Si la Iglesia ya ha aceptado la IA, ¿qué excusa tienes tú?

Hace unos diez años, algunos informes ya especulaban sobre qué profesiones sobrevivirían a la automatización (por ejemplo, el de Frey y Osborne de Oxford de 2013: The Future of Employment). Los resultados eran previsibles en buena parte: conductores, contables, operadores… Pero había una categoría que aparecía sistemáticamente entre los intocables: los religiosos. El trabajo de un cura, de un pastor, de un sacerdote (decían) implica empatía, presencia, consuelo humano. Cosas que ninguna máquina podría simular de manera convincente. Y quizá en algo tenían razón.

Lo que nadie previó es que el papa en persona se convertiría en uno de los interlocutores más activos del debate sobre inteligencia artificial.

Como ya todos sabréis a estas alturas de la película, León XIV acaba de estar en Barcelona, inaugurando la torre de la Sagrada Família. Su paso por la ciudad ha coincidido con algo más: hace dos semanas publicó Magnifica Humanitas, su primera encíclica, 110 páginas dedicadas íntegramente a los efectos de la IA sobre la humanidad. Tomémonos un segundo para asimilarlo.

Y ojo, porque el documento no es un panfleto tecnófobo. Plantea que la IA no es un mal en sí mismo, pero tampoco es neutral: refleja los intereses de quien la crea, la financia y la regula. Pide que el control no quede “en manos de pocos”. Habla de dignidad humana, de justicia, de trabajo.

Ahora bien, lo que encuentro realmente curioso no es tanto el contenido como el gesto. Porque cuando hablamos de la IA y el mercado laboral, el error más común es pensar en trabajos enteros que desaparecen. La realidad es más granular: no se sustituyen oficios, se sustituyen tareas. Un médico no desaparece, pero la tarea de leer una radiografía puede delegarse. Un periodista no desaparece, pero la tarea de redactar un resumen de datos puede automatizarse. Hasta un papa no desaparece pero la tarea de cartografiar Barcelona para un suplemento eclesial puede acabar en manos de una IA que confunde la Ciutadella con Montjuïc y pone el aeropuerto en medio del parque. Pero volvamos a la Iglesia…

La Iglesia católica ha quemado gente antes de aceptar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Ha tardado siglos en reconocer errores.

Y aun así, ha durado. Porque, a la larga, ha sabido adaptarse.

Ahora tenemos un papa que elige su nombre inspirándose en la revolución industrial para hacer un paralelismo explícito con la revolución de la IA y que publica encíclicas sobre tecnología.

El papa León XIV sonríe al público mientras llega en la plaza de San Pedro
El papa León XIV sonríe al público mientras llega en la plaza de San PedroDavid Ramos / Getty

Si la institución que tardó tres siglos en rehabilitar a Galileo ahora va por delante en el debate sobre inteligencia artificial, quizá toca hacerse una pregunta.

Manolo, si vas más lento que la Iglesia, ¿el problema no serás tú?

Más ideas en el próximo No Lo Leas del profesor Foncillas

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