El acceso a la vivienda en propiedad ha pasado de ser la norma a ir camino de convertirse en una rareza, según se aprecia en la última Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España. Los resultados muestran que el porcentaje de hogares con vivienda en propiedad se encuentra en fuerte retroceso, sobre todo por el descenso entre los más jóvenes.
Una de las ventajas de esta encuesta, realizada entre 6.200 personas cada tres años, es que permite realizar un seguimiento de la evolución de la riqueza y de la renta del mismo hogar conforme pasan los años. Puede medir el nivel de progreso de unas generaciones frente a otras.
En la última edición de la encuesta se aprecia que, de los encuestados nacidos entre 1986 y 1995, apenas el 27% tenía una vivienda en propiedad al cumplir los 30 años. Supone un desplome de 38 puntos con respecto a la generación que va por delante, la nacida entre 1976 y 1985, que al llegar a esa edad ya registraba porcentajes de propiedad del 60%, el mismo que los nacidos entre 1966 y 1975.
El porcentaje cae a menos de la mitad y además lo hace a toda velocidad, durante la última década. El propio Banco de España ha ido informando de un déficit de acceso a la vivienda fruto de la rápida creación de hogares y la lenta construcción de vivienda.
El 70% de los hogares tiene la vivienda en propiedad, frente al 72% tres años antes
Según los datos de la encuesta, el 70,6% de los hogares era propietario de su vivienda a finales del 2024, un porcentaje que sigue en retroceso y que contrasta con el 72,1% de la encuesta anterior, realizada en el 2022. El valor mediano de la vivienda principal es de 170.000 euros.
“Los jóvenes tienen muchas menos vivienda en propiedad, no van a llegar a los niveles de cohortes anteriores”, asegura David López Salido, director general de Economía del Banco de España. Hay una “dinámica del mercado de la vivienda hacia el alquiler”, añade.
Otros de los hallazgos de la encuesta es la fuerte amortización de deuda realizada por los hogares en los últimos años o el descenso entre los que tienen una carga financiera superior al 40% de los ingresos. Si en la crisis financiera del 2008 alcanzaron el 16%. ahora son el 7,9%.
De los activos de los hogares, el 77% son “reales”, esto es, viviendas, fincas u otro tipo de bienes, mientras que el resto son financieros. La vivienda es el gran bien de los hogares, al representar el 54% del valor de sus activos reales.
El incremento de la renta de los hogares en los últimos años no ha impedido que aumente la brecha de riqueza entre los que menos ingresos reciben y los que más. Este es al menos otro de los hallazgos de la encuesta, que detecta en cambio otras tendencias que apuntan en sentido contrario: el índice Gini, que mide la desigualdad, ha mejorado ligeramente.
La encuesta ausculta la situación financiera de los hogares y concluye que en el periodo analizado, entre el 2022 y el 2024, la riqueza neta mediana del 20% con menos renta ha descendido un 4,3%. La mediana es el valor que deja a uno y otro lado de la muestra un número similar de unidades.
La riqueza aumenta en cambio un 4,8% entre los hogares con una renta situada entre los percentiles 20 y 40 (los que recogen las situadas entre el 20% y el 40% de la muestra una vez ordenadas de menos a más), y se dispara entre los que tienen más ingresos. Entre los percentiles 40 y 60 de la muestra, la riqueza mediana ha aumentado un 15%, mientras que entre los percentiles 60 y 80 el incremento fue del 13%. En el 10% de los que tienen más renta, el incremento fue del 26%. En este último grupo, la riqueza media aumentó además un 15%.
¿Hay entonces más desigualdad? El estándar más común, el índice Gini, dice que en realidad no. A cierre del 2024 se situó en 52,9, frente al máximo de 54,3 de la pandemia, que fue el momento de más desigualdad. En este indicador, los valores cercanos a cero informan de fuerte igualdad y los cercanos a uno, de máxima desigualdad. Lo que hace este indicador es comparar la distribución de la riqueza, esto es, los bienes de los hogares, sin tomar la renta como punto de partida.
Hay algún otro elemento contraintuitivo. Pese a las crecientes diferencias en términos de riqueza entre los segmentos con menores y mayores rentas, la encuesta del Banco de España concluye que los que menos ingresos tienen lograron elevarlos a un ritmo mayor. Incrementan la renta, pero esta no parece materializarse en un gran incremento de la riqueza.
El Banco de España calcula que la riqueza neta mediana de las familias, esto es, la diferencia entre el valor de sus activos y de sus deudas, es de 160.800 euros. En cambio, la media se sitúa en 344.700 euros. Esta diferencia entre la media y la mediana es una muestra de que la riqueza se concentra entre los patrimonios más elevados.
La riqueza va en aumento con la edad y los estudios
En lo que no hay sorpresas es en que la riqueza va en aumento con la edad, conforme los hogares amortizan deuda y acumulan patrimonio. Tampoco en que los estudios ayudan: “La riqueza, tanto la media como la mediana, crece con el nivel educativo”, señala el Banco de España.
Los créditos personales ganan terreno a la hipoteca como parte del endeudamiento
Dentro de la composición de la deuda, el Banco de España detecta que los créditos personales tienen ahora más peso sobre el total. El 11% de la deuda de los hogares es de este tipo, frente al 80% correspondiente a la hipoteca. En el 2014 en cambio, el 91% del crédito era hipotecario y el 6%, personal.
Conforme a la encuesta, la renta anual media de los hogares españoles en 2023 fue de 46.300 euros, mientras que la renta mediana se situó en 36.100 euros. Por término general, tanto la media como la mediana de la renta aumentan hasta los hogares cuyo cabeza de familia tiene entre 55 y 64 años, y descienden posteriormente en los grupos de mayor edad.
La renta también aumenta con el nivel educativo del cabeza de familia. La media pasa de 30.700 euros en los hogares con educación inferior a bachillerato a 46.300 euros entre los que tienen bachillerato y a 71.600 euros entre los que cuentan con estudios universitarios.
