Trump clausura el Centro Kennedy hasta que la justicia le permita poner su nombre en la fachada

El Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas fue concebido, como su nombre indica, como un memorial al mediático presidente demócrata, asesinado ocho años antes de la inauguración del edificio en 1971. El capricho de otro presidente, Donald Trump, empeñado en poner su nombre en el centro cultural, podría llevar pronto a su clausura definitiva.

Horas después de que un juez federal prohibiera al centro volver a colocar el nombre de Trump en el edificio, la junta del Centro Kennedy, nombrada por el propio presidente, votó el martes cerrar de inmediato el edificio durante dos años para iniciar las obras de remodelación, valoradas en más de 250 millones de dólares. Trump no tardó en amenazar con la clausura del centro, que desde hace cinco décadas alberga las principales obras de teatro, musicales, ópera y danza de la capital de Estados Unidos.

Donald Trump, presidente de EE.UU.

“La renovación no puede comenzar hasta que el Tribunal de Apelaciones se pronuncie sobre el nombre aprobado por la junta”

“El cierre tendrá lugar de inmediato”, anunció el mandatario en su plataforma, Truth Social, poco después de la sentencia y del voto de la junta. “La renovación y reconstrucción, que constituyen una obra muy grande y compleja, no pueden comenzar hasta que el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia se pronuncie sobre el nombre aprobado por la junta”, añadió.

“Si el fallo es negativo, como no debería ser, y no es revocado por el Tribunal Supremo, la reconstrucción del Centro Kennedy no se llevará a cabo. Los abogados del Departamento de Justicia solicitarán que la apelación se tramite con carácter urgente”, sentenció Trump en su publicación, amenazando con cerrar el memorial a Kennedy si finalmente no puede llevar su propio nombre.

Al inicio de su segundo mandato, en febrero del 2025, Trump destituyó a los miembros de la junta directiva del Centro Kennedy y nombró a aliados leales, que a su vez lo eligieron presidente de la junta. Esta aprobó renombrar el complejo como Centro Donald J. Trump y John F. Kennedy para las Artes Escénicas e instaló su nombre en la fachada por encima de la del difunto presidente. La medida provocó cancelaciones masivas de espectáculos, boicots de artistas y una caída drástica en las donaciones y suscripciones.

Finalmente, en mayo de este año, el juez Christopher Cooper dictaminó que la junta había rebasado sus competencias al renombrar el edificio, pues es el Congreso el órgano encargado de cambiar el nombre de la institución, y ordenó retirar las letras con el nombre de Trump. La junta cubrió entonces la zona de la fachada con andamios y lonas blancas para que no apareciera su nombre, pero tampoco el de Kennedy. En agosto, la junta cambió su estrategia y votó, pero esta vez no por cambiar el nombre oficial, sino para añadir un reconocimiento por patrocinio: “Renovado por el presidente Donald J. Trump”. El martes, sin embargo, el juez volvió a rechazar este cambio, acusando a la junta de hacer “gimnasia lingüística”.

“El presidente Trump mantiene al Centro Kennedy como rehén a menos que pueda poner su nombre en este sagrado monumento”, ha denunciado la representante Joyve Beatti, demócrata por Ohio y una de las antiguas miembros de la junta que denunció las maniobras del presidente. “El tribunal acaba de rechazar esta propuesta por segunda vez. Esta ilegalidad es tan escandalosa como injusta, y debe terminar”.

Trump prometió salvar el Centro Kennedy, que según él había sido tomado por la ideología ‘woke’, pero tan solo ha conseguido llevarlo a la ruina: del ingreso previsto de 220 millones de dólares para este año, ahora la junta tan solo prevé unos 120 millones, un agujero presupuestario que ha obligado a aplicar recortes de plantilla y cancelar la programación. Entre otras, los abonos de temporada cayeron un 36% en su primer año, las donaciones privadas otro 25% y la venta de entradas más del 60%.

Tras el rechazo de la justicia, la junta del Centro Kennedy optó por una estrategia alternativa: poner el nombre de Trump como reconocimiento

Para ocultar su fracaso, y para poder poner su nombre, Trump se ha empeñado en argumentar que el edificio se cae a trozos y es necesaria una remodelación. La junta directiva trumpista ha impulsado la narrativa de que el centro Kennedy está en un estado de “deterioro crítico y peligro inminente” para justificar el cierre total del edificio por un periodo de dos años. Ahora Trump amenaza con no volver a abrir el centro cultural si no aparece su nombre en la fachada y su Administración ha llegado a argumentar que, si no se puede remodelar, se deteriorará hasta convertirse en una estructura decrepitar que debe ser demolida.

La portavoz del centro cultural, Roma Daravi, ha dicho que se ha puesto la seguridad por encima de todo y ha descrito las obras como “muy atrasadas y desesperadamente necesarias para proteger la seguridad de los espectadores, artistas y empleados” y ha asegurado que siguen comprometidos con llevar a cabo la renovación “por todos los medios legales”, a pesar de las declaraciones de Trump.

Para alertar sobre lo inseguro del edificio, Trump dijo el martes que el pasado 4 de septiembre se derrumbó una sección de yeso del techo durante una tormenta y afirmó que “si el edificio hubiera estado abierto, habrían muerto personas inocentes”. A pesar de que el deterioro del cento es evidente, también lo son las maniobras del presidente para lograr lo que lleva intentando desde el principio de su mandato: poner su nombre y dejar huella en el máximo de edificios posibles en la capital de EE.UU.

Javier de la Sotilla Puig

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