El regreso de María Corina Machado dinamiza la escena política en Venezuela

“Estoy aquí con ustedes”. Con este mensaje, María Corina Machado anunció su regreso a Venezuela tras permanecer casi diez meses fuera del país y superar ocho intentos fallidos de retorno.

Minutos después, la dirigente reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, cerca de Barquisimeto, a unos 450 kilómetros de Caracas. Allí, numerosos vecinos de las zonas aledañas acudieron a su encuentro, reviviendo las escenas de emotividad y movilización que caracterizaron sus recorridos durante la campaña electoral del 2024.

Machado llevaba casi dos años sin contacto con la gente tras una clandestinidad que comenzó poco después de las presidenciales de julio del 2024. En diciembre del 2025 logró salir de manera clandestina y apareció en Oslo para recibir el Nobel de la Paz.

Su vuelta coincide con la finalización de la tercera ronda de la mesa de diálogo entre el chavismo y la Asamblea Nacional de 2015, así como con el inicio de las conversaciones sobre garantías políticas, que no habían dejado señales concretas de avance.

Pero una vez en Venezuela, las expectativas parecen estar cambiando. Su presencia obliga a una reconfiguración de cómo se entiende la política en Venezuela. “Las preguntas que hay que hacer incluyen ¿cómo funciona la mesa de negociación con María Corina en el terreno?, ¿cómo funciona la relación con el encargado de negocios de EE.UU.? Imagino que ella va a significar su llegada, explicará lo que pueda explicar y es lógico pensar que va a recorrer el país, organizar su partido, sus aliados y esa es una fuente directa de desestabilización”, dice el analista Edgard Gutiérrez.

Machado se mantiene como la figura mejor valorada del país, con más de un 60% de aprobación

No hay duda de que la llegada de Machado tiene un fuerte componente emocional que la líder opositora deberá gestionar para que no termine en frustración. “Su regreso puede alterar los incentivos y las relaciones de poder entre el Gobierno, la oposición y EE.UU. y abre interrogantes sobre la capacidad de movilización ciudadana, la coordinación opositora, el futuro de las negociaciones y las garantías para el ejercicio de la actividad política”, señala Benigno Alarcón, socio director de Polis Consultores.

Aunque todavía está por verse si este retorno se traducirá en un avance real hacia la democratización, se trata del hecho más relevante de la política venezolana reciente. Según los estudios de opinión, Machado se mantiene como la figura mejor valorada del país, con más de un 60% de aprobación y una notable capacidad de convocatoria en las calles que se vio de manifiesto durante el recorrido que la trajo de Barquisimeto a Caracas con múltiples paradas en sitios donde la gente la esperaba.

La llegada de Machado ha dinamizado el tablero político venezolano. Desde el gobierno, tanto Delcy Rodríguez como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, calificaron su llegada como un show. La presidenta interina señaló que pudo evitarse y recordó que “ahí están los aeropuertos”, confirmando que la llegada de la premio Nobel habría ocurrido atravesando la frontera por vía terrestre y poniendo en duda la hipótesis de que haya sido acordado con el poder venezolano.

La onda expansiva también se sintió en Washington, donde el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, dijo que EE.UU. estuvo detrás de la jugada y presionó para que el Gobierno venezolano lo aceptara. “Hace semanas, y me refiero a muchas semanas, hablamos con las autoridades interinas y les dijimos que nuestra expectativa era que ella, como venezolana, pudiera regresar a su país (…) sin ser molestada y sin tener ningún problema”.

Washington insistió en que mantiene un papel determinante en las conversaciones sobre el futuro político de Venezuela y descartó que el proceso se prolongue durante años. “Eso no va a ocurrir”, enfatizó Marco Rubio.

Washington mantiene un papel determinante en las conversaciones sobre el futuro político de Venezuela

El plan trazado por la Administración estadounidense establece una secuencia institucional dividida en etapas fijadas en el calendario para concretar la renovación del Poder Judicial y Electoral. La propuesta prevé la aplicación de los mecanismos constitucionales para la convocatoria a urnas con una declaración de ausencia absoluta en la presidencia, lo que abriría un plazo de seis meses para convocar elecciones durante el 2027, según las proyecciones.

Sin embargo, el propio Rubio ha recordado que la instancia de la Mesa de Diálogo debe ser respetada por todos los actores y eso incluye a la propia Machado, cuyo margen de acción para convocar manifestaciones y presionar en las calles con la exigencia de un cronograma electoral pudiera estar limitado por los propios EE.UU. El jueves será cuando la líder opositora explique cuál es su plan de acción una vez dentro del territorio venezolano.

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