
La presencia de Serguey Lavrov, titular de la cartera rusa de Exteriores, en la cumbre del G20 de Atlanta (Georgia), ha impedido que los representantes de las veinte economías más importantes del mundo se hicieran la tradicional foto de familia. La razón, las reticencias y la incomodidad que para algunos miembros del club, en especial los representantes de los países europeos, implicaba aparecer junto a Lavrov.
El encuentro de Atlanta, que durará hasta el sábado, tiene como anfitrión al responsable de la política exterior estadounidense, Marco Rubio, que ha imprimido al encuentro el vacilante rumbo de la política exterior de la Casa Blanca. La invitación del titular ruso de Exteriores al acto, supone una ruptura con los encuentros de los últimos años, de los que Rusia había estado hasta ahora ausente.
La cumbre de Exteriores es preparatoria de la reunión de jefes de Estado prevista para mediados de diciembre, que será presidida por Donald Trump y celebrada en un club de golf. El titular de la Casa Blanca ha acabado por imponer sus simpatías hacia Vladimir Putin y una visión ‘business oriented’ de las negociaciones que ambos países mantienen sobre el futuro de Ucrania, víctima de la agresión de Rusia. Su trato de complicidad hacia el inquilino del Kremlin ha permitido al ruso salir del ostracismo en el que se encontraba desde el inicio del conflicto, en febrero de 2022.
En este contexto, Trump ha invitado a Vladimir Putin a la cumbre de Florida, lo que sería una verdadera novedad en relación la presencia del ruso en un encuentro institucional en un país occidental. Putin, no obstante, no ha confirmado su presencia.
Justamente el viernes, Marco Rubio ha pedido a los asistentes que busquen un marco de cooperación que permita encontrar una salida a los conflictos que en estos momentos más preocupan a la comunidad internacional, que además del de Ucrania son la situación de guerra que mantiene la primera potencia con Irán por el estrecho de Ormuz, y las consecuencias de esta pugna en los precios del petróleo.
El G20 reúne a las principales economías del mundo (Estados Unidos, China, la India, Japón, Francia y Brasil), además de Rusia. Sin embargo, este foro se muestra dividido respecto a los grandes asuntos mencionados.
En Ucrania, las conversaciones permanecen estancadas desde principios de año. Podría celebrarse una reunión entre rusos, ucranianos y estadounidenses en noviembre, en los Emiratos Árabes Unidos, con el fin de reactivar los esfuerzos de paz, No obstante, Washington aún no ha confirmado este encuentro.
La administración Trump, que ostenta la actual presidencia del G20 antes de ceder el relevo al Reino Unido, considera que este foro se ha desviado de sus objetivos iniciales. Por ello, se ha centrado en «reorientar» el G20, argumentando que la seguridad global y la prosperidad económica «son indisociables». En Atlanta, «los debates abordarán los desafíos relacionados con la energía y la cadena de suministro, además de identificar formas de afrontar colectivamente el impacto de las tensiones geopolíticas en la seguridad económica», explicó un funcionario del Departamento de Estado.
Asimismo, ha subrayado la importancia del acceso a la energía —indispensable para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial— y destacó una «determinación común para hacer frente a crisis urgentes y mantener abiertas las rutas marítimas esenciales para el comercio, sin amenazas ni peajes».
No se espera una «declaración final» consensuada entre los países, sino más bien unas «conclusiones» por parte de la presidencia estadounidense.
Según el *Wall Street Journal*, Estados Unidos ha pedido a varios países del Golfo que se preparen para una campaña breve e intensa tras las elecciones estadounidenses, previstas para el 3 de noviembre. «Quizás llevemos a cabo otro pequeño “Epic Fury”», declaró el presidente estadounidense la semana pasada, en referencia al nombre de la ofensiva militar de Estados Unidos en Irán que comenzó el 28 de febrero.
Francia, que este año preside el G7, está representada por su ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, mientras que China participa a través de su viceministro de Asuntos Exteriores, Ma Zhaoxu.
Una gran ausente es Sudáfrica, país que ha sido duramente criticado por Washington, desde donde se le reprocha una supuesta persecución contra los descendientes de los colonos blancos europeos: los afrikáneres.
Por otro lado, Washington ha invitado a Polonia, con el deseo de que el país se convierta en miembro de pleno derecho.
Los observadores estarán atentos a cualquier contacto entre el Sr. Rubio y su homólogo brasileño, Mauro Vieira, dado que Estados Unidos ha acogido en su territorio a Flavio Bolsonaro, quien se encuentra huido tras la derrota en las elecciones presidenciales del domingo frente al presidente Lula.
