Las siete magníficas –Alphabet, Amazon, Apple, Meta Microsoft, Nvidia y Tesla– mantienen su fortaleza con un beneficio agregado de 557.000 millones de dólares –o 480.000 millones de euros- en el primer semestre, una vez conocidas las cuentas de Nvidia. Es más del triple (258%) que en el mismo plazo del 2021, antes de irrumpir ChatGPT y la fiebre de la IA, que las ha beneficiado y a la vez puesto en duda, sin trastocar por ahora su estabilidad. Un dato colosal pese a recoger solo seis meses. Detrás de la fuerte subida está sobre todo Nvidia, que ha pasado de ser una cotizada más a un monstruo: gana 28 veces más, con más de 100.000 millones de dólares hasta junio.
En este lustro ha habido varios impulsos. Es la era poscovid, que ha hecho florecer las compras online y el teletrabajo, lo que empuja a las empresas a invertir en la nube y servidores, repasa Xavier Brun, director de renta variable en Trea AM. “Esto beneficia a Microsoft o Amazon”, detalla, volcadas en los centros de datos. La primera ha duplicado su beneficio, a unos 68.000 millones, y la segunda lo ha multiplicado por seis. “Se ha acelerado su negocio, no es tanto por la IA en sí, que solo es una parte de su actividad”, sigue. También ha salido beneficiada con publicidad y uso Meta, que gana 42.000 millones, algo más del doble, y sobre todo Alphabet, el dueño de Google, que quintuplica a 175.000 millones. Tesla, queda en la otra punta: apenas se ha movido por la fuerte competencia y su alto gasto reciente.
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Párrafo aparte para Nvidia, “la mayor historia de éxito del ciclo de inversión de IA”, valora Jean-Paul van Oudheusden, analista de mercado de eToro. Enfocada también en los centros de datos, “lo que hace su posición particularmente fuerte es que ya no solo vende procesadores para entrenar modelos de IA, sino que provee a una parte más amplia de la infraestructura de IA: CPU, redes, software y tecnología alrededor de las memorias. La amplitud de la demanda es también importante”, más allá de las grandes firmas, sigue. “Incluso tecnológicas que están desarrollando sus propios chips siguen comprando a Nvidia”, dice el analista. El ser un actor en varias capas de la cadena “explica por qué ha acelerado tanto su rendimiento”, concluye. Y no ha tocado techo: estima crecer un 70% en ventas el año que viene.
Brun señala que el semestre de resultados ha sido bueno, sin que los riesgos o temores que sobrevuelan la IA se plasmen en los números. Explica que su fortaleza está en ser líderes gracias a unas barreras de entrada “espectaculares”. Por ejemplo, es imposible de replicar una Meta que atesora 3.000 millones de usuarios, o un Google que utiliza todo el mundo. La IA puede ser tanto un factor favorable por la demanda como negativo por el riesgo que supone para sus negocios, como para el futuro del software de Microsoft o las búsquedas de Google, que amenazaban con desaparecer. Pero ahí siguen, y el dinero les sigue entrando.
Luis Garvía, director del máster en riesgos financieros de Comillas Icade, pone valor en Apple. Sus resultados crecen un 30% en comparación al 2021, más comedida, pero quiere sumarse a la fiesta. “Acaba de lanzar un ordenador para ejecutar la IA a nivel local, fuera de un centro de datos, encima de tu mesa. Quiere dar la batalla en las casas”, comenta. También se fija en Alphabet, “uno de los grandes ganadores porque tiene toda la cadena de valor, software y modelos”, dice.
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Las barreras han permitido aguantar el impacto inversor para ser claves en la carrera de los centros de datos y la inteligencia artificial, aunque ya se levanta alguna ceja. Porque hasta ahora las compañías usaban su caja para financiar la inversión. Brun detalla que este 2026 la inversión en capital rondará los 800.000 millones, como todo el flujo de caja que generan las grandes tecnológicas, incluida Oracle. Cada euro que inviertan de más será con financiación externa, acudiendo a la banca o emitiendo deuda. Así, instalan la factura en sus balances. Con un panorama de inversión de 1,1 billones en el 2027 y 1,3 billones en el 2028, “la capacidad de financiamiento externo tiene un límite, no son cifras sostenibles”, advierte.
En eToro estiman que las grandes tecnológicas captarán unos 285.000 millones en el mercado de bonos este año. Si la financiación bancaria se frena o se deja de emitir deuda, se tendrá que ir a las ampliaciones de capital. “En esta última etapa ya están empresas de IA ajenas a las siete magníficas”, como un OpenAI o un Anthropic, remata Brun. “Todas las grandes de la IA están quemando cantidades inmensas de dinero y pierden dinero de manera salvaje. Algunas como Alphabet esperan a que se estrellen para comprarlas”, comenta Miguel Ángel Domínguez, presidente de la asociación de blockchain Alastria. Otra preocupación es la circularidad de la deuda, con compañías financiando a sus propios clientes, con Nvidia muchas veces en el centro.
“La sostenibilidad del gasto no lo determinará cuántos bonos se emiten o cuánto capital se levanta, sino si se generan suficientes ingresos o ganancia de productividad para justificar los cientos de millones invertidos”, cree Van Oudheusden. “Por ahora la evidencia apunta a una demanda subyacente fuerte más que una falta de clientes”. La música sigue sonando. Pero habrá que ver si la financiación con deuda crece y si se extienden los “complejos acuerdos de financiación”, porque las consecuencias “podrían ser mayores si los retornos se quedan cortos”. Las grandes tienen capacidad para detener la inversión, porque su negocio principal se mantiene. El resto puede quedar por el camino.
Oportunidades de entrada
Pese a la fortaleza de las cuentas, las cotizaciones han sufrido vaivenes los últimos meses. Desde Trea AM señalan que los beneficios crecen a doble dígito, con unos múltiplos bajos. Esto hace que los inversores puedan ver una oportunidad de entrada. Meta cede el 11% en lo que va del año y se deja casi una cuarta parte del valor desde los máximos del año pasado. Del grupo de siete grandes tecnológicas, Tesla es la más castigada, con un descenso del 20% anual, entre dudas por la mayor competencia y sus fuertes inversiones en inteligencia artificial, para ser una empresa de conducción autónoma y robots, donde Garvía cree que China tiene la ventaja.
