En Singapur, los políticos mejor pagados del mundo se suben el sueldo un 64%

Los políticos mejor pagados del mundo acaban de subirse el sueldo, para que no decaiga. Singapur ya tenía al gobernante mejor pagado, con 1,5 millones de euros al año, que ahora se convertirán en 2,5 millones. Pero la barra libre alcanza al presidente, a los ministros y a diputados rasos.

Singapur no es una empresa, ni sus políticos son altos ejecutivos, pero estos últimos son su modelo a seguir. Literalmente, en el modo en que el gobierno fija el salario de sus ministros, tomando como referencia los 1.000 salarios más altos en el sector privado. Es decir, del 0,01% más privilegiado de la ciudad-estado. 

A continuación se les practica un 40% de descuento, como “sacrificio de servicio público”. Aunque luego se les compensa con primas variables. Tres meses de sueldo si el ministro en cuestión cumple las expectativas del primer ministro y tres meses más si el país alcanza los objetivos marcados. 

La propuesta de aumento salarial, elaborada por una comisión independiente, llegó este mes a la mesa del primer ministro.  Lawrence Wong, “tras una larga deliberación”, comunicó la semana pasada que decidía aceptarla por el bien del país. En su caso, será del 64%, elevando su retribución hasta los dos millones y medio de euros. Es decir, siete veces más que Donald Trump y 25 veces más que Pedro Sánchez. No está mal para un país de seis millones de habitantes. 

En previsión del fruncimiento de cejas de sus ciudadanos, acogotados por la inflación, Wong dijo acto seguido que cedería su aumento de sueldo “a obras benéficas, durante cinco años”. No así su vicepresidente o sus ministros de mayor rango, que incrementarán su mensualidad de forma parecida, hasta la raya de los dos millones de euros anuales. Algo más que el presidente, cargo básicamente honorario, que ahora se embolsará 1,7 millones de euros por sus servicios.

En cuanto a los diputados escogidos por sufragio –96 de los 107–, el primer ministro anunció que pasarán a cobrar, al cambio,  12.600 euros mensuales, un 35% más. 

Lawrence Wong ha asegurado que la actualización era inaplazable, por la inflación acumulada del 30% desde el último aumento, que se remonta al 2011 (en el 2017 se desestimó y durante la covid se evitó). Cabe decir que hace 25 o 30 años el sistema era aún más elitista, ya que la referencia para retribuir a un ministro eran los cuatro salarios más elevados del país en seis profesiones específicas. A saber, banquero, fabricante, ingeniero, ejecutivo, contable y abogado. En ningún caso camarero, cartero o periodista. El resultado era francamente apetecible. 

El gobernante mejor pagado

Trump es mucho más rico, pero el sueldo de Wong es siete veces superior

Este sistema tiene partidarios y detractores. Según Wong, la intención es que el servicio publico siga atrayendo “a personas capacitadas” con una estructura salarial “justa y realista, para no desincentivarlas”. Pero es menos meritocrático de lo que parece por la opacidad dentro del Partido de Acción Popular, que gobierna ininterrumpidamente desde la independencia sin oposición digna de tal nombre. Asimismo, la selección de candidatos, que tienen su elección casi asegurada, corre a cargo de un comité ejecutivo central que no es elegido por la militancia. 

Pero el país funciona, en un equilibrio entre modernidad y vestigios del pasado, con una economía dinámica, empleo de calidad y alto nivel educativo y sanitario. Eso sí, detrás de los rascacielos acristalados –esa fachada de meca capitalista y mercantil– los ciudadanos de a pie cuentan con mallas de protección muy tupidas. El 80% de los singapurenses vive en viviendas construidas por el Estado, la gran mayoría como propietarios. 

Para los extranjeros, es un lugar mucho más caro para vivir, con alquileres estratosféricos. No en vano, los inmigrantes de profesiones cualificadas tienen que demostrar unos ingresos mensuales mínimos de 3.800 euros (7.300 a partir de los 45 años). Aun así, muchos creen que vale la pena, entre otras cosas, por lo bien gestionado que está el país y la calidad de vida que ofrece, pese a su escasa pluralidad política o sus tics autoritarios. 

La buena gobernanza, hay que insistir, no es producto del azar. A la experiencia demostrada de los que llegan a lo más alto –tanto en el sector privado como público– se suman los incentivos para que su desempeño sea cuantificable y no se quede en palabras (el debate público es limitado). 

Así, el 35% del salario de los ministros depende de variables. Hay una prima de rendimiento, que equivale a tres meses de salario y otra prima nacional, que depende de la buena marcha del país en general, con cuatros datos verificables y de interés público. No solo el crecimiento real del PIB, sino también el ingreso mediano y los ingresos del 20% más pobre, así como la tasa de desempleo de los singapurenses. Todo ello ayuda a explicar que el runrún contra el elitismo del sistema nunca se apague en Singapur, pero tampoco se desborde.

Los políticos de Singapur sí que valen. Pero el otro objetivo inconfesable de salarios tan principescos es evidente, en un país donde el dinero es el rey. Consiste en pagar tan bien que la corrupción no salga a cuenta. Para dar ejemplo, el billete de mayor valor del mundo, el de 10.000 dólares de Singapur (6.800 euros) dejó de imprimirse hace una docena de años y el de 1.000, hace cinco. Nunca un maletín pudo valer tanto. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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