“En Bangkok, el FMI volvió a la complacencia anterior a la crisis de los tigres en 1997”

La vuelta del FMI y el Banco Mundial al este asiático, en la asamblea que acaba de terminar en Bangkok, tiene una fuerte ironía, dice Kevin Gallagher, director del Centro de Desarrollo Global de la Universidad de Boston y autor de The China triangle. Hace 30 años, los economistas del fondo no previeron la crisis asiática que se extendería desde Tailandia a los otros tigres del este asiático hasta Rusia,  Brasil y, con el colapso de Long Term Capital Management en 1999, a Wall Street. Tampoco advirtieron sobre  el peligro de la burbuja puntocom cuando la liquidez inyectada por la Reserva Federal tras la misma crisis infló las acciones de las nuevas empresas digitales, desde pets.com a Amazon, hasta niveles demenciales.  Ahora, el wishful thinking del  informe de expectativas del FMI repite esta peligrosa “autocomplacencia”, sostiene Gallagher, que ha participado en la reunión en Tailandia. Ya infravalora el daño de las guerras y la crisis energética, así como el peligro de una burbuja en la inteligencia artificial

Kevin Gallagher
Kevin GallagherBOSTON UNIVERSITY

Es extraño el optimismo del FMI, que insiste en la resiliencia de la economía mundial pese a las guerras, la crisis petrolera, las subidas de los precios de los alimentos y las tensiones en el mercado de bonos…

Sí, creo que hablo por muchos de los que han estado en la asamblea de Bangkok cuando digo que allí había dos mundos paralelos. Kristalina Georgieva y Ajay Banga (los respectivos líderes del FMI y del Banco Mundial) hablaban con mucho optimismo sobre el crecimiento. Pero los países asiáticos están sufriendo la subida del precio del petróleo. África también está sufriendo el encarecimiento de los fertilizantes, aunque menos Nigeria y Angola, que son exportadores netos de petróleo. Hay hasta 70 países en desarrollo que están rozando una crisis de deuda. ¿Cuál es la respuesta del FMI? ¡Que la inteligencia artificial los salvará!

¿Crees que el FMI está negando la realidad?

No sé. Pero el año que viene se celebra el 30.º aniversario de la crisis financiera asiática, que comenzó en Bangkok. Y, desde lo que ocurrió entonces, Tailandia nunca ha vuelto a acudir al Fondo Monetario Internacional ni al Banco Mundial, y la mayoría de los países de la región tampoco. Han recibido a ambas instituciones con bastante escepticismo en esta asamblea. Es más, mientras el FMI hablaba de la resiliencia, Bangkok se recuperaba de una inundación  que casi le forzó a cancelar las reuniones apenas una semana antes. 

El FMI salió de Asia tras la crisis de hace 30 años desacreditado por la terapia de choque. ¿Qué tal emerge de esta reunión?

Unas semanas antes de la asamblea, el Consejo del Fondo acordó que, a partir de ahora, la exigencia será que un país que reciba ayuda aplique las reformas según el sistema front-loaded —es decir, al inicio del proceso—. Esto quiere decir la vuelta a la terapia de choque. Así que muchos países en desarrollo llegaron a Bangkok pensando que debería haber algún nuevo instrumento de liquidez a corto plazo para ayudar a superar los apuros provocados por la guerra y las crisis climáticas. Pero el FMI quiere volver a la terapia de choque en el 30.º aniversario de la crisis en la región donde esas políticas de ajuste dejaron tierra arrasada.

El FMI no parece estar muy bien diseñado para prever crisis, ¿verdad?

Mira el informe de expectativas del FMI de 1996. O sea, hace exactamente 30 años, la valoración de la economía mundial se parecía mucho, por su optimismo, a lo que acaban de decir en Bangkok. Espero que esta vez acierten. Pero parece la misma  autocomplacencia…

¿Por qué crees que sesgan su análisis hacia lo positivo?

No sé. Puede ser el pésimo sistema de modelización que usan, que siempre minimiza los riesgos de cola. ¿O tal vez es la presión de los accionistas? Quiero decir que, cuando tu accionista mayoritario ha invadido un país y ha subido tanto los tipos de interés para poder financiar una deuda del 100 % del PIB, pues, tal vez te das cuenta de que, aunque los modelos te indiquen algo, no puedes decirlo así. Incluso cuando tienes el equipo de relaciones públicas mejor pagado del sector. Es decir, creo que hay un bolígrafo rojo que tacha lo que EE. UU. no quiere que se diga. 

La crisis de Asia en 1997 fue el primer golpe al paradigma neoliberal de globalización benigna, dominante desde la caída del muro de Berlín, ¿verdad? El  siguiente golpe fue la crisis de 2008. Y el Consenso de Washington se derrumbaba. Poco a poco, el FMI tuvo que abandonar algunos dogmas, como la liberalización de la cuenta de capitales, incluso la austeridad. Se hizo más receptivo a ideas más heterodoxas, como la política industrial y los controles de capitales. Pero, por lo que dices de la terapia de choque, el FMI aún está diciendo lo mismo…

Diría que el FMI dio pasos importantes a partir de 2010. Aceptó los controles de capital, estableció mínimos para el gasto social y empezó a hablar del cambio climático. Se acercó a una idea de austeridad con cara humana. Pero, con Trump, el FMI vuelve a los años noventa. Es lo que está diciendo Scott Bessent. El año pasado hubo presiones para que EE. UU.  saliera del Fondo. Luego decidieron quedarse y forzar una vuelta a la ortodoxia. Ahora está defendiendo la terapia de choque otra vez. Se ha cerrado el círculo en Bangkok.

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