La ruta 66, esa legendaria y en su día muy transitada carretera que cosió Estados Unidos entre el este y el oeste, parece ahora en ocasiones la ruta de uno.
En este preciso instante, en medio de explotaciones agrarias y ya en territorio de Oklahoma, cuarto estado tras pasar por Illinois, Misuri y Kansas, no hay nadie más. A veces supone una sensación alucinante de soledad y en otras de alivio al ir en paralelo a esas autopistas interestatales que eclipsaron a la carretera madre y que van a tope de camiones a la carrera.
“Hay muchas maneras de votar. Una es en las urnas. Otra es con las armas”, dice Tim en su Corvette
La bienvenida a Tulsa, próxima parada, la da la escultura de la ballena azul de Catoosa, localidad cercana asociada a esta pieza de cartón piedra (24 metros de largo, seis de alto), uno de los iconos de Oklahoma.
Otro símbolo de la ruta es el cartel de neón del motel Desert Hills, punto de llegada en esta jornada, establecimiento construido en 1957 donde se aparca ante la puerta de la habitación.
Desde hace 30 años lo regenta Jack Patel, miembro de una extensa familia con raíces en India cuyos miembros emigraron a EE.UU. y que a mediados del siglo XX se dedicaron a comprar y renovar moteles. Cuentan que no fue fácil porque se encontraron con el boicot racista del “esto huele a curry”.
Este Patel no habla de eso. “Cuando nos hicimos cargo del negocio estaba prácticamente muerto, porque no había tráfico internacional ni siquiera gente de la zona que pasara por aquí. No había nada que ver. Había más tráfico por la gran autopista y los viajeros apenas se detenían a visitar el pueblo”, relata.
“Pero en los últimos cuatro o cinco años ha habido muchas mejoras y se ha revitalizado toda la infraestructura. El estado ha concedido subvenciones para renovar los letreros y fomentar la apertura de más negocios relacionados con la ruta 66”, dice. “En los buenos y en los malos momentos, éramos una familia y nos quedamos aquí, todos juntos”, añade Patel.
De marcha otra vez por la aquí llamada “calle mayor de Estados Unidos”, surge un punto de atracción en Tulsa, el Buck Atom’s Cosmic Curios, tienda que tiene en el exterior unas estatuas de fibra de vidrio de seis metros, que en su día se consideraron lo más avanzado en publicidad exterior.
Tim aparca su vehículo, un Chevy Corvette de 1982, que es como el equivalente en coche a la Harley en moto. Vecino de Arlington (Texas), se compró el Corvette el pasado año para hacer la ruta de Chicago a Los Angeles. Ahora repite, en sentido inverso. “Es un coche clásico que me lo quería comprar desde que tenía ocho años”, confiesa.
“El viaje es una oportunidad para desconectar. Creo que hay mucha buena gente en este país y a lo largo de esta ruta. Y si te paras a hablar, te das cuenta de que, en el fondo, todos somos bastante iguales. Lo que está pasando en el país realmente no afecta a la gente de a pie. Hay muchos políticos y toda esa mierda en Washington a los que, en realidad, no les importa la gente de aquí abajo”, lamenta.
“No me gustan los políticos. Son todos unos corruptos. No me fío de ninguno”, matiza. Dice que Trump prometió mucho y no cumple. “Aunque estamos involucrados en menos guerras, los precios suben y la gente se ha de buscar un trabajo extra para hacer frente a la situación”, indica.
A sus 50 años, programador en una compañía aeroespacial (no da nombre), asegura que desde los 18 años no ha votado.
“Hay muchas maneras de votar. Una es en las urnas. Otra es con las armas, ¿no? Y otra es con tu dinero. Supongo que, si vas a hacer un viaje largo, puedes elegir hacerlo o no. Y, sinceramente, quedarse sentado protestando por cosas que escapan a tu control me parece una actitud bastante ignorante”, apostilla.
“Este hombre [Trump] está claramente bastante trastornado, físicamente muy deteriorado. Nunca fue un hombre inteligente”, opina el autor de ‘Route 66: The mother road’
Circulando por esta ciudad, jalonada por mojones de la ruta 66, se llega al Sophian Plaza, edificio noble de 1926, de estilo neorrenacentista italiano, que es donde residen Michael Wallis y su esposa Suzanne, unos anfitriones para los que la palabra acogedores se queda pobre.
Wallis, escritor y periodista de 81 años, y una vida de aventuras, publicó en 1990 el libro Route 66: The mother road, título que marca el renacimiento de la carretera más famosa del mundo. Tanto que, según Wallis, representantes del gobierno chino le visitaron porque estaban trabajando con tres universidades de su país y le explicaron que querían llevarlo a China para asesorarlos en la construcción de una ruta 66.
“Los chinos son muy buenos copiando e imitando modelos. Pero les contesté que eso es imposible, que podían reproducir una carretera, pero que no podían recrear una cultura de ruta con toda esta historia”, subraya.
Su libro sirvió de base para la película de animación Cars , de la factoría Pixar. Fue él quien hizo de guía por el trazado a los directores Johnn Lasseter y Joe Ranft, quienes se lo premiaron haciendo que pusiera la voz al coche que ejerce de sheriff.
Nació en San Luis. “Aprendí a conducir en esta carretera. Mi primer coche se incendió en esta ruta, en Pacific (Misuri). Iba a autocines cuando era estudiante y también cuando era marine. Recorrí la 66 haciendo autostop. La conocía a la perfección. He vivido en siete de los ocho estados por los que atraviesa, solo me falta Kansas”, recopila.
Habla de las reencarnaciones de esta carretera, desde un inicio esperanzador, a la pobreza después del crack bursátil de 1929 o la época dorada en la postguerra y su “sentencia de muerte” que firmó el presidente Eisenhower al impulsar el plan de autopistas en 1955.
Sin olvidar una cosa: “Hay que contar la historia completa, sin omitir nada. No puedes andarte con paños calientes. No puedes idealizarla ni edulcorarla. A veces, la carretera madre fue y puede seguir siendo una madre maltratadora”.
En su casa cuelga la foto del documento firmado por el presidente Joe Biden nombrándolo comisionado del centenario. A pesar de Trump, eso ha seguido su curso gracias a un acuerdo bipartidista.
“Deploro lo que le ha ocurrido a mi país, es increíble”, critica en alusión al actual presidente. “Este hombre está claramente bastante trastornado, físicamente muy deteriorado. Nunca fue un hombre inteligente. Para empezar, todo era humo y espejos. No era un buen empresario. Era un farsante. No era capaz de mantener abierto ni siquiera un casino”, afirma.
Toca volver a la carretera.
