
Miles de los más de 50.000 inmigrantes que ayer entraron de forma irregular en Ceuta, ante la permisividad de Marruecos, han emprendido el regreso a su país a lo largo de la mañana de este viernes, después de comprobar que la ciudad autónoma, completamente desbordada, no tiene capacidad para darles respuesta. Según datos oficiales, a las 18:00 horas, más de 48.300 migrantes ya habían cruzado la frontera en sentido inverso hacia Marruecos. Hasta esta mañana se habían registrado 50.000 entradas.
El mismo punto por el que llegaron a nado o a pie, el espigón fronterizo de El Tarajal, se ha convertido en una puerta abierta de entrada, porque el goteo de entradas no cesa pese al despliegue militar, y de salida, por la que abandonar España, una vez corroborado que no tienen dónde comer o dónde dormir.
En la frontera se han cruzado gritos de “puta Marroco” de los jóvenes que arriban, en flotadores, con otros de “hasta luego, España” de los que se van resignados, en hilera.
Las decenas de grupos de inmigrantes que amanecieron, tirados en parques, en el centro de la ciudad se han ido desplazando conforme avanzaba la mañana a las afueras, rumbo al espigón. La alegría de las primeras horas ha dado paso a la frustración.
Amina es de las pocas mujeres que cruzó entre el tumulto de hombres. No quiere ser fotografiada porque acaba de asumir que tiene que volver a su país, donde dice no tener futuro. Lleva toda su vida haciendo deporte, por lo que nadar una hora no fue ningún reto. Tras pasar la noche a la intemperie, ya que el CETI está colapsado, ha visto como a primera hora del día era imposible acceder a supermercados para comprar algo que echarse a la boca. Los comerciantes han ido echando persianas abajo desde la tarde de ayer, ante el temor de saqueos.
La columna de vuelta a Marruecos, que discurre en paralelo a la orilla, es continua. Según el departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska, las salidas desde Ceuta se están produciendo a un ritmo de 150 personas por minuto. Al final, militares del Ejército de Tierra, apostados desde ayer en la zona, les han indicado la puerta de salida.
Karim, que dice haber cumplido los 18 años el mes pasado, no habla castellano, pero el traductor del teléfono móvil le sirve para expresar que le han engañado, que le convencieron de que sería pisar España y conseguir los permisos. No es el único en su grupo que viste la camiseta roja de la selección española. Omar, que lleva en la espalda el nombre de Lamine Yamal, también recibió cadenas de mensajes de WhatsApp en los que se animaba a cruzar a España, por la supuesta porosidad de la frontera. Ahora emprenden el camino de vuelta, que prevén largo. No son de Castillejos, aunque es en esta ciudad, a pocos kilómetros de la frontera, donde se dieron cita animados por las redes sociales.
Todas las salidas, según ha concretado Interior, están siendo voluntarias. Los agentes desplegados en las calles, tanto de Policía Nacional como de Guardia Civil, controlan el tráfico, los accesos a la ciudad y responde a las dudas de los migrantes, pero no se suceden situaciones de violencia. Pese a que, también por redes sociales, están difundiéndose vídeos de altercados en comercios.
Mahir, que no llega a la mayoría de edad, dice que pensaba que sería “más fácil” llegar a la península. Asegura que había planeado avisar a sus familiares, con los que aún no ha contactado, una vez que cruzase el Estrecho. Asume que “esta vez, no será”, pero que “no duda” de que lo volverá a intentar. En su país, “ni trabajo, ni dinero”.

