La imprevisible herencia de Trump

Pase lo que pase en las ya cercanas elecciones de medio mandato (3 de noviembre), es evidente que no es previsible que decaiga el protagonismo del presidente Trump en los 28 meses que aún le restan de su segundo mandato constitucional al frente del Gobierno estadounidense. Obviamente, no es lo mismo que pierda las mayorías que actualmente ostenta su partido en ambas cámaras del Congreso a que las mantenga, pero nada hace pensar que abandone el cargo hasta el 20 de enero del 2029, fecha de la toma de posesión de su sucesor o sucesora.

En el primer año de este segundo mandato, el activismo presidencial ha sido febril, desde las deportaciones masivas de migrantes indocumentados hasta el adelgazamiento abrupto del Gobierno federal, pasando por el puñetazo al orden vigente del comercio internacional, el ataque frontal a las políticas de diversidad, igualdad e inclusión o una política exterior expansionista.

Vance y Rubio pueden suceder a Trump, pero no tendrán el mismo impacto

Y, sin embargo, Donald Trump se ha visto incapaz de enfrentar con éxito el gran reto al que en buena parte se debió su triunfo en las últimas elecciones presidenciales, que no es otro que la carestía de la vida. La inflación se desbordó a raíz de la pandemia de covid y no se ha podido reencauzar desde entonces. La anárquica política arancelaria, la laxitud fiscal
–con el déficit y de la deuda desbordados– y el impacto en los precios energéticos de la guerra con Irán han agravado el problema y son en buena parte responsables de la impopularidad del presidente.

Como han apuntado recientemente algunos analistas y observadores, la atención actual del presidente parece desproporcionadamente dirigida a alterar la fisonomía arquitectónica de Washington DC. El polémico salón de baile de la Casa Blanca o el descabellado proyecto de edificar un monumental arco de triunfo que recibiría el nombre del actual presidente ocupan un lugar destacado en las prioridades presidenciales.

El segundo mandato de Donald Trump expira el 20 de enero del 2029; ¿qué pasará después?
El segundo mandato de Donald Trump expira el 20 de enero del 2029; ¿qué pasará después?Nathan Howard / Reuters

Pero es obvio que la herencia política del trumpismo o, si se prefiere, del movimiento MAGA (Make America Great Again), sobrepasan ampliamente los delirios urbanísticos del primer presidente de la historia de Estados Unidos procedente del sector de la construcción. Trump ha aglutinado como nadie antes el nativismo populista norteamericano hasta el punto de erigirse en dueño y señor de uno de los dos grandes partidos tradicionales del país, el Republicano, premiando a quienes le han bailado el agua y castigando sin contemplaciones a quienes han osado oponérsele. Aunque las encuestas revelan una elevada oposición a Trump entre los ciudadanos que se autodefinen como demócratas y también entre los independientes, es de justicia reseñar que aún mantiene un elevado apoyo entre el electorado republicano.

La cuestión no es por tanto quién será el candidato republicano a la presidencia en las elecciones de noviembre del 2028, sino quién heredará los valores y apoyos que ha representado el trumpismo a lo largo de los últimos diez años.

El vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio son los grandes favoritos para alzarse con la nominación republicana en las próximas elecciones presidenciales, pero difícilmente alcanzarán el impacto histórico, ciertamente revolucionario, que está teniendo este primer bienio (2025-2026) del segundo mandato de Donald Trump, ni tampoco el control absoluto sobre el Partido Republicano.

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