
Lo acaecido en Ceuta ha vuelto a situar en el ojo del huracán la espinosa cuestión migratoria, que debe tratarse como lo que es: un fenómeno poliédrico de muy diversas lecturas. Y ello porque, entre otras razones, a menos que queramos frenar drásticamente el crecimiento económico, la inmigración va a continuar: la exigen el mercado de trabajo, el envejecimiento de la población y las finanzas públicas.
Hoy quisiera comentar sus efectos sobre la mejora del ingreso de las familias, porque circula la tesis que ha sido el choque inmigratorio, y el aumento del empleo en determinados servicios de bajo valor añadido, el responsable del difícil crecimiento de la renta real por habitante. Y eso, simplemente, no es cierto.
Los nacidos en España concentran las posiciones ocupacionales altas
Porque no puede confundirse la renta per cápita con su distribución entre distintos grupos sociales: la estabilidad en el ingreso por habitante es compatible con la existencia de colectivos que la mejoran. Por ejemplo, el crecimiento nominal de la renta familiar por ocupado entre el 2019 y el 2025 muestra avances más elevados para aquellos que residen en hogares donde la persona de referencia es nativa (aumento del 53%) y más contenidos si es inmigrante (47%); un aumento medio que, dividiendo las familias en cuatro grupos atendiendo a su ingreso, es sistemáticamente más elevado para las nativas que para las inmigrantes.
Ese mayor incremento de la renta familiar de los nacidos en España refleja un aspecto esencial de nuestro mercado de trabajo, que se destaca poco: el carácter complementario (o sustitutivo) de los empleos que ocupan los inmigrantes respecto del de los nativos. Porque no es solo que estos tengan ocupaciones mejor remuneradas. Lo relevante es que el nuevo empleo creado refuerza ese sesgo: en 2018-25 en Catalunya, la nueva ocupación de los nativos aumentó en 45.000, un saldo que engaña porque refleja pérdidas en posiciones de baja/media o muy baja calificación (-160.000) y aumentos en profesionales y técnicos (+210.000). Una creciente concentración del nuevo empleo de los nacidos en España en posiciones ocupacionales altas que solo es posible por el incremento de inmigrantes en posiciones bajas (+310.000 nuevos ocupados), aunque también han aumentado su ocupación como profesionales y técnicos (+180.000).
En suma, si hay aumentos del PIB, y en España y Catalunya los hay, el nuevo empleo creado, sea de baja o alta calificación, se extiende a todos los sectores y a todas las posiciones ocupacionales: guste más o menos, no existimos al margen del resto del tejido económico.
Crecimiento económico, mejoras más elevadas de la renta de nativos que de inmigrantes y complementariedad del empleo entre ambos colectivos: tres aspectos que no pueden olvidarse en ese crítico debate sobre la inmigración, inevi-tablemente preñado de opciones ideo-lógicas que en nada ayudan a avanzar.
