En todas las investigaciones penales que se precien ha de haber un muerto al que echarle la culpa. Pero a veces al fiambre, aunque ya no tenga voz, todavía se le escucha desde ultratumba.
De eso puede dar fe el multimillonario Bill Gates, de 70 años, ejemplo de mecenas y filántropo de causas sociales hasta que se descubrió su relación con Jeffrey Epstein, el depredador sexual, amigo de príncipes y presidentes como Donald Trump, caso por el que este miércoles tuvo que comparecer en el Congreso de Estados Unidos.
Gates intentó distanciarse de Epstein durante ese testimonio. En sus declaraciones ante una comisión de la Cámara de Representantes, el cofundador de Microsoft afirmó que cometió “un grave error de juicio” al reunirse con Epstein hace quince años, en búsqueda de dinero para causas sociales, pero negó haber tenido conocimiento de las actividades delictivas que el depredador sexual de niñas y jóvenes había realizado a lo largo de su vida. Epstein falleció en la celda de una cárcel de Nueva York, el verano del 2019, a la espera de juicio.
El tecnológico recalcó que nunca vio nada que le hiciera saltar las alarmas. “Me alegra estar aquí voluntariamente para testificar y ayudar en el trabajo de la comisión”, dijo Gates a los periodistas antes de entrar. “Espero que mi testimonio sea útil para la importante labor de la comisión de encontrar justicia para las víctimas”, indicó.
En la Cámara incluso se presentó como una víctima más porque el pederasta trató de utilizar asuntos sobre su vida privada para presionarlo. “Me enteré de que Epstein había llegado a conocer información sensible sobre mi vida personal, incluido el hecho de que había sido infiel en mi matrimonio. Esas relaciones no tuvieron nada que ver con mis interacciones con Epstein, pero fueron dolorosas para mi familia”, sostuvo.
Nunca fue a su isla, ni a su rancho ni a su casa en Florida, nunca he perjudicado ni abusado de nadie”
El rastro de los documentos, donde aparece citados centenares de veces, desveló sus tratos con el financiero. Una de las consecuencias directas de ese descubrimiento fue que su esposa, Melinda French Gates, decidió romper el matrimonio de 27 años.
“Nunca fui a su isla, ni a su rancho ni a su casa en Florida. Nunca he perjudicado ni abusado de nadie. Aunque él pudo haber intentado fomentar una relación personal conmigo, yo nunca estuve interesado en ello ni correspondí a sus intentos”, subrayó.
A favor del multimillonario, que pidió disculpas a las víctimas, juega ahora que todo lo que diga no podrá ser contestado por el muerto.
