La Unión Europea jamás ha reconocido al régimen de los talibanes en Afganistán, pero ahora por primera vez les invita a Bruselas. La Comisión Europea ha confirmado este martes que ha enviado una carta a las autoridades afganas para estudiar la posibilidad de un encuentro a nivel técnico en la capital comunitaria en los próximos meses. El propósito es coordinar el retorno de migrantes afganos al país “que no tienen derecho a permanecer en la UE y representan una amenaza de seguridad”, algo complicado para muchos países comunitarios por la falta de canales diplomáticos ordinarios.
Se trata de la continuación de otra reunión, también a nivel técnico, que tuvo lugar en enero en Kabul, por lo que los portavoces comunitarios insisten en que “no es nada nuevo”. Sin embargo, sí sería la primera vez que los talibanes viajan a Bruselas, por lo menos públicamente. Todo, mientras los países occidentales se niegan a reconocer su régimen desde que recuperaron el poder, hace cinco años, cuando los combatientes islamistas derrocaron al gobierno que había sido apoyado por EE.UU. y la OTAN durante dos décadas.
Encuentro técnico
“Esto no supone de ninguna de las maneras un reconocimiento”, subraya la Comisión
“Esto no supone de ninguna de las maneras un reconocimiento”, subraya el portavoz de Migración, Markus Lammert, que recuerda que la UE mantiene presencia en el terreno para facilitar los contactos y asistir a los Estados miembros, además de “proveer apoyo para el beneficio del pueblo afgano”. “Tenemos contactos operativos, no es nada nuevo”, insiste.
Todavía no hay fecha para el encuentro, ni la Comisión quiere detallar el coste ni qué participantes subirán al avión. Sí remarcan que se trata de la respuesta a una solicitud expresada por varios Estados miembros, coordinada por Suecia, que quieren ayuda para repatriar de forma coordinada a varios individuos que han cometido delitos en Europa y no tienen derecho a considerarse refugiados, por lo que se consideran “una amenaza para la seguridad”.
Deportarlos, sin embargo, es difícil por la falta de relaciones diplomáticas y de canales oficiales establecidos, y algunos países como Bélgica insisten en que necesitan el paraguas europeo para lograrlo. Un total de veinte países solicitaron en octubre la ayuda de la Comisión Europea. Otros, como Alemania, comenzaron a repatriar afganos con antecedentes criminales hace dos años. Berlín ya lleva más de 100 deportaciones.
“Estamos convencidos de que los retornos a países políticamente sensibles plantean retos que deben abordarse de manera integral y coordinada; por eso estamos coordinando a los Estados miembros que nos han pedido que lo hagamos”, señala Lammert. El portavoz insiste en que cada decisión de retorno “es una decisión individual que adoptan los Estados miembros”, pero “debe ajustarse al Derecho de la UE y al Derecho internacional, incluidos determinados derechos fundamentales”.
Consecuencias
Las oenegés advierten que estas deportaciones podrían “costar vidas”
La revelación de estos planes no gusta a parte de la izquierda de la Eurocámara y de las organizaciones humanitarias, que temen que esta invitación y el diálogo abierto con el régimen talibán no solo suponga una legitimización de facto del régimen, sino también el riesgo de deportar a cientos de refugiados donde el 40% de la población sufre malnutrición y las mujeres y niñas han sido borradas sistemáticamente de la sociedad.
“Deportar a los afganos a un país donde casi la mitad de la población no puede alimentarse no es una política migratoria; es una decisión que podría costar vidas”, avisa Lisa Owen, directora nacional de International Rescue Committee (IRC) en Afganistán. El eurodiputado de los Comuns Jaume Asens, miembro de la comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo, ve “del todo incoherente” que la UE “esté dispuesta a sentarse con el régimen talibán, de la misma forma que lo hace con gobiernos muy cuestionables del Magreb, para que nos hagan el ‘trabajo sucio’”. “La Comisión Europea está tan obsesionada con las deportaciones y con seguir la agenda antiasilo de la extrema derecha que ahora parece dispuesta a negociar directamente con los talibanes”, coincide la líder de Francia Insumisa en el Parlamento Europeo, Manon Aubry.
En este último año, la UE ha endurecido radicalmente sus leyes migratorias, especialmente en el capítulo de retornos, donde acaba de aprobar un reglamento que, entre otras cosas, incluye mayores castigos para los solicitantes de asilo rechazados que se nieguen a abandonar el territorio de la UE, como la incautación de documentos de identidad, la detención de familias con niños o prolongar las prohibiciones de entrada de por vida.
