El acuerdo con Irán pone a prueba la capacidad de Trump de contener a Netanyahu

Washington y Tel Aviv se embarcaron hace casi cuatro meses en una intensa campaña militar conjunta contra Irán. Los dos países, que mantienen una de las alianzas más estables del mundo, parecían en un inicio alineados en cuanto a los objetivos: lograr un cambio de régimen para que se instalara en el país persa un gobierno más afín a sus intereses, que renunciara al programa nuclear, desfinanciara a las milicias aliadas de Teherán en la región y abriera el grifo del petróleo hacia Estados Unidos.

Sin embargo, pronto la Casa Blanca abandonó el discurso del cambio de régimen, al constatar que este solo sería posible mediante una invasión terrestre, una estrategia cuyo riesgo el presidente Donald Trump no estaba dispuesto a asumir. Fue la primera brecha abierta entre los dos aliados en este costoso conflicto, impopular en EE.UU., que ha puesto a prueba las relaciones entre ambos países.

En las últimas semanas, Washington y Tel Aviv se han lanzado una serie de acusaciones cruzadas inéditas para esta administración estadounidense, aunque frecuentes durante el mandato de Joe Biden. La tensión ha crecido especialmente después de conocerse el contenido del memorando de entendimiento de 14 puntos firmado por EE.UU. e Irán, que no solo prevé inmensas reparaciones de guerra para Teherán (un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares) y el levantamiento de sanciones, también contempla la paz en toda la región, incluido el conflicto entre Israel y Hizbulah en Líbano.

El Ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, del sector ultraortodoxo del gobierno de coalición de Beniamin Netanyahu, declaró que Israel no se consideraba exigido por un acuerdo del que no es una parte firmante. “¡Israel no está subordinado a EE.UU. y somos una nación independiente y soberana!”, afirmó Ben Gvir a través de la red social X: “El acuerdo de Trump no nos obliga a nada”

En la madrugada del viernes, Tel Aviv lo ha demostrado lanzando una gran oleada de ataques en Líbano, que ha resultado en al menos 27 muertos, hecho que ha llevado a la delegación iraní a suspender la primera ronda de diálogo este viernes en Suiza tras el acuerdo preliminar firmado con EE.UU. Finalmente, Washington ha mediado y ha anunciado que Israel y Hizbulah han alcanzado un nuevo acuerdo de alto el fuego, aunque Tel Aviv ya ha incumplido en el pasado este tipo de pactos.

Este nuevo acuerdo pondrá a prueba la capacidad de Trump de contener a Netanyahu, empujado por un gobierno de coalición que quiere seguir luchando en Palestina e Irán “hasta la victoria final”, con el fin de eliminar cualquier amenaza a su idea del Gran Israel.

Washington anuncia un nuevo alto el fuego entre Israel y Hizbulah en Líbano tras la última oleada de ataques

El vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance, lanzó el jueves duros reproches al liderazgo israelí. “Deben respetar este proceso de paz porque es beneficioso para ellos y para toda la región”, advirtió el republicano. “Lo que a veces frustra al presidente es que parece que estamos a punto de lograr un gran avance en las negociaciones y, de repente, ocurre una gran explosión en una zona civil de Beirut y muchas personas que no tienen nada que ver con Hizbulah pierden la vida. Eso no es aceptable”. Horas después de estas declaraciones, se produjo el último ataque de Israel.

Las declaraciones de Vance fueron más allá del tono habitual de la Administración Trump, que, si bien ha arremetido con frecuencia contra sus aliados, generalmente se ha alineado con Israel desde el regreso de Trump al poder. “Si yo formara parte del gabinete del gobierno israelí, probablemente no atacaría al único aliado poderoso que me queda en el mundo”, dijo, en alusión a las palabras de Ben Gvir.

El primer ministro israelí, Netanyahu, lleva un año y medio cultivando su relación con Trump, un líder que valora la sintonía personal y que se ha convertido en su gran valedor internacional en un contexto en el que Occidente se ha apartado de Israel por sus crímenes en Gaza y Cisjordania. Netanyahu había tratado de convencer a todos los predecesores de Trump de la amenaza que representaba Irán para la seguridad de EE.UU. y de la conveniencia de un ataque contra el régimen. Tan solo el líder republicano accedió, meses después de fraguar un acuerdo de paz en Gaza muy beneficioso para los intereses de Tel Aviv.

Pero la desconfianza ha crecido en las últimas semanas. “Bibi tiene que ser más responsable respecto a Líbano”, dijo esta semana Trump: “Están muriendo demasiadas personas”. Y añadió: “No hay que derribar un edificio de apartamentos cada vez que se busca a alguien. Hay mucha gente en esos edificios y no todos son de Hezbolá”. Fue la primera vez que reprochó en público la actitud de Israel de manera tan contundente, frustrado porque sus ataques habían interrumpido de nuevo las negociaciones de paz con Irán.

El enfriamiento de las relaciones entre ambos aliados tiene una explicación política. Mientras Netanyahu ve la guerra –y el apoyo de EE.UU. en la misma– como un valedor de su diplomacia y acción exterior de cara a las elecciones, Trump ha comenzado a verla como una piedra en su zapato, y el de los republicanos, que no quieren llegar a las elecciones legislativas de noviembre con un costoso e impopular conflicto en marcha contra Irán. 

Javier de la Sotilla Puig

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