El turismo, ¿sector a subvencionar?

El Informe Fénix ha abierto el debate sobre los sectores subvencionados y ha cuestionado las razones para mantener las ayudas en algunos de ellos; en particular si generan una deriva que lleva nuestra economía por un camino equivocado. El sector turístico está siendo subvencionado por el Estado por el interés del sector como gran generador de divisas, decisivo para sufragar el gran déficit comercial de mercancías de una economía española que importa más que exporta. Pero en general las subvenciones no suelen tener futuro en un sistema de mercado. En el sector turístico subsidiado está el transporte, la fiscalidad e, indirectamente, la legislación laboral e ¡incluso el agua suministrada en los hoteles! Reproduzco: “Una investigación de la UIB estima que el turismo representa aproximadamente una cuarta parte del consumo urbano de agua de las Baleares, pero en los municipios más turistizados se acerca al 60%. Los hoteles de Palma disponen de una tarifa de la empresa pública suministradora que les permite pagar hasta nueve veces menos de lo que pagarían con una progresividad parecida a la doméstica”. ¿Subvencionar para qué?: el volumen es el objetivo, aunque cada vez más por la vía de un low cost marginalizado.

Turistas en la Casa Batlló
Turistas en la Casa BatllóAndreu Esteban

No están claras las razones sociales de mantener el modelo engrasado con una baja fiscalidad que no aumenta la renta per cápita y nos aleja de países con mucho mejores productividades. Además, saber quién se acaba aprovechando de las subvenciones requiere de un análisis con datos. Los empresarios del sector de la hostelería quieren mantener un tipo de IVA bonificado. Las viviendas de uso turístico ni tan siquiera lo pagan. Alerta cuando un empresario requiere una fiscalidad baja para ser competitivo. Pero es que los beneficios a veces no son los esperados, contrariamente, por ejemplo, a lo que asume la CEOE contra la normalización del IVA de la hostelería. Reproduzco la reciente crítica del muy liberal Instituto Ostrom: “Si el sector turístico no puede absorber once puntos de IVA porque no le queda margen, entonces el tipo reducido no financia precios bajos: está sosteniendo márgenes que sin él no existirían. Es una subvención fiscal a la supervivencia empresarial”.

Seguimos. El informe de la CEOE argumenta que “el turismo genera más empleo que ningún otro sector por euro de actividad”. Pero este es exactamente el problema. El sector genera más horas de trabajo que la media por euro de valor añadido, lo que constituye la definición operativa de baja productividad. “Crecimiento extensivo con un tercio de los nuevos trabajadores en hostelería, inmigrantes. El doble de la media española. Y en el proceso de regularización en curso, la hostelería concentra el número mayor de altas”. Y añade el Instituto Ostrom: “Un sector exportador cuyo input principal es trabajo, con márgenes que el mismo informe de la patronal española describe como estrechos y una productividad por hora inferior a la media, solo puede crecer aumentando el número de trabajadores. Es decir: importando inmigrantes para exportar un servicio de margen bajo”. Concluye: el argumento de que se propagan los efectos nocivos de la normalización del IVA (“el daño no se confina a la hostelería, sino que se propaga por toda la cadena de valor”) podría aplicarse a todos los sectores. Si ese fuera un criterio de exención fiscal, el tipo reducido sería universal. Además, este tipo reducido es regresivo: beneficia más a las rentas altas, que son las que más gastan. Tanto la Airef como la Comisión Europea recomiendan eliminar el tipo reducido del IVA en el turismo y la hostelería.

Nadie quiere pagar impuestos. Pero ponerse un sombrero de conveniencia en cada caso para argumentar intereses particulares es, como mínimo, una muestra de incoherencia.

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