“Traicionado” por Trump, Zelenski se revuelve contra las exigencias de la Casa Blanca

Volodímir Zelenski no para de recibir puñaladas del que en teoría debería ser su mejor aliado, Donald Trump.

Primero, el anuncio de que EE.UU. iba a volver a comprar diésel ruso; después, la súbita pausa en el intercambio de inteligencia; luego, las limitaciones en la red de satélites Starlink, utilizada por el ejército ucraniano para sus comunicaciones internas.

Esta sucesión de golpes parece haber agotado la paciencia de Zelenski, que ya no se muerde la lengua y se está revolviendo contra la Casa Blanca.

El miércoles, en una entrevista en la televisión británica, se le preguntó si se sentía “traicionado” por el presidente estadounidense, y el líder ucraniano respondió que sí. “Es una pena que estemos perdiendo a un socio fuerte”, dijo.

Zelenski tampoco tuvo reparos en vincular al Gobierno estadounidense con el bloqueo de Starlink, una decisión, aseguró, que “traerá consigo muchas pérdidas humanas”. El propio Elon Musk, propietario de la red de satélites, reconoció el miércoles que detrás de la medida –ya rectificada, según fuentes militares ucranianas– estaba la mano de Trump. “Los sistemas Starshield [la versión militar de Starlink] son propiedad del Gobierno estadounidense y están bajo su control”, afirmó en un mensaje en X.

El enfado de Zelenski es tal que el mandatario ha ordenado retomar los ataques contra las instalaciones petroleras rusas. Todo un desafío a Trump, que lleva días exigiendo el fin de esas operaciones bajo la amenaza de retirar la ayuda militar a Kyiv y que el pasado fin de semana decretó una “tregua energética” para forzar el cambio de escenario.

“El bloqueo [a los ataques contra refinerías] ha terminado. Se acabó”, dijo Zelenski al Financial Times . Dicho y hecho: ayer mismo, las autoridades rusas informaron de un ataque con drones y misiles de crucero contra una refinería en la región de Riazán, a 200 kilómetros de Moscú.

Parece que Zelenski ha llegado a la conclusión de que no tiene nada que perder: la balanza de Trump siempre se inclina hacia el lado de Vladímir Putin; cada medida del republicano es un balón de oxígeno para el Kremlin.

La última: una propuesta para que los países europeos descongelen parte de los activos soberanos rusos inmovilizados tras el estallido de la guerra. La idea, según informaciones del Financial Times , fue lanzada en Miami la semana pasada, durante unas reuniones entre los dos encargados de negociar la paz en nombre de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, y representantes de Ucrania y sus aliados europeos. El plan estadounidense pasaría por transferir los fondos congelados a un nuevo vehículo financiero supervisado por Washington. La Casa Blanca considera que así se allanaría el camino para que Moscú se siente a dialogar con Kyiv.

La propuesta fue recibida con estupor por Ucrania y sus socios continentales, que abogan por la mano dura con Rusia. Ayer, el canciller alemán, Friedrich Merz, subrayó que corresponde a Europa decidir el destino de los activos congelados en el espacio comunitario, valorados en decenas de miles de millones de euros. “Eso es asunto nuestro y somos nosotros quienes decidimos al respecto”, dijo a su llegada a la cumbre de la UE en Bruselas.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, también expresó su perplejidad por los últimos movimientos de la Casa Blanca. “Tenemos, sin duda, un enfoque distinto respecto a la guerra”, sentenció. “Debemos presionar al agresor para que detenga la guerra, no a la víctima para que se rinda”, agregó.

Vladímir Putin y Donald Trump, el 15 de agosto del 2025, en su cumbre en Alaska
Vladímir Putin y Donald Trump, el 15 de agosto del 2025, en su cumbre en AlaskaAndrew Caballero-Reynolds / AFP

Pero será difícil que todas esas palabras hagan mella en Trump, al menos a corto plazo.

El presidente estadounidense está centrado ahora en las elecciones de medio mandato, muy marcadas por el mal rumbo de la economía. El alza de precios del combustible derivado de la guerra de Irán amenaza con pasar factura a los republicanos en las urnas, y Trump cree que el acercamiento con Moscú puede servir para corregir la situación: si el petróleo ruso fluye libremente, piensa, los consumidores enseguida notarán el alivio en sus bolsillos.

Los expertos, sin embargo, cuestionan este razonamiento: las cantidades de diésel ruso liberado anunciadas por Trump –35,8 millones de barriles– equivalen a la demanda interna de EE.UU. de nueve días. Una gota en el océano. 

Hasta el Kremlin reconoce que la medida es insuficiente: ayer, su portavoz, Dimitri Peskov, dijo que la llegada del diésel ruso “tendrá un efecto positivo en la estabilización de los mercados petroleros, aunque no será suficiente para estabilizarlos por completo”.

Que las concesiones a Moscú sirvan para obligar a Putin a negociar la paz también está en duda. Desde que Trump regresó al poder, el autócrata ruso ha rehuido una y otra vez cualquier intentona diplomática. Su objetivo es doblegar a Ucrania, y no va a renunciar a él, porque está convencido de que el tiempo juega a su favor.

Si se consuma la fractura de Washington con Kyiv, desde luego, lo tendrá más fácil.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

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