El INE confirma el 4,3% de inflación en agosto con perspectivas de que septiembre será peor

Un mal agosto a la espera de un septiembre que previsiblemente será peor. El dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) de esta mañana ha confirmado que los precios se dispararon el mes pasado hasta situarse en el 4,3%, la tasa más alta desde febrero del 2023. 

El aumento del precio de los carburantes y la disminución progresiva de las ayudas han provocado este aumento tan destacado, a lo que se añade un efecto base, porque en agosto del año pasado sus precios bajaron. Todo con el agravante de que, visto el cierre del oleoducto que Arabia Saudí utilizaba como alternativa al estrecho de Ormuz, la inflación en septiembre se pronostica peor. De momento, ya ha disparado el precio del barril de Brent por encima de los 100 dólares. Una pista de la situación la dio el BCE el jueves pasado, cuando  acompañó su subida de tipos  con comentarios que hacen prever una inflación prolongada muy por encima del deseado 2%. La moderación tendrá que esperar al 2027.

En todo caso, estas son previsiones. La realidad del dato de hoy es un aumento de siete décimas de la inflación de agosto respecto al mes anterior. Es la confirmación de la cifra adelantada hace dos semanas. La causa son principalmente los precios de los carburantes. De esta manera, los efectos de la guerra de Irán en la inflación, que en un principio parecía que se podían mantener bajo un cierto control, se han disparado. Hemos pasado de tasas ligeramente por encima del 3% de abril a junio, para después en julio escalar al 3,6% y ahora en agosto, por encima del 4%. En septiembre, desde Funcas ya prevén que la subida de los precios rozará el 5% y la media del año la colocan en el 3,6%, contando con que se produzca algún elemento positivo en la evolución de la guerra y con ello, del precio del petróleo. 

”Hay unas tensiones inflacionistas estructurales importantes ahora agudizadas por los precios energéticos”, explica María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas.

Como indicábamos, los efectos de una tregua que no se consiguió y la complicación del conflicto han provocado este aumento del precio de las gasolinas. En concreto, el gasóleo ha aumentado un 30,3% y la gasolina un 16,9%. Unas subidas todavía mucho más contundentes que las de julio.

Precisamente, los datos de julio ya conllevaron que a partir del 1 de septiembre la rebaja del diésel se aumentara a 20 céntimos, mientras que el descuento de la gasolina se mantiene en los 5 céntimos. Unas rebajas que pueden quedarse cortas en su misión de moderar los precios.

En este terreno, el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha afirmado que “no dejaremos de acompañar y de apoyar a las familias ante las subidas” de los precios. Una frase que veremos si se traduce en una prolongación de las rebajas fiscales a los carburantes que están previstas que caduquen este mes, aunque el dato de inflación de hoy hace probable que haya alguna fórmula para darle continuidad. Ahí, el Gobierno se debate entre moderar un aumento tan fuerte de los precios y el coste que el esfuerzo supone para las arcas públicas.

Mientras, la inflación de los alimentos y bebidas no alcohólicas ha aumentado hasta el 2,3%, lo que supone la tasa más alta desde abril. En cambio, en los últimos dos meses se había mantenido por debajo del 2%. Los alimentos con incrementos más destacados fueron las legumbres, con un 15,9%; los huevos, (+12,5%); y el pescado fresco y congelado (+7,8%).

Por su parte, el elemento mínimamente positivo del dato de hoy es la tasa de la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos frescos, que se ha reducido una décima, hasta quedar en el 2,9%. Es un dato que puede indicar que el aumento del precio de los productos energéticos todavía no se ha extendido al resto de la economía, pero con el panorama actual es un paso que previsiblemente acabará dándose.

Jaume Masdeu Burch

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

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