“Crear dos, tres, muchos Vietnam”, aunque sean capitalistas

Un mensaje del Che publicado en La Habana, en que instaba a “crear dos, tres, muchos Vietnam”, marcó a toda una generación. Sesenta años después, el Partido Comunista de Cuba le ha dado un giro capitalista a la consigna, en aras de su propia supervivencia. Su secretario general, Miguel Díaz-Canel, quiere volver a emular a sus camaradas vietnamitas, pero no en sus sacrificios revolucionarios, sino en su voraginosa “economía de mercado de orientación socialista”. Un eufemismo. 

Entre el 17 y el 18 de junio, el Comité Central y la Asamblea Nacional cubana aprobaron una batería de 176 medidas,  en la apertura económica más profunda en muchas décadas. “Urgentes y necesarias” y con las reformas chinas y vietnamitas explícitamente citadas como referente.  “Pero es como ponerle un empaste a una muela que ya está perdida”, opina un cubano con años de residencia en Vietnam y que pide el anonimato. 

“Da rabia, porque los máximos dirigentes de Vietnam llevaban años animando a que se adoptaran reformas, en sus visitas amistosas a Cuba”.  Según este observador, “lo hicieron en el 2018 en la Universidad de La Habana, cuando la situación era mucho más favorable. Y hace un par de años lo hizo el actual secretario general, To Lam, en el Hotel Nacional. Pero solo les han hecho caso a destiempo y bajo la presión del enemigo”. 

El pasado fin de semana, el propio canciller vietnamita, Le Hoai Trung, respaldó expresamente en La Habana el giro económico, supuestamente inspirado en el Doi Moi, la “renovación” que arrancó en Vietnam en el lejano 1986. Al fin y al cabo, una  perestroika sin glasnost, con la que el Partido Comunista de Vietnam (PCV) -como el de China- logró eludir el destino de la URSS. Esta es, evidentemente, la parte que más interesa a Díaz-Canel. 

Aunque este también mencionó el modelo de Pekín, el de Hanoi es el verdadero referente, por una cuestión de escala y de experiencia histórica. Vietnam mantiene con Cuba una relación más estrecha y fraterna que con cualquier otro país de lengua hispana. De hecho, la inversión vietnamita en la isla es incluso superior a la china y en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM) hay empresas 100% de su propiedad.

Motoristas de reparto de comida a domicilio, de la aplicación Grab, hacen cola frente a una bollería muy solicitada de Hanoi, este jueves 
Motoristas de reparto de comida a domicilio, de la aplicación Grab, hacen cola frente a una bollería muy solicitada de Hanoi, este jueves LUONG THAI LINH / EFE

En casa, los resultados del Doi Moi, que empezó por la agricultura y luego fue extendiéndose, saltan a la vista. La economía vietnamita va como una moto y el año pasado creció un 8%, más que cualquier otro país. En cuarenta años, la renta per cápita de los vietnamitas se ha multiplicado por quince y el tamaño de su economía todavía más. A finales de esta década, la economía de Vietnam se convertirá en la segunda del sudeste asiático, por encima de Tailandia. Antes aún, este mismo año, la renta de los vietnamitas superará a la de los tailandeses en paridad de poder adquisitivo.

Pero intentar replicar recetas cuando las condiciones son muy distintas no garantiza un mismo resultado. Asimismo, la Cuba de hoy en día no es el Vietnam que estrenó el Doi Moi -ni tampoco el de ahora- sino una sociedad tan envejecida como Europa.

Además, el éxito vietnamita depende de las exportaciones, cuando Cuba ya ni siquiera tiene excedente de azúcar. Más aún, el primer mercado de Vietnam (30%) son los EE.UU.. País que retiró su bloqueo económico sobre Vietnam -que además nunca afectó a terceros países- en 1994. En cambio, el embargo sobre Cuba no solo se ha extremado con Donald Trump, sino que va directamente a la yugular con su bloqueo ilegal a la llegada de combustible a la isla. Los donativos de paneles solares chinos no bastan para compensarlo ni de lejos. Los envíos de arroz vietnamita, tampoco. 

”Hay un parón de la producción”, reconoce el cubano del principio. Este se suma al desabastecimiento porque los productos del campo no encuentran medios de transporte. Hasta el diario Granma reconoce ya apagones cotidianos de veinte horas. De cuarenta horas en algunos sitios. 

“En estas condiciones, prácticamente todas las medidas aprobadas son inaplicables”, dice la misma voz cubana, “y otras son inconstitucionales, como se verá . Pero da igual, porque EE.UU. no quiere arreglo alguno. Lo que exige es una capitulación o, de lo contrario, un hundimiento que a sus ojos ampare una intervención ‘por motivos humanitarios’”. 

En este sentido, “EE.UU. ha ido cortando todas las vías de oxigenación y, aunque lo parezca, aún no se ha tocado fondo. Donald Trump quiere llevar a la población cubana a la desesperación, a una manifestación masiva, aunque se detecta falta de liderazgo y los hombres evitan hasta el enfrentamiento verbal. Los cacerolazos son cosa de mujeres. Pero ya se verá qué pasa el 26 de julio, aniversario del asalto al cuartel de Moncada”. 

8% y subiendo

Vietnam fue el país que más creció en 2025

Tras la sangrienta guerra, EE.UU. mantuvo un bloqueo económico sobre Vietnam durante veinte años, que nunca fue tan estricto como el aplicado a Cuba, ya que no afectaba a terceros países. Luego llegaron las inversiones, aunque EE.UU. sea  un enano en comparación con Corea del Sur y ni siquiera esté entre los diez primeros inversores, pese a la retórica de deslocalización de China. 

En cualquier caso, lo primero que necesita cualquier industria es energía, de la que ahora anda muy escasa Cuba por la pérdida de su aliado venezolano, que se suma al embargo estadounidense de combustible. El gobierno de Vietnam, además, no tiene una Miami hostil en frente. Tiene a China. Y el Secretario de Estado de EE.UU. es oriundo de Cuba, no del Vietnam del Sur. 

Por mucha profesión de fraternidad, ni las condiciones, ni la geografía, ni las sociedades son las mismas. Hanoi y no digamos Ciudad Ho Chi Minh son hormigueros de dinamismo, muy alejado de la languidez de la vida caribeña. “¿Un giro vietnamita? Esto es un giro cubano, cubano”, ironiza un diplomático extranjero en La Habana .

El ministro de Exteriores de Vietnam, Le Hoai Trung, junto al presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Fernando González Llort, frente al monumento a Ho Chi Minh, el lunes pasado en La Habana
El ministro de Exteriores de Vietnam, Le Hoai Trung, junto al presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Fernando González Llort, frente al monumento a Ho Chi Minh, el lunes pasado en La HabanaErnesto Mastrascusa / EFE

Hermanos pero no primos

La fraternidad vietnamita evita molestar a EE.UU., su primer mercado

La amistad entre Cuba y Vietnam, forjada en su lucha antiimperialista, ha superado la prueba del tiempo. Fidel Castro fue el único jefe de Estado que visitó Vietnam antes incluso de que terminara la guerra, en 1973 (las tropas de combate estadounidense acababan de ser evacuadas). Se adentró además en el primer pedazo liberado de Vietnam del Sur, en Dong Ha. Allí inauguró el gobierno vietnamita su única estatua al comandante cubano, en 2018. Lejos, muy lejos de consulados y embajadas. José Martí, en cambio, tiene monumento en Hanoi, como Ho Chi Minh lo tiene en La Habana. 

“El Secretario General del PCV, ​To Lam, es un dirigente de la vieja escuela, de formación marxista, que estudió en la URSS. Pero no irá contra EE.UU.. Por eso ninguna organización de solidaridad con Cuba se atreve a pedir autorización para una manifestación en Hanoi frente a la embajada de EE.UU.. Sería impensable que se la dieran porque los americanos son su primer mercado”, reconoce una residente cubana. “En Cuba más de un dirigente puede que sueñe con pasar de comunista a accionista”, añade, “como hicieron los del KGB en las repúblicas exsoviéticas. ¿Es que no se dan cuenta de que tienen enfrente [literalmente, en Miami] a Marco Rubio y Donald Trump?”

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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