Estados Unidos e Irán han retomado las hostilidades, el precio del barril de Brent ha vuelto a aumentar hasta los 95 dólares y, seis meses después, la interrumpida diplomacia no permite atisbar un fin pronto a la guerra. Sin embargo, por primera vez desde que comenzó el conflicto, Washington está siendo capaz de escoltar de manera efectiva buques comerciales a través del estrecho de Ormuz, por donde antes del 28 de febrero circulaba una quinta parte del crudo mundial.
El martes, el ejército estadounidense acompañó a 40 buques comerciales que transportaban 18 millones de barriles de petróleo a través de este cuello de botella, según una exclusiva de la CNN, que va en la línea de la versión oficial del secretario de Energía, Chris Wright. Antes de que el presidente Donald Trump ordenara el inicio de la campaña militar conjunta con Israel, atravesaban el estrecho alrededor de 20 millones de barriles de petróleo al día de media.
El récord de tráfico marítimo en tiempos de guerra no significa, ni mucho menos, una vuelta a la normalidad. EE.UU. utilizó una combinación de recursos aéreos, marítimos y espaciales para llevar a cabo la operación, que se enfocó en atacar las capacidades de Irán de amenazar buques comerciales en el estrecho, así como en repeler oleadas de ataques con drones. Concretamente, el martes atacó unos 60 objetivos militares alrededor del estrecho.
Además, según explicaron funcionarios a la CNN, el Pentágono también neutralizó una serie de misiles de crucero antibuque durante la operación de escolta. En paralelo, EE.UU. atacó el domingo y durante la semana objetivos civiles, pero también militares situados en Ormuz, como las islas de Larak, Qeshm y Sirik, así como las ciudades portuarias al sur de Irán de Bandar Abbas y Chabahar, entre otras. Según el Comando Central de EE.UU. (Centcom), estos lugares están siendo utilizades como bases para el lanzamiento de misiles hacia el estrecho.
Trump tantea bautizar el estrecho de Ormuz con su nombre tras celebrar que EE.UU. ya “tiene el control” de esta vía
Ante el éxito de la misión en la última semana, Trump se ha envalentonado y, si lleva semanas diciendo que Washington “tiene el control” de un estrecho de Ormuz desminado, en los últimos días ha tanteado la idea de renombrarlo como “estrecho de Trump”, en un gesto expansionista parecido a sus bautizos del golfo de México y el lago Ontario.
Sin embargo, la realidad es que Teherán mantiene su capacidad de ataque en el estrecho, a pesar de que se ha degradado su arsenal militar, pues los drones que está usando son de muy bajo coste y están siendo interceptados por costosos misiles antiaéreos del Pentágono. Eso implica que, aunque el bloqueo naval de EE.UU. sea efectivo, será complejo sostenerlo en el tiempo sin un fin diplomático a las hostilidades o una rendición de Irán.
Con el paso de los seis meses, cinco y medio más de los que Trump dijo inicialmente que iba a durar la guerra, el presidente ha ido abandonando sus objetivos declarados, como el cambio de régimen en Irán, la eliminación de su programa nuclear y la desfinanciación de las milicias islamistas aliadas. Toda la atención del inquilino de la Casa Blanca ha estado centrada en reabrir Ormuz, lo que en si mismo supone una derrota estratégica, puesto que el estrecho permitía la libre circulación de buques antes del conflicto.
Para que EE.UU. pueda celebrar abiertamente la vuelta a la normalidad en el estrecho, deberá calmar los temores de las compañías navieras, que siguen recelosas de circular a través de Ormuz. Estas empresas están decidiendo por ahora, buque a buque, si vale la pena asumir el riesgo, lo que ha reducido enormemente la oferta y ha disparado el precio de contratar un petrolero para atravesar el estrecho, alrededor de los 500.000 dólares al día.
Desde el despacho oval, Trump celebró el miércoles que Teherán tiene cada vez menos capacidad para prevenir e interceptar los ataques de EE.UU. “Estaban intentando ver los barcos”, dijo desde el despacho oval. “Pero no pudieron verlos, porque no tienen radares, los hicimos volar por los aires, y anoche destruimos mucho más que sus radares”.
