El reciente atentado fallido en Leipzig atiza el temor a una escalada rusa

Lo sucedido en el aeropuerto de Leipzig-Halle el pasado 5 de agosto ha actuado como un electrochoque para los servicios de seguridad alemanes y de sus aliados de la OTAN. El ataque fallido de un dron que llevaba el potente explosivo plástico Semtex contra un avión de carga ucraniano, el enorme Antonov AN-124, ha sido interpretado como un salto cualitativo muy inquietante, el posible inicio de otra dimensión de la guerra híbrida rusa contra Europa, el paso del hostigamiento indirecto al choque frontal.

El intento de atentado en el aeropuerto sajón -Putin estuvo destinado no lejos de allí, en Dresde, cuando era agente del KGB en la época de la Alemania comunista– no ha sido atribuido oficialmente a Rusia, pero todas las miradas apuntan a Moscú. Berlín es prudente. Acusar sin pruebas concluyentes sería una temeridad. La obligaría a tomar medidas muy duras, o a mostrarse demasiado débil.

Un técnico forense inspecciona la zona del aeropuerto de Leipzig-Halle donde apareció el dron con el explosivo el 5 de agosto 
Un técnico forense inspecciona la zona del aeropuerto de Leipzig-Halle donde apareció el dron con el explosivo el 5 de agosto HENDRIK SCHMIDT / AFP

El ministro ruso Lavrov amenaza a quienes “alimenten la máquina de guerra de Kyiv”

En una entrevista con la televisión estatal rusa, el jueves, el incombustible ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, pareció confirmar sin rubor las sospechas sobre su país cuando amenazó a quienes dan ayuda militar Ucrania. “Endureceremos mucho nuestros métodos para desmantelar todo lo que alimente la máquina de guerra de Kyiv desde Occidente; y ya estamos haciendo eso”, afirmó.

La guerra híbrida ha tomado estos años múltiples formas: intoxicación con fake news en campañas electorales europeas, operaciones de desestabilización -como los actos antisemitas y antimusulmanes en Francia-, sobrevuelo de drones en lugares estratégicos, ciberataques, olas migratorias teledirigidas. La destrucción de un avión ucraniano en suelo alemán hubiera sido algo de gran impacto. La simple tentativa ya ha significado un golpe psicológico y ha obligado a un replanteamiento integral de la estrategia antidrones.

Alemania es un objetivo prioritario del Kremlin por su ayuda a Ucrania, la más cuantiosa entre los socios de la UE, y porque el país está inmerso en un proceso de rearme colosal, con una inversión de gran envergadura a medio plazo. No es casual tampoco, en este contexto, que el presidente del coloso armamentístico Rheinmetall, Armin Papperger, viva protegido por guardaespaldas, con un dispositivo de seguridad que está al mismo nivel que el del canciller Friedrich Merz. Hace dos años se desmontó un complot para asesinar a Papperger. Según publicó hace pocos días el semanario hamburgués Die Zeit , otro patrón de la industria de defensa alemana está también amenazado.

La ciudad estonia de Narva o el corredor de Suwalki, que enlaza con Kaliningrado, son puntos vulnerables

El temor a una escalada rusa, más allá de los métodos de guerra híbrida no letales, crece. The Wall Street Journal se hizo eco de un informe de inteligencia estadounidense que advertía de la posibilidad de que Rusia pasara a la acción ya a partir de este otoño y hasta el 2029. Hace tiempo que se prepara a la opinión pública con mensajes de este tipo por si llega el peor de los escenarios.

El pasado jueves saltaron otra vez las alarmas al producirse la explosión y el incendio de una gran fábrica de municiones y otro material bélico en Colleferro, a unos 40 kilómetros al sur de Roma. La instalación pertenece al grupo francoalemán KNDS, que produce desde los tanques Leclerc a vehículos blindados y los cañones Caesar, muy útiles para Ucrania en los primeros años de guerra. La fiscalía de Velletri no vio indicios de sabotaje criminal y privilegia la pista del accidente fortuito, pero eso no ha impedido, dadas las circunstancias, que algunos medios, como el diario económico francés Les Echos o la cadena LCI, especulen todavía con una eventual responsabilidad rusa.

Además de Alemania, las repúblicas bálticas, los países escandinavos, Finlandia y Polonia se preparan muy en serio, desde hace tiempo, para una escalada de la agresión rusa y el salto a un conflicto convencional. El presupuesto de defensa de Varsovia se acerca ya al 5% del PIB.

Nadie cree que Rusia, estancada en Ucrania después de más de cuatro años, esté en condiciones de abrir otro frente y desencadenar una ofensiva terrestre a gran escala contra un país de la OTAN. Pero en Occidente sí se trabaja con la hipótesis de alguna incursión limitada, tal vez ambigua y confusa, para poner a prueba la solidaridad atlántica y la voluntad de réplica. Los puntos más vulnerables son conocidos, como la ciudad rusófona de Narva (a solo 150 kilómetros de San Petersburgo), en el este de Estonia, alguna zona similar de Letonia o el corredor de Suwalki, que conecta Bielorrusia, a través de las fronteras lituana y polaca, con el enclave ruso de Kaliningrado (la antigua Königsberg, en Prusia Oriental, que Alemania perdió tras la derrota nazi en 1945). Moldavia, que fue república soviética y con una parte del territorio, Transnistria, ocupada por el ejército ruso desde 1990, es una candidata a ser víctima del expansionismo ruso, sobre todo porque no es miembro de la OTAN.

Si Rusia decide tantear a la OTAN, podría repetir la táctica del 2014, cuando se quedó parte del Donbass ucraniano y la península de Crimea usando milicias armadas no identificadas (en realidad tropas rusas), para crear dudas y divisiones en la OTAN sobre la respuesta. Crear otro frente sería arriesgado, pero a la vez detraería recursos occidentales que hoy se destinan a Ucrania.

El presidente del coloso de armamento alemán Rheinmetall está amenazado y vive con alta protección

Una variable a tener en cuenta por Rusia es la delicada situación política en Europa en los próximos meses, con elecciones en los dos países más importantes de la UE. Francia elige la próxima primavera el relevo de Macron en el Elíseo, con Marine Le Pen de favorita y un perfil de entrada menos hostil a Putin. Y en Alemania hay dos comicios regionales en septiembre que pueden consolidar el avance de la extrema derecha y debilitar aún más la gran coalición de Merz en Berlín.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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