Mark Carney, primer ministro de Canadá, asistirá hoy en Estrasburgo al pleno más importante del Parlamento Europeo. Será la primera vez que el jefe de un gobierno no europeo presenciará el debate anual sobre el estado de la Unión, la sesión que marca el rumbo político de la UE. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, lo ha invitado para resaltar la relación cada vez más estrecha entre Bruselas y Ottawa.
Las amenazas de Estados Unidos, Rusia y China a la seguridad y prosperidad de Europa y Canadá explican este acercamiento. Mientras el presidente norteamericano, Donald Trump, castiga a Canadá con más aranceles y la humilla diciendo que debería ser el estado 51 de EE.UU., Carney mira a Europa con la ambición de una relación política y comercial entre iguales “que nos hará más resistentes, independientes y prósperos”, según declaró ayer al Financial Times.
Canadá y la UE, según ha adelantado The Wall Street Journal, trabajan en un acuerdo de asociación. Esta “alianza especial” permitiría a Canadá asistir sin voto a las reuniones ministeriales, estar cubierta por la cláusula de asistencia mutua entre los miembros de la UE, así como tener acceso a programas y financiación comunitaria.
De hecho, el pasado mes de febrero, Canadá se incorporó al programa SAFE, un instrumento financiero dotado con 150.000 millones de euros que ofrece préstamos a largo plazo y bajo interés para reforzar a los ejércitos de los países miembros de la UE frente a la amenaza de Rusia y la poca fiabilidad de Estados Unidos.
Canadá, que en los dos próximos años aumentará el gasto en defensa del 1,5% al 4% del PIB, ha decidido comprar 12 submarinos a la empresa alemana TKMS. El contrato, valorado en 14.800 millones de euros, es el mayor de la historia de la armada canadiense.
Gracias a SAFE, Canadá reducirá la dependencia de Estados Unidos en defensa. Hoy, el 70% de lo que gasta en armas y material militar es estadounidense.
Que la prioridad geopolítica de Canadá sea Europa y no Estados Unidos demuestra hasta qué punto Donald Trump ha dañado el eje transatlántico, pilar de la defensa de Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En este sentido, el primer ministro participó el pasado mes de mayo en Armenia en la reunió de la Comunidad Política Europea, un foro político en el que participan todos los países europeos y del Cáucaso menos Rusia y Bielorrusia.
Mark Carney considera que “en un mundo más peligroso y dividido, Canadá refuerza sus lazos con nuestros socios europeos”. Considera que “nuestros valores e intereses comunes, así como nuestras fuerzas complementarias, son los cimientos de un futuro en el que seremos más fuertes”. El primer ministro, según un comunicado de su propia oficina, está convencido de que Canadá y la UE “tienen la ambición y la fuerza necesarias para crear un mundo más justo, próspero y estable para todas las naciones”.
La UE, efectivamente, estrecha sus lazos con los países de la tierra media, potencias como Indonesia, Brasil y México. Canadá sigue el mismo camino. Bruselas y Ottawa no solo buscan alianzas políticas, sino también económicas que les permitan contar con inversores y clientes más diversos, y así hacer frente a China que intenta colocar en Europa los productos que ahora no puede vender en Estados Unidos.
Es pronto para saber cómo se plasmará la “relación especial” entre la UE y Canadá porque una cosa es la voluntad de la Comisión y otra la de los estados. Lo demuestra el tratado comercial que se firmó en el 2017 y que una decena de países aún no han ratificado para proteger su producción agraria de las exportaciones canadienses.
En todo caso y como explicaba ayer un eurodiputado en los pasillos del Parlamento, “más que buscar un acuerdo de asociación con Canadá se debería buscar uno que incluyera a más países. El Reino Unido, por ejemplo, también tiene muchos motivos para estrechar su relación con la UE. Turquía podría ser otro candidato a tener una mejor relación”.
Hace tiempo que la Unión Europea crece en círculos concéntricos. No todos los socios están en el euro o en Schengen, mientras que hay países extracomunitarios que forman parte de Schengen y, algunos, como Noruega, también del Espacio Económico Europeo.
Ursula von der Leyen resaltará hoy durante su discurso sobre el estado de la Unión que Europa ha demostrado que se puede ser fuerte desde la diversidad. Este principio de la Unión también inspira sus relaciones políticas y económicas más allá de Europa. La UE mantiene 45 acuerdos comerciales que abarcan 81 países y reducen considerablemente los costes de aduana.
Canadá es el segundo socio comercial de la UE para bienes y servicios. La UE es el segundo inversor en Canadá después de Estados Unidos. La UE tiene 217.000 millones de dólares invertidos en Canadá y Canadá tiene 315.000 invertidos en la UE. Esta relación se reforzará el mes que viene con una nueva cumbre bilateral.
Carney hará historia hoy en el Parlamento Europeo y volverá a hacerla mañana, cuando tome la palabra para reiterar el europeismo de Canadá. Nunca un jefe de gobierno no europeo había tenido un papel tan destacado en el corazón político de Europa.
