Rafael trabaja en un taller de mecánica industrial en la zona del Barcelonès Nord. Tanto él como sus compañeros pasan la jornada laboral rodeados de hornos, soldaduras y fresadoras que elevan aún más las ya altas temperaturas de estos días de ola de calor. “Trabajar así agota mucho porque te deshidratas constantemente. Ayer en menos de dos horas me había bebido un litro y medio de agua”, cuenta. Ante una situación que se agrava cada año por la emergencia climática, la plantilla pidió a la empresa adoptar medidas y, finalmente, han eliminado el turno de tarde durante los meses de julio y agosto. Trabajarán en jornada intensiva de 6h a 14h para evitar las horas más calurosas del día: “Tenemos que concienciarnos que no puedes ir a tu puesto de trabajo a jugarte la salud”.
Ante el aumento de las temperaturas en toda Europa, los sindicatos han lanzado una nueva alerta a Bruselas para que impulse una legislación vinculante que proteja a los trabajadores frente al calor. Así lo han pedido esta semana la Confederación Europea de Sindicatos (ETUC) y las federaciones europeas de sectores como la alimentación, el turismo, la agricultura, el empleo público y la construcción, que reclaman incorporar medidas específicas sobre este riesgo en la nueva directiva europea sobre Empleo de Calidad.
En su propuesta, estas entidades plantean establecer temperaturas máximas en el trabajo y límites a la exposición que se basen en parámetros científicos reconocidos, por encima de los cuales debería ajustarse o suspenderse la actividad. También llegar a acuerdos sobre los descansos, que incluyan pausas remuneradas, acceso a la sombra, agua y refrigeración, y horarios de trabajo ajustados durante los episodios de altas temperaturas.
De hecho, la ETUC ha sugerido a la Comisión Europea que se inspire en las pausas de hidratación del Mundial de Fútbol de este verano para garantizar que los trabajadores europeos puedan refrescarse cuando lo necesiten por el calor extremo. Según un estudio del Instituto Sindical Europeo, 130 millones de trabajadores del continente están expuestos al estrés térmico en sus puestos de trabajo, con una estimación de 277.000 lesiones y 230 muertes anuales relacionadas con este riesgo laboral. La misma entidad asegura que, cuando la temperatura supera los 30°C, el riesgo de sufrir un accidente laboral aumenta entre un 5% y un 7%, mientras que por encima de los 38°C la probabilidad de un siniestro puede llegar a incrementarse en un 15%.
La Generalitat pactó este año un nuevo protocolo para prevenir los efectos del calor en el trabajo
En Catalunya, los sindicatos también siguen preocupados por esta problemática, pese al nuevo protocolo para prevenir los efectos del calor en el trabajo que firmaron junto a la Generalitat, las federaciones de municipios, las diputaciones y las patronales el pasado mes de abril. Este instrumento no tiene rango de ley, pero establece pautas de actuación para estos casos. La responsable de Salud Laboral de CC.OO. de Catalunya, Mònica Pérez, celebra que esta herramienta sirva para planificar las medidas a tomar antes de que llegue una alerta por altas temperaturas, pero critica que muchas empresas continúan sin aplicar estas guías. Además, asegura que hay una infradetección de los accidentes por culpa del calor, ya que muchos se registran como caídas o pérdidas del conocimiento.
La secretaria nacional de UGT de Catalunya, Reyes Solaz, reclama que estos protocolos estén “vivos” y se adapten realmente a cada sector. Insiste, por ejemplo, en la necesidad de adaptar horarios y ropa de trabajo en industrias como la construcción o la hostelería: “Salvo que estén climatizadas y conectadas al restaurante, las terrazas no deberían usarse en los turnos de más calor”. En este sentido, remarca que en el verano aumenta la contratación de trabajadores temporales, que pueden no atreverse a pedir parar la actividad por miedo a que no vuelvan a llamarles.
Por parte de los empresarios, el director territorial y de prevención de riesgos laborales de Foment del Treball, César Sánchez, admite que el calor es un riesgo estructural “que ha venido para quedarse” y aboga por anticiparse a estos episodios y no improvisar las medidas. “La prioridad es la salud de las personas trabajadoras”, defiende. Aun así, considera que no hay una “receta única” para afrontar esta emergencia y que hacen falta medidas organizativas flexibles. El dirigente patronal destaca que se ha extendido el uso de soluciones tecnológicas como los parches y las pulseras que monitorean la temperatura de los trabajadores para prevenir los golpes de calor. El Ayuntamiento de Barcelona ha comprado 1.400 unidades de estas pulseras para la plantilla de Parcs i Jardins.
Una ley de los años 90
Como indica el abogado laboralista del Col·lectiu Ronda Àlex Tisminetzky, la ley española de prevención de riesgos laborales permite a los delegados sindicales en las empresas parar la producción ante “un riesgo grave e inminente”, como podría ser el calor extremo. Sin embargo, el letrado recuerda que esta normativa es de 1995 y que podría ser más clara acerca de las temperaturas y la humedad máxima permitidas en los espacios de trabajo. La reforma para adaptar esta ley al siglo XXI aún se encuentra en las primeras fases de la tramitación parlamentaria.
Esta semana, Carme (nombre falso) ha llegado a casa con dolores de cabeza y un cansancio “extremo” tras su jornada como técnica en una obra de la construcción. Aunque su empresa adopta medidas de protección frente al calor, no tiene dudas sobre el origen de todos estos síntomas: la exposición prolongada al sol.
