Parece que la guerra en Irán podría terminar pronto, aunque visto lo visto nadie lo sabe a ciencia cierta. En esa incertidumbre han comenzado a aparecer valoraciones de los primeros efectos de la crisis sobre crecimiento e inflación, a las que hay que sumar la estimación del INE de lo acaecido el primer trimestre con el conflicto bélico ya en marcha. En particular, un avance del PIB del 0,6% intertrimestral (un notable 2,7% anual), reflejo del aumento de la inmigración y su efecto poblacional y un consumo familiar impulsado por la fortaleza del empleo (un 3,8% anual) y la remuneración media, que se tradujeron en un incremento de ingresos de los asalariados superior al 7%.
Con estos mimbres, pueden comprenderse mejor las previsiones 2026-27 del Banco de España, Funcas, institutos privados o las del FMI o la OCDE, que muestran un amplio consenso acerca de la extensión del ciclo expansivo de la economía al 2026-27, ayudada por las medidas del Gobierno, todo hay que decirlo, aunque a ritmos más moderados.
El ciclo expansivo de la economía se extiende al 2026-27 aunque a ritmos más moderados
En los escenarios centrales, que apuestan por una guerra que terminaría en pocas semanas, y aunque el precio del crudo y otros insumos no se recuperarían hasta finales de año, el PIB español reduciría su avance del 2,8% del 2025 a cerca del 2,2% y algo por debajo del 2% en el 2026 y el 2027, respectivamente, con una inflación que se mantendría en el entorno del 3,3% en el 2026. En el ámbito del empleo, el consenso se traduce en unos avances de la ocupación a tiempo completo del orden de 650.000 nuevos ocupados para el conjunto del bienio 2026-27, una clara reducción respecto de años precedentes. Finalmente, en lo referente al sector exterior, las estimaciones del Banco de España postulan que se mantendrá la capacidad de financiación del país (lo que prestamos al resto del mundo) alrededor de un elevado 3,0% del PIB, extendiendo el histórico récord de esta magnitud iniciado en el 2012. Por su parte, de continuar la guerra y con precios del crudo por encima de los 100 dólares/barril, asistiríamos a mayores tensiones inflacionistas (hasta un 4%), adicionales reducciones del avance del PIB (medio punto menos) y menor incremento de la ocupación.

Dado el choque en la economía global, estos guarismos ofrecen una visión menos catastrofista de la que destilan ciertos análisis, aunque hay que convenir que hay problemas que se mantienen o se agravan: la productividad continúa avanzando modestamente, el déficit público empeora (el 2,3% del PIB en ambos años), la deuda pública rozará el 98% del PIB, los tipos de interés de la deuda a 10 años se mantendrían en el 3,5% y el choque poblacional continuará presionando al alza los precios de la vivienda.
Esperemos que el conflicto finalice pronto, que las previsiones acierten y que la expansión iniciada en el 2022 se mantenga. Porque, pese al crecimiento de los últimos años, el país continúa con importantes retos pendientes.
