Enrique Lizaso (Corella, Navarra, 1964) está al frente de Multiverse Computing, el flamante unicornio del ecosistema digital español. Esta semana, ha conseguido entrar en este club tan selecto de empresas tecnológicas al superar los 1.000 millones de valoración. “En septiembre, vamos a concluir la ampliación de capital de 500 millones de euros con la entrada de fondos de capital riesgo, grupos tecnológicos y varias administraciones públicas”, celebra el consejero delegado.
Poco se imaginaba Lizaso que iba a dirigir un unicornio cuando en el 2019 se juntó con tres colegas de Barcelona para publicar un paper (estudio) sobre tecnología cuántica aplicada al mundo de las finanzas. Fue así como nació Multiverse Computing. Un divertimento de cuatro veteranos del mundo científico y tecnológico: Román Orús, Alfonso Rubio-Manzanares, Sam Mugel y el propio Enrique Lizaso. “Nos conocimos en la World Quantum Association y decidimos publicar este documento científico sin pensar mucho más allá. A pesar de ello, la idea atrajo la atención de una aceleradora de Toronto y a partir de entonces todo empezó a escalar”, recuerda.

El negocio actual es distinto al que idearon en el comienzo. Multiverse no vende tecnología cuántica como tal, sino que imita patrones de algoritmos cuánticos para reducir el consumo energético en el uso de la inteligencia artificial. La compañía factura 30 millones y este año, va camino de llegar a los 90, con una plantilla que pasará de 300 a 600 trabajadores. Multiverse vende a entidades financieras, empresas energéticas, grupos tecnológicos…
Lizaso dirige la compañía desde San Sebastián. Situaron la sede social allí porque el ayuntamiento les otorgó en horas una ayuda de 50.000 euros mientras la Generalitat tardaba cuatro meses en resolver. Actualmente, viaja a menudo a Catalunya, donde tiene su residencia en Matadepera. El directivo aterrizó en Barcelona en 1988 para cursar un MBA en el IESE y desde entonces, se quedó. “Fue mi despertar”, recuerda con alivio. En Navarra, había estudiado Medicina a pesar de que nunca fue su vocación. “Estudiar aquella carrera fue un error, lo mío eran los negocios y la tecnología”, reconoce. Descubrió su pasión trabajando de informático en la propia Universidad de Navarra y una pyme de Pamplona.
“Estudiar Medicina fue un error, lo mío eran los negocios y la tecnología: en la vida hay que ser atrevido”
“Tuve que empezar a trabajar porque venía de una familia humilde, mi padre era funcionario y mi madre maestra, y cuando les dije que prefería la Informática a la Medicina vaya disgusto se llevaron”, recuerda. Sin embargo, Lizaso terminó los estudios de Medicina –en la universidad conoció a su mujer y madre de sus dos hijas– y al acabar, hicieron juntos las maletas para trasladarse a Barcelona. Después de cursar dos años el máster de negocios fichó por la Caixa de Terrassa, donde hizo una larga carrera en distintos departamentos hasta ser director de negocio. Mientras, Lizaso siguió formándose. “Muchos me preguntaban que hacía un licenciado en Medicina trabajando en finanzas, así que regresé a la universidad. Primero hice un doctorado en Bioestadística, después cursé la carrera de Matemáticas y más adelante, Ingeniería Informática. Fueron años de mucho cansancio pero en la vida hay que ser atrevido… esto hace la mitad del camino”, recuerda.
Lizaso se quedó en la Caixa d’Estalvis de Terrassa hasta el 2012, cuando la entidad fue absorbida por el BBVA. Desde que dejó las finanzas hasta que fundó Multiverse, emprendió (con más o menos suerte) distintos negocios vinculados al mundo del marketing farmacéutico y el blockchain. “Cuando Multiverse empezó a escalar lo abandoné todo para centrarme en el proyecto. Queremos ser un líder europeo”.
Ahora Lizaso viaja muy a menudo –la próxima semana estará en Qatar, Londres y San Sebastián– pero encuentra tiempo libre para dedicarlo a su gran pasión: ser piloto de avionetas. Es socio del Aeroclub Barcelona Sabadell y allí acude cuando quiere desconectar. “Me paso el día subido a bordo de aviones pero cuando yo piloto todo cambia: es una experiencia muy técnica pero a la vez muy relajante”, apunta.

