Después de un intenso cortejo, la Unión Europea y Canadá se prometieron ayer que su relación iba en serio y se emplazaron a verse de nuevo el 2027 para firmar el acta matrimonial. Las dos potencias alcanzaron ayer una declaración conjunta, llamada “alianza del futuro” en la que señalaban su “asociación cada vez estrecha” y se comprometían a definirla en los próximos meses, un movimiento arriesgado que podría irritar al presidente vecino, Donald Trump, con quien Canadá no atraviesa su mejor etapa.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no tira la toalla e insiste en que esta acta matrimonial debe implicar que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. También el primer ministro canadiense, Mark Carney, está a favor de esta idea y aseguró que trabajarán “para lograr la cooperación más estrecha posible, sin llegar a la adhesión, que no es viable debido a nuestra situación geográfica, con el fin de convertir a Canadá en el primer miembro asociado de la UE”.
Carney bendice la idea de Von der Leyen de convertirse en el primer “miembro asociado”
El premier canadiense informó que en los próximos meses determinarán la “sustancia completa, la escala y el alcance” de este nuevo tipo de membresía y lanzó incluso un ambicioso calendario político: en marzo, el Colegio de Comisarios europeo y el Gobierno federal canadiense se reunirán en Canadá y, en junio, el primer ministro participará en la cumbre del Consejo Europeo por invitación de su presidente, António Costa. “Nuestra relación es tan especial que queremos crear algo nuevo: ir más allá de una simple asociación, abarcando todo salvo la adhesión plena a la UE”, aseguró el portugués en una comparecencia conjunta.
Von der Leyen pretendía indicar ya este posible futuro estatus en la declaración final de la cumbre, pero su planteamiento fue tumbado por algunos países comunitarios, comenzando por su Alemania natal, que obligaron a modificar su redactado. El canciller Friedrich Merz, con quien mantiene una relación compleja, pareció desafiarla al apoyar en las redes la “alianza para el futuro” con Canadá sin nombrar el concepto de miembro asociado, pero la líder comunitaria reiteró que “aunque el concepto es terreno desconocido”, tienen la “ambición, confianza y creatividad para darle forma juntos”. “Y para ser clara”, apuntó, “es una asociación que no va contra nadie, sino a favor de nuestra fuerza común”, sostuvo, sin mencionar a Trump, el elefante en la habitación.
Además de los compromisos políticos, Von der Leyen, Costa y sus comisarios, junto con representantes del Gobierno federal canadiense, firmaron una serie de pactos para profundizar la colaboración económica en áreas clave como el comercio digital, las cadenas de suministro de materias primas críticas, la transición energética o la investigación tecnológica avanzada.
Por ejemplo, mientras ambas potencias buscan reducir sus dependencias de China o EE.UU., se aliaron para crear reservas de materias primas críticas para garantizar el suministro a sus industrias, o a desplegar las explotaciones de estos minerales con la colaboración del Banco Europeo de Inversión.
También se comprometieron a realizar un estudio de viabilidad a largo plazo para enviar gas a territorio europeo, a reducir las barreras bilaterales para el comercio digital o a la integración de Canadá en la empresa común de computación de alto rendimiento europea. Ottawa promete asimismo participar en el multimillonario préstamo europeo para Ucrania con 500 millones de euros.
