Las autoridades bancarias están trabajando a ambos lados del Atlántico en la retirada de algunos de los muros y contrafuertes levantados tras la Gran Recesión para evitar una nueva crisis financiera, pero lo hacen a velocidades y con actitudes muy diferentes. Mientras la Unión Europea plantea una simplificación regulatoria en busca de mayor competitividad y sigue considerando la desregulación una palabra tabú, en Estados Unidos la Administración Trump pisa el acelerador y libera a los bancos de ataduras para que fluya el crédito a costa de elevar el riesgo. El resultado es, por ahora, una brecha de competitividad que eleva la presión para que la Unión Europea alivie a los bancos de lo que sus directivos califican de hiperregulación.
Según la consultora Alvarez&Marsal, Estados Unidos ha liberado en el último año exigencias de capital a los bancos por 2,6 billones de dólares, el equivalente a la mitad de los activos de una entidad como JPMorgan. En cambio, en la Unión Europea, de momento, la normativa sigue reclamando que los bancos eleven los colchones en el equivalente a 200.000 millones de dólares. De ahí la brecha entre ambas regiones.
Santander, BBVA y CaixaBank destacan la competitividad del modelo americano, pero evitan la palabra tabú, desregular
“La Administración Trump busca de manera intencionada más competitividad de los bancos para que generen más préstamos”, asegura el director de Alvarez&Marsal en España, Fernando de la Mora. “Todo el exceso de capital lo están dedicando a nuevos préstamos. La mayoría de los bancos americanos han reducido sus objetivos de solvencia y elevado los de rentabilidad”, añade.
En Europa, el BCE y la Unión Europea apuestan por la simplificación, por el momento sin reducir los requerimientos de capital, que es el asunto más sensible. Esta semana ha concluido una consulta pública a nivel comunitario con 97 preguntas en busca de fórmulas para elevar la competitividad bancaria. Las entidades han recogido el guante y subrayan el ímpetu con el que Estados Unidos financia su economía.
Una de las principales propuestas recibida por Bruselas es la de la Asociación de Mercados Financieros Europeos (AFME), en la que participan Santander, BBVA, CaixaBank o el operador de la bolsa española, BME. Allí señalan siete colchones distintos de capital que se solapan y que podrían liberar 280.000 millones de euros para la banca.
Con cifras algo distintas, la presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), Alejandra Kindelán, defendió esta semana el mismo planteamiento. “No estamos pidiendo reabrir Basilea III, sino simplificar la regulación y mejorar la supervisión para evitar solapamientos y poner el foco en las prioridades”, afirmó. La CECA, que representa a las antiguas cajas de ahorro, se encuentra también alineada con esta reivindicación.
El debate está en la primera línea de la agenda de los altos directivos. El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, aludió el jueves al “sistema hiperregulado en Europa”, que la hace “menos competitiva” frente a los bancos americanos. Ana Botín, presidenta del Santander, ha cargado contra el “exceso de regulación” de Europa frente a Estados Unidos. Carlos Torres, presidente del BBVA, no deja de reivindicar bancos europeos más grandes para poder competir con los americanos.
Sin embargo, el sector bancario estadounidense no está exento de accidentes. Hace tres años sufrió una crisis de retirada de depósitos iniciada por Silicon Valley Bank. Estos días preocupan, en realidad, los circuitos no regulados del crédito privado y la conocida como banca en la sombra, que operan sin exigencias de los supervisores. Es allí donde puede estar la burbuja, más que en los bancos convencionales.
