A sus 41 años, Marta Vidal Ollé se convirtió el pasado 11 de junio en la primera mujer, y también en la persona más joven, en ocupar la presidencia de una DO Cava fundada en 1972. Dice que el hecho de ser la primera presidenta es “realmente significativo”, aunque espera que noticias como esta lo dejen de ser pronto. Considera que lo verdaderamente importante, más allá del género, es la capacidad, y también “abrir nuevos caminos y horizontes, y nuevas visiones y sensibilidades, que son necesarias, en el marco de la DO Cava”. Se ha propuesto impulsar un pacto de valor para la viña que “fomente la sostenibilidad económica de toda la cadena, refuerce la confianza entre viticultores y elaboradores y contribuya a construir un modelo de creación de valor compartido”. También pretende apostar por el enoturismo, simplificar la burocracia, incentivar el relevo generacional, impulsar una agenda de transformación digital para pequeñas bodegas y viticultores o dotar a la DO Cava de herramientas normativas, con la flexibilidad suficiente, que “permitan experimentar, innovar y adaptarse a nuevas oportunidades sin renunciar al rigor y a la calidad del producto”.
Nacida en Puigdàlber y nieta de viticultores del Penedès, la primera ejecutiva de Vallformosa afronta con ilusión la nueva etapa en el convulso mundo del cava, pero también “dándome cuenta de la responsabilidad que conlleva, más que tener la sensación de vértigo”, aunque matiza que el vértigo puede ser positivo. Reconoce que los primeros días como presidenta han sido muy intensos. Le ocupa especialmente cómo dar respuesta a “toda la ilusión que se está creando”. Le gustaría que se lograra la unidad del sector, aunque admite que no sabe si será posible. Eso sí, se propone escuchar todas las sensibilidades antes de tomar decisiones encaminadas a “hacer lo mejor para el cava, luchando por la sostenibilidad social y territorial”. Cree firmemente en el cava y sus posibilidades. Se ha propuesto trabajar para consolidarla como la denominación de espumosos de mayor prestigio del sur de Europa, siendo líder en sostenibilidad y valor en el mercado global, referente mundial en calidad e innovación vinícola, motor económico y territorial de Catalunya y ejemplo de cohesión, innovación y orgullo sectorial”.

Casada y vecina de Vilanova i la Geltrú, Marta Vidal es madre de cuatro hijos de tres a seis años, dos de ellos gemelos. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, con un Executive MBA de Esade y un PDG por IESE Business School, ha afrontado el reto de transformar el modelo empresarial de Vallformosa, que estaba abocado a la quiebra, para convertirlo en “un negocio profesionalizado, transparente y con capacidad para conectar con el consumidor actual y responder a los retos del futuro, recogiendo la tradición y saber hacer para impulsarlos con innovación, respeto y valentía”. Se define como una persona “exigente pero cercana, orientada a construir equipos”. Está interesada en la gestión estratégica “para aportar valor añadido y crear un mundo mejor y más fácil”.
La nueva presidenta quiere consolidar el prestigio de la denominación de espumos
Se considera una persona “muy positiva”. No entiende el pesimismo, y no tiene dudas de que “lo mejor está por venir”. Señala, asimismo, que “el futuro depende de nosotros”. Y se reconoce como una profesional exigente y enérgica. Está convencida de que nada es imposible. También apunta que es una mujer “de mente abierta a nuevas ideas”. Asegura que sus anhelos pasan por “mantener el equilibrio y ser justa, y poder decir que, mirando atrás, ha valido la pena el camino recorrido”. También quisiera “poder dejar un mundo mejor a mis hijos”. Cree en la disrupción y en la capacidad de cambio. El escaso tiempo libre que le queda lo dedica a su familia, aunque también le gusta la lectura, correr, cocinar, disfrutar de la gastronomía y “viajar cuando puedo”.

