
El empate técnico entre el candidato de la izquierda, Roberto Sánchez, y su rival de la derecha, Keiko Fujimori, creó un desenlace digno de una película de suspense tras las elecciones del domingo. A primera hora de la tarde del lunes en Lima (nueve de la noche en España), con el 94% del voto escrutado, Sánchez llevaba una ventaja de 15.000 votos a Fujimori, del 50,044% al 49,957% en un cómputo de infarto en el cual no convenía redondear las cifras.
Tras el conteo rápido de Ipsos, que suele ser altamente fiable, se calculaba que Sánchez ganaría las elecciones por un estrecho margen de medio punto porcentual. El psicólogo de 57 años que, pese a ser de la capital, lidera a la izquierda andina, sacó el 50,3% de los votos, según este conteo, frente al 49,7% para la candidata de la derecha Keiko Fujimori, hija del difunto presidente autoritario Alberto Fujimori.
El recuento de los 21 millones de votos en un país nítidamente dividido entre las ciudades (conservadoras) de la costa y las zonas rurales (de izquierdas) del interior, avanzó con enorme incertidumbre. Como era de esperar, se fue inclinando hacia Sánchez conforme llegaban los votos de las aisladas comunidades de campesinos quechua y aimara de la sierra andina, sobre todo del combativo sur de Puno, Cuzco o Apurímac.
Se contabilizaron primero en la noche del domingo los votos de la enorme capital colonial de Lima en la costa del Pacífico, con 8,6 millones de votantes registrados, más del 60% a favor de Fujimori.
Luego, el goteo de votos contabilizados desde las provincias rurales, sobre todo del sur de la cordillera, donde Sánchez —con su fuerte voto identitario heredado del expresidente andino Pedro Castillo— tiene sus principales feudos. Según los primeros indicios, Sánchez se haría con el 68% del voto rural.
En zonas montañosas aisladas el voto tardaba en llegar. En Cusco, por ejemplo, más de 300 municipios, muchos en áreas remotas de la alta selva cerca de la ciudad perdida de Machu Picchu, aún no se habían contabilizado a mediodía.
A la una de la tarde, con 15,5 millones de votos ya contabilizados, Sánchez logró el sorpasso, que fue ampliándose después.
Sin embargo, la estrecha ventaja, seguramente eleva la probabilidad de solicitudes de recuento, denuncias de fraude e irregularidades, por lo que es lógico pensar que el proceso se alargue. “No hay ningún ganador en esta contienda, por tal razón, serán días largos”, dijo Fujimori.
La estrecha ventaja eleva la probabilidad de denuncias de fraude desde el fujimorismo
Aunque el suspense pareciera excepcional, no es la primera vez que ocurre un empate técnico en la insólita historia reciente de las elecciones peruanas, con nueve presidentes elegidos en diez años. En los tres empates anteriores —uno de ellos, en el 2021, cuando Castillo se impuso—, el cálculo de Ipsos “se mantuvo en el resultado final”, dijo Fernando Tuesta Soldevilla, experto de gran prestigio en el proceso electoral peruano. “Existe una muy alta probabilidad de una victoria de Sánchez”, añadió en declaraciones a La Vanguardia. La diferencia de ambiente en la noche del domingo, tras publicar el conteo rápido, entre los seguidores de Fujimori y el bando de la izquierda respaldaba esta previsión
Los dos protagonistas del thriller electoral, debido al retraso de sus votos, procedían de dos mundos aparte.
Por un lado, las comunidades rurales de la sierra andina, cuyas papeletas de votos todavía tenían que ser trasladadas en caballo para las capitales de provincia. Por el otro, el 77% de los 1,2 millones de peruanos en el extranjero, en municipios estadounidenses como Paterson (New Jersey) o Miami, o en barrios como Orcasitas en Madrid, cuyos votos llegaban al consulado para cruzar el Atlántico en avión.
Con 400.000 votos depositados, el 80% previsto en favor de la derecha, estos votos en el extranjero “podrían hacer ganar a Fujimori”, dijo el politólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú , Carlos Monge.
Pero el goteo de votos rurales contrarrestaría a los conservadores expatriados, calculaban otros comentaristas. “Si comparas el peso específico de la votación del extranjero versus el voto rural, este último es más fuerte”, explicó el abogado Ricardo Soberón, que ha trabajado en áreas remotas de Cuzco y Apurímac. “Son carreteras muy malas; los votos de Madrid o Miami ya estarán llegando, pero los de un municipio totalmente de Sánchez, como por ejemplo Espinar o Chumbivilcas, en Cuzco no van a estar hasta el lunes de la semana que viene”.
El drama de la noche del domingo fue mayúsculo porque, antes de publicarse el conteo rapido favorable a Sánchez, todo había sido distinto al inicio de la noche. Según el sondeo a pie de urna que se publicó cuatro horas antes del conteo de Ipsos, Fujimori emergía como probable ganadora con una ventaja de cinco puntos porcentuales. Asimismo, con el 25% de los votos escrutados, Fujimori, con el 52% del voto, llevaba una ventaja superior a cinco puntos.
La sempiterna candidata de la derecha peruana parecía estar ya a la puerta del palacio presidencial, la Casa de Pizarro, en su cuarto intento. Las seguidoras de Keiko bailaban delante de la casa de la candidata en el distrito de alto standing San Borja. Eran las ocho de la tarde (dos horas de la madrugada en España) y los tertulianos fujimoristas en TV ya estaban comentando los “errores garrafales” de la campaña de Sánchez y el positivo impacto para Fujimori del apoyo del multimillonario de ultraderecha, Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima..
Pero, como siempre, la clave para entender las noches electorales en Perú (así como en otros países latinoamericanos, especialmente en Bolivia ) es que los votos de los pobres rurales son los últimos en llegar. De ahí que el conteo rápido sobre el 100% de los votos cambiara la narrativa.
Sánchez ya contaba con que fueran entrando más votos de los Andes, donde la izquierda tiene ventaja. “Llegará el voto profundo, iremos decantando de menos a más”, vaticinó desde la cárcel de Barbadillo, donde había visitado a Castillo. Pero sus seguidores parecían abatidos y tensos comparados con los alegres fujimoristas.
Cuando finalmente el conteo de Ipsos salió a las nueve y media de la noche en Lima (tres y media de la madrugada en España), se desató la euforia en la campaña progresista concentrada en la Plaza San Martín. Sánchez compareció en un balcón que daba a la emblemática plaza y pronunció un prematuro discurso de victoria. “¡El único enemigo del pueblo es la corrupción y la pobreza!”, anunció. Y combatirlos “será la prioridad de nuestro gobierno”. Añadió que “el conteo rápido nos da una ventaja importante, pero esperaremos al 100% del voto”. El contraste con el tono y la sonrisa rictus de Fujimori fue total. “No hay ningún ganador en esta contienda, por tal razón, serán días largos”, dijo la candidata de la derecha
“El único enemigo del pueblo es la corrupción y la pobreza (..) prioridad de nuestro gobierno”
Cualquiera que sea el resultado final, los comicios comprobaron las abismales divisiones políticas entre la sierra andina, sobre todo el sur en torno a Cuzco y Puno, tierra de Castillo y Sánchez, y la gran capital de Lima, donde Fujimori parece haber obtenido el 60% de los votos.
Por su parte, el 77% de los 1,2 millones de peruanos en el extranjero —principalmente EE.UU. y España— eligieron a Fujimori, según las encuestas a pie de urna. “¡Saludos para Miami!”, exclamó una sonriente seguidora de Fujimori, entrevistada en televisión, al ver los primeros resultados favorables a su candidata.
