Italia prorroga la suspensión del acuerdo de Schengen con España por otros 15 días

Italia y España seguirán controlándose mutuamente las fronteras. Roma prorrogó este miércoles las restricciones a los viajeros procedentes de España, adoptadas hace dos meses por la crisis migratoria de Ceuta, y prolongó así una situación insólita entre los dos principales países mediterráneos de la UE. Pero la salida al pulso podría empezar a dibujarse este jueves en Luxemburgo, donde los ministros europeos de Interior debatirán una respuesta común ante llegadas migratorias repentinas y masivas.

El Ministerio del Interior italiano justificó la decisión por “la situación actual” en la ciudad autónoma española y, “en particular, por la persistencia de las dificultades ya detectadas”. La medida fue adoptada por el ministro Matteo Piantedosi después de consultar al Comité de Análisis para la Inmigración y la Seguridad de las Fronteras.

“El objetivo es reforzar la protección de las fronteras europeas, también como garantía de la seguridad nacional, así como prevenir y combatir posibles amenazas terroristas”, señaló el Ministerio. La decisión supone mantener los controles aleatorios en puertos y aeropuertos italianos a los pasajeros procedentes de España y ha sido comunicada, como las anteriores, a la Comisión Europea y al resto de ministros del Interior de la UE.

La reunión de los ministros europeos de Interior de este jueves podría abrir una vía para desbloquear el pulso entre Roma y Madrid

Los controles fueron introducidos por Italia el 1 de agosto, inmediatamente después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta. España respondió una semana después aplicando por reciprocidad controles a los pasajeros procedentes de Italia y desde entonces ambos países han ido prorrogando sus respectivas medidas. La Comisión Europea registra actualmente los controles españoles en todas las fronteras aéreas y marítimas con Italia como respuesta al riesgo de movimientos secundarios dentro del espacio Schengen.

La medida supone una suspensión del acuerdo de libre circulación ‘Schengen’ en la Unión Europea y, por ello, como en las ocasiones anteriores, ya ha sido comunicada al Ejecutivo comunitario y al resto de ministros del Interior del bloque.

La tensión política aumentó con la anterior prórroga italiana, el pasado 15 de septiembre. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó entonces la decisión de Roma de “vergüenza” y de “medida absurda”.

Por su parte, su homólogo italiano, Antonio Tajani, criticó la respuesta de Madrid de responder con los mismos controles como “inútilmente agresiva”.

Los propios datos italianos, sin embargo, plantean dudas sobre la relación entre los controles y la emergencia que los originó. Hasta el 31 de agosto Italia había identificado a más de 180.000 viajeros procedentes de España, había rechazado la entrada de 31 personas —entre ellas ocho marroquíes— y detenido a otras seis. Según los datos disponibles, ninguna de estas personas había llegado a España a través de Ceuta.

La cuestión podría llegar al Consejo Europeo de octubre, cuando Italia afrontará también el problema de los “dublinantes”

La nueva prórroga era, por tanto, esperada. Pero algo podría empezar a cambiar en las próximas horas. Este jueves se reúne en Luxemburgo el Consejo de Justicia y Asuntos de Interior de la UE. Los ministros analizarán el estado del espacio Schengen y la aplicación del nuevo Pacto de Migración y Asilo, además de discutir cómo reforzar la capacidad europea de alerta y reacción ante situaciones de crisis migratoria.

La reunión llega apenas dos días después de que la Comisión Europea presentara un nuevo plan de acción surgido precisamente tras la crisis de Ceuta. El proyecto pretende mejorar la respuesta europea ante llegadas irregulares repentinas y masivas, reforzando las fronteras exteriores de la UE, los sistemas de alerta temprana y Frontex, además de intensificar la lucha contra las redes de tráfico de migrantes y acelerar los retornos.

Podría ser el argumento que permita desbloquear una situación cada vez más paradójica entre los dos principales países mediterráneos de la Unión: Italia controla a los pasajeros españoles alegando que la crisis de Ceuta puede provocar movimientos secundarios hacia otros países europeos, mientras España controla a los italianos exclusivamente por reciprocidad.

Si no hay avances, el pulso podría trasladarse al siguiente nivel europeo, con la inmigración de nuevo en el centro de las discusiones entre los Veintisiete. Y Roma podría llegar a esa fase en una posición más incómoda por otra cuestión migratoria pendiente: la de los llamados “dublinantes”.

Se trata de solicitantes de asilo que entraron y fueron registrados inicialmente en Italia, pero después se trasladaron a otros países europeos. Según las reglas comunitarias, pueden ser enviados de vuelta al Estado responsable de examinar su solicitud. Italia suspendió durante años buena parte de estos traslados, alegando problemas en su sistema de acogida, una decisión que ha provocado fuertes tensiones con varios socios europeos.

La Comisión Europea advirtió este verano de que todavía no disponía de pruebas suficientes de que los obstáculos que impedían esos traslados hubieran desaparecido y pidió a Roma que eliminara “con carácter prioritario” los impedimentos a las devoluciones desde otros Estados miembros. Bruselas deberá volver a evaluar la situación en octubre

De este modo, la disputa abierta con España por los controles de Schengen puede terminar cruzándose con un problema más delicado para Italia: mientras Roma reclama una mayor protección de las fronteras exteriores europeas para justificar los controles a los viajeros españoles, varios de sus socios le reclaman que cumpla plenamente las reglas comunes y vuelva a aceptar a los solicitantes de asilo que entraron inicialmente por territorio italiano.

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