La rehabilitación internacional del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, se explica por la enorme riqueza petrolera de su país, su estratégica posición en Oriente Medio y el generoso bolsillo hacia los socios occidentales. Un ejemplo de esto último ha sido el anuncio, el lunes pasado, de que Riad quiere invertir 6.000 millones de euros en un gran complejo turístico y de ocio, con hasta tres parques de atracciones, en las afueras de París. El proyecto promete crear unos 22.000 empleos directos.
Bin Salman se convirtió en un indeseable, en el 2018, después del atroz asesinato del periodista opositor saudí Jamal Khashoggi en el consulado del reino wahabí en Estambul, un crimen de extrema gravedad –la víctima fue descuartizada–, perpetrado en sede diplomática. El príncipe fue señalado por los servicios de inteligencia occidentales, incluida la CIA, como el instigador, algo que él siempre ha negado. Su condición de apestado en Occidente no duró demasiado. Pronto le volvieron a extender la alfombra roja. Fue el líder mundial a quien primero llamó Donald Trump después de instalarse de nuevo en la Casa Blanca en enero del 2025.
La cuantiosa inversión saudí fue desvelada en el momento de firmarse diversos acuerdos en el Elíseo, antes de la cena oficial ofrecida por el presidente Emmanuel Macron. París y Riad reafirmaron “su ambición sobre el partenariado estratégico” entre ambos países, también en la defensa, “especialmente en los ámbitos del armamento y la formación”.
El complejo de ocio, cuyo calendario de realización no está definido, debe ubicarse en los mismos terrenos del municipio de Cergy-Pontoise, en el departamento del Valle del Oise, al norte de París, donde ya hubo un parque temático de corta vida, Mirapolis, que solo duró entre 1987 y 1991. Hubo de cerrar por quiebra, un año antes de la apertura de Euro Disney (hoy Disneyland Paris).
Las inversiones sirven para rehabilitar a un líder que Occidente vetó tras el asesinato de Khashoggi
Está por ver si el osado proyecto saudí, que pretende competir nada menos que con el imperio Disney, se plasmará en la realidad y cuándo. Queda mucho por concretar, como los inversores locales. Pero ello no impidió a Macron mostrarse ya entusiasta porque esta clase de iniciativas alimentan su relato preferido, el de un presidente que ha sabido atraer hacia Francia a los inversores internacionales. “Gracias a Qiddiya (la empresa pública encargada de la obra) y a Arabia Saudí por la confianza en nuestro país, en nuestros talentos y en nuestro futuro”, escribió el jefe de Estado en un mensaje en la red X. “No hemos acabado de sorprender al mundo”, apostilló.
Además de hoteles y restaurantes, los saudíes aspiran a levantar tres parques temáticos. Uno de ellos debe dedicarse al popular manga japonés Dragon Ball Z. La idea surgió, según fuentes del Elíseo, durante una visita efectuada por Macron a Arabia Saudí en el 2025. Fue entonces cuando ambos mandatarios constataron la misma pasión por el manga, un género en el que Francia es el segundo país del mundo con más afición después de Japón. El tema de los otros dos parques está en el aire. Los saudíes, que poseen la propiedad intelectual del proyecto, tendrán la última palabra.
El impacto mediático de los parques de atracciones en París es una manera de los saudíes de edulcorar su imagen en el exterior –igual que hizo Qatar cuando compró el club de fútbol PSG– y de diversificar sus inversiones. Pero hay intereses de gran envergadura en juego también para las empresas francesas. La guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz obligan a Riad a crear nuevas rutas para exportar su crudo, y eso abre buenas oportunidades de negocio. La compañía de transporte marítimo CMA CGM, con sede en Marsella, ha firmado un contrato de más de 430 millones de euros para ampliar el puerto de Yida, en el mar Rojo, y Alstom también se ha beneficiado de un contrato de 500 millones para extender la red de metro de Riad.
La estancia de Bin Salman –conocido en el mundo por las siglas MBS– comenzó con su asistencia, junto a Macron, en el Grand Palais, a la clausura del campeonato mundial de videojuegos, una competición auspiciada por Riad, que pretende ser un referente en el sector. El viaje, pues, habrá sido un éxito de imagen y económico. Sus desplazamientos al extranjero son poco habituales debido al estado de salud de su padre, el nonagenario rey Salman. El heredero habrá podido disfrutar unos días del palacio que posee en Louvenciennes, cerca de Versalles, un château copiado, a escala reducida, del célebre de Vaux-le-Vicomte, uno de los más turísticos.
Durante la visita al Elíseo del príncipe heredero, Bin Salman, se anuncia un gran complejo de ocio
La presencia de la nutrida delegación saudí en París se vio empañada por un incidente. En la noche del domingo al lunes, un miembro de la guardia real saudí –y también guardaespaldas del embajador en París– sufrió un violento robo en el céntrico bulevar Haussmann. Un individuo armado con una pistola se abalanzó sobre él, le robó un reloj de marca Cartier y una cadena de oro. Después huyó en un vehículo, aunque la policía pudo detenerlo.
