del ministro Neves

Envalentonado por el éxito de sus correligionarios alemanes y por las encuestas, el xenófobo y racista Ventura se lanzó a degüello contra todos, empezando por Neves a quien presentó como un elemento tóxico para la salud de las instituciones, siguiendo por Montenegro, por estar según él en manos de un ministro corrupto, continuando por los socialistas, por anteponer los cálculos políticos a la ética, y acabando por los que se opusieron la moción, como los liberales, a los que tildó de “muletas” del Gobierno.  Tras la votación y el contundente rechazo a su iniciativa, los 60 diputados ultras se pusieron en pie y reclamaron a gritos la dimisión de Neves, en un gesto de triunfante convicción de que, a su modo ver, obtuvieron una victoria política.

Anxo Lugilde

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

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