
La narrativa ya estaba hecha, y tendría lecciones globales. El tsunami de derecha radical era imparable y las grandes metrópolis del sureste -São Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte- serían arrasadas. Solo el subsidiado Nordeste, anclado en el pasado y el asistencialismo, seguiría apostando por el Partido de los Trabajadores e incluso alli Lula perdía apoyo. Una nueva clase de autónomos uberizados y evangélicos inspirados por la teología de la prosperidad, encabezaría la reacción contra Luiz Inácio Lula da Silva. Flávio Bolsonaro sería el último escudero del proyecto de Donald Trump de dominar el hemisferio.
Pero llegó el 25 de octubre y no fue así, sino todo lo contrario.
La ola antibolsonarista que arrasó Brasil el pasado domingo y que llevó a Lula a una histórica cuarta victoria electoral ocurrió en todo el país, con la excepción del sur gaúcho. Lula ganó por 4,4 millones de votos tras perder por dos millones en la primera vuelta y muchos de los nuevos votantes estaban en las ciudades más importantes. En São Paulo —con nada menos que 22 millones de habitantes en su área metropolitana más amplia—, el voto a Lula subió del 47% al 55%. Incluso en todo el estado de São Paulo, incluido el interior conservador, con 45 millones de habitantes, Lula sumó 2,5 millones de votos a su total, el doble que Flávio.
En Río, donde la familia bolsonarista tenía su base política y de negocios, el PT ganó por primera vez en una década. En Minas Gerais, el estado que siempre elige al ganador, Lula convirtió la derrota de principios de mes, en victoria con Belo Horizonte al frente. En todo el sureste, el núcleo del poder económico con 90 millones de habitantes, el PT logró su mejor resultado desde los años dorados del lulismo en la primera década del siglo.
Esta es la gran diferencia con las elecciones de 2022. Entonces, la victoria del frente amplio de izquierda y centro se debió única y exclusivamente a los votantes del Nordeste, Salvador de Bahía, Recife, Natal, cuyo apego histórico a Lula —nacido hace 81 años en un pueblo del interior de Pernambuco, al sur de Recife— salvó la democracia brasileña. Esta vez, todo el país se ha movilizado contra la derecha radical. Pese a la polarización entre antibolsonarismo y antipetismo (contra el PT), Brasil está más unificado territorialmente tras estas elecciones, con la excepción, eso sí, del sur profundo, blanco y conservador
Lula subió en todo el país menos en el sur profundo, blanco y conservador”
Mucho se explica por el susto que dio el resultado de la primera vuelta. Millones de votantes que se habían quedado en casa en la primera vuelta —sobre todo jóvenes y viejos— acudieron a las urnas el pasado domingo pese a las dificultades por el sabotaje bolsonarista a los medios de transporte en ciudades como São Paulo y Salvador de Bahía. La abstención cayó del 21 al 19%.
Las espectaculares manifestaciones lulistas en las grandes ciudades, São Paulo, Recife, Río, Belo Horizonte, impulsaron la histórica virada (cambio de sentido). Todo empezó el día después de la derrota de Lula, en la primera vuelta, cuando miles de estudiantes salieron a la calle desde la Universidad Federal Fluminense (UFF), al otro lado del largo puente que cruza la bahía de Guanabara desde Río.
El día siguiente, medio millón o más, principalmente jóvenes, desfilaron por la Avenida Paulista con gorras rojas y pancartas caseras. “Fue la manifestación más grande que he visto desde las protestas contra la dictadura en 1984”, dijo el veterano periodista Juca Kfouri durante un almuerzo en São Paulo.
“El giro favorable a Lula en las grandes ciudades, incluso en el Sudeste, era el resultado de una sinergia entre los movimientos sociales tradicionales —estudiantes y sindicatos— y las redes sociales, que ampliaron la repercusión de las manifestaciones en la calle”, dijo Mayra Goulart, de la UFF. André Janones, el lince de las redes sociales, se considera ya la figura clave tras reclutar a nada menos que diez millones de activistas digitales a su llamado Ejército de Lula.
No es casualidad que Lula, en su discurso de victoria en São Paulo, estuviera rodeado de jóvenes dotados —influencers de la izquierda y del propio Janones—. La frase que circula sobre la fórmula de la victoria es: Na rua e na rede, “en la calle y en la red”. “Esta es la lección para otros países”, añadió Goulart. Según el medio brasileño Metropoles, hay interés en la Moncloa en llevar a Janones a España para explicar la fórmula de la rua y la rede a la campaña de Pedro Sánchez
“La lección para otros países es la movilización en la calle amplificada en redes sociales”
Para explicar este resultado es mucho menos importante la hendidura territorial norte-sureste. “Estábamos a punto de perder la democracia y caer en manos de un candidato aliado con el crimen organizado y esto movilizó a gente en todo el país”, explicó Duval Albuquerque, el autor del libro A invenção do Nordeste, “Muchos han votado por Lula de forma pragmática y no por identidad ideológica”.
A diferencia de las elecciones de 2022, cuando el centro se unió a Lula, los candidatos de la llamada tercera vía se subieron al carro bolsonarista tras la primera vuelta. Fue un error. El mayor aumento del voto de Lula se produjo en el estado de Goiás, donde el gobernador y candidato Ronaldo Caiado apoyó a Flávio Bolsonaro.
En São Paulo hay indicios de que incluso votantes de Tarcísio de Freitas, el gobernador del estado más poblado y rico del país, cambiaron a Lula. De Freitas, que logró la reelección con más del 60% de los votos, emerge como el nuevo líder de la oposición conservadora. Pero, con el bolsonarismo ya muerto y Flávio en Miami, De Freitas puede arrepentirse de su acercamiento oportunista a Jair y a su hijo, con el que pasó la noche electoral.
