El motor del avión del papa León XIV no entiende de pasaportes diplomáticos

Hoy, en el aeropuerto Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna (al que los veteranos lo seguirán llamando Los Rodeos) ha ocurrido algo que resume con una claridad pasmosa la condición humana ante la tecnología: el Papa León XIV se ha visto obligado a abandonar el avión de Iberia que iba a llevarle de vuelta a Roma por un problema “con los sistemas” del Airbus, según comunicó el propio comandante por megafonía. A su lado, bajando los mismos escalones, el rey Felipe VI, que había subido a buscarle en cuanto volvieron a abrirse las puertas del aparato, listo para empezar a rodar.

Da igual quién seas. Las averías no tienen protocolo.

El comandante explicó a los pasajeros que lamentaba mucho la situación, y que el equipo de mantenimiento proponía remolcar el avión. El caso es que para realizar determinadas pruebas en el motor, los técnicos deben encarar el avión al viento predominante. Por eso un tractor lo ha arrastrado y girado en la plataforma. Una explicación técnica, prosaica, completamente ajena a la dimensión histórica del pasajero que tenía a bordo. El avión no sabe que lleva al Papa.

El aparato de hoy, por cierto, no era el mismo que durante los últimos días dio la vuelta al mundo mediático cuando León XIV disfrutó del vuelo como un auténtico aficionado a la aviación. Aquel era el A320 con matrícula EC-LXQ (el llamado “Peñón de Ifach”) con el que voló de Madrid a Barcelona y, dos días después, desde El Prat hasta Gran Canaria junto a sus acompañantes y un nutrido grupo de periodistas. En ese vuelo, Prevost volvió a colarse en la cabina de mando, esta vez para asistir al aterrizaje en la isla tras sobrevolar Lanzarote y Fuerteventura. Pocas veces se ha hablado tanto y tan bien de Iberia en todo el mundo.

El EC-LXQ fue el avión del Papa en esos dos tramos, aunque nunca voló exclusivamente para él. Tras el célebre vuelo Madrid-Barcelona que recorrió medio internet gracias a las fotos y vídeos tomados en cabina, el aparato regresó enseguida a Madrid para reintegrarse a su operación comercial habitual, volando a Roma y de vuelta con pasaje regular. Al día siguiente encadenó seis saltos desde y hacia Barajas pasando por Oporto, Vigo y Venecia, para finalmente el día 11 regresar a Barcelona y recoger al Papa rumbo a Canarias.

El avión de hoy era otro. Iberia envió desde Madrid al “Parque Nacional Picos de Europa” hasta Gran Canaria, desde donde realizó un brevísimo vuelo papal de apenas 18 minutos hasta el aeropuerto del norte de Tenerife, donde esperó hasta que llegara el momento del regreso a Roma.

La salida ya acumulaba más de una hora de retraso por la intensa agenda del pontífice, y cuando todo parecía listo para el despegue final de este viaje de siete días por España, la mecánica impuso su criterio. Así funciona la aviación: los protocolos no distinguen entre un vuelo chárter de turistas y el aparato que transporta al líder de 1.400 millones de católicos. Todo el mundo vuela con las mismas garantías, o no vuela.

La seguridad como dogma laico

Aquí reside la grandeza del sistema. Que un avión no despegue, aunque lleve al Papa, aunque el rey espere al pie de la escalerilla, aunque haya cámaras de medio mundo apuntando, es exactamente lo que debe ocurrir cuando aparece una incidencia. Fuentes de Iberia confirmaron que había un “problema técnico” y que lo estaban “revisando”. Sin atajos. Sin presiones protocolarias que valgan más que un informe de mantenimiento.

La seguridad aérea es, en ese sentido, uno de los sistemas más igualitarios que existen. El ciudadano anónimo del asiento 34B y el Sumo Pontífice tienen exactamente las mismas garantías técnicas antes de que ese avión ruede hacia la pista. No porque la compañía sea especialmente generosa con el pasajero de a pie, sino porque el procedimiento es el procedimiento. Si hay duda, el avión se queda siempre en tierra.

Meteorología, mecánica y humildad

Lo ocurrido hoy en Los Rodeos es también un recordatorio de algo que conviene no olvidar en una era de vuelos ultrapuntuales y aplicaciones de seguimiento en tiempo real: volar sigue siendo un acto de extraordinaria complejidad. El viento, la temperatura, la presión, el estado de cada uno de los miles de componentes de un reactor… todo cuenta. La revisión exhaustiva reduce el riesgo a niveles estadísticamente ínfimos, pero no lo elimina. Ninguna ingeniería elimina el azar al cien por cien.

Hoy, en Tenerife, eso es exactamente lo que ha pasado. El Papa ha bajado del avión. El rey le ha acompañado. Ambos sonreían serenos. Los técnicos de Iberia han hecho su trabajo. Y la compañía, con la misma celeridad ya ha enviado desde Madrid un avión de sustitución, un A321, por si la incidencia resultase más seria de lo esperado, para garantizar así el regreso a Roma de todos los viajeros del EC-MDK, que también pasará a ocupar unas líneas en la historia de Iberia.

El Falcon que salvó la tarde: los “linces” del Ala 45

Cuando se vio claro que la incidencia del Airbus dejaba en tierra al Papa, España tenía una solución a mano. El T.18-3, el Falcon 900 del Ejército del Aire que en principio iba a llevar al rey Felipe VI de vuelta a Madrid, se convirtió en cuestión de minutos en el avión papal. Una improvisación de Estado ejecutada con la discreción y la eficacia que caracterizan a la unidad que lo opera: el Ala 45, con base en Torrejón de Ardoz.

El Papa embarca en el Falcon ofrecido por el Rey 
El Papa embarca en el Falcon ofrecido por el Rey JORGE GUERRERO / AFP

El Falcon 900 es hijo de la aviación ejecutiva francesa en su mejor momento. Dassault lo concibió como una evolución del Falcon 50, y antes incluso de entrar en servicio ya había demostrado de qué era capaz: en 1985, el segundo prototipo unió París con Little Rock, Arkansas, sin escalas. Un trirreactor de alcance intercontinental que cabe en veinte metros de fuselaje y que, con solo dos pilotos, puede llevar a diecinueve pasajeros casi a cualquier rincón del planeta rozando los doce mil metros de altitud.

No es el avión más grande ni el más rápido. Es, sencillamente, adecuado para lo que se le pide.

Los “linces” de Torrejón

Detrás de cada uno de estos vuelos hay una unidad que pocos conocen aunque lleva décadas siendo la columna vertebral del transporte de Estado en España: el Ala 45, asentada en la base aérea de Torrejón, al este de Madrid. Su misión es tan concreta como exigente: mover al rey, a la familia real, al presidente del Gobierno y a los altos cargos del Estado allí donde haga falta, con la discreción y la seguridad que el cargo requiere.

Su relación con el Falcon 900 arranca hace casi cuarenta años. En 1988, cuando la unidad todavía se llamaba 45 Grupo de Fuerzas Aéreas y operaba desde el pabellón de estado de Barajas, llegaron los dos primeros. En 1993 se trasladaron a Torrejón, que sigue siendo su casa. En 2003 renovaron y ampliaron la flota, y diez años después, en 2013, compraron tres unidades de segunda mano en Australia para reforzarla. El aparato que hoy ha llevado a Prevost hacia Roma es, precisamente, uno de aquellos que durante años sobrevolaron el Pacífico con bandera australiana.

Hoy el Ala 45 opera cinco Falcon 900B, dos Airbus A310 y, desde 2021, tres Airbus A330 MRTT para misiones de mayor envergadura. En conjunto acumulan cerca de 3.900 horas de vuelo al año. Su lema, “Cansándonos de acertar”, dice mucho de una unidad cuyo mejor día de trabajo es aquel del que nadie habla.

Más allá de los protocolos

Sería un error reducir al Ala 45 a sus pasajeros ilustres. Sus Falcon también han aterrizado en aeropuertos sin alfombra roja: evacuaciones médicas de urgencia, misiones logísticas para organismos internacionales, apoyo diplomático en zonas de conflicto. En 2015 realizaron la primera aeroevacuación de un militar alemán desde Málaga hasta Bonn en el marco del sistema europeo EATC, abriendo una línea de colaboración que desde entonces no ha dejado de crecer. Naciones Unidas también ha recurrido a sus aparatos para facilitar misiones en el Sahara Occidental, donde el protocolo importa menos que llegar.

El avión más seguido de España

En los últimos años, los Falcon del Ala 45 se han convertido involuntariamente en protagonistas del debate político. El ingeniero Pablo Bañuelos creó “Falcondespega”, una web que desde 2022 rastrea en tiempo real los movimientos de los nueve aparatos de la unidad, con el único propósito de que cualquier ciudadano pueda saber quién usa estos aviones, cuándo y adónde va. Una herramienta nacida de la controversia que hoy, paradójicamente, ha servido para que miles de personas siguieran minuto a minuto cómo uno de esos Falcon pasaba de ser el transporte del rey a convertirse en el último vuelo papal de este histórico viaje.

En su fuselaje, junto a la bandera de la Unión Europea y el escudo del Ala 45, figura la leyenda “Reino de España” tras muchos años llevando los títulos de Fuerza Aérea Española… y hoy casualmente vaticana.

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