Trump celebra la muerte de Robert Mueller, el fiscal que investigó su posible conexión rusa

El presidente Donald Trump siempre se muestra a cara descubierta. Igual ridiculiza a la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, al recordar el ataque de Pearl Harbor de 1941 en su visita al Despacho Oval del pasado jueves, que, como ocurrió este sábado, celebra el fallecimiento de Robert Mueller III, el fiscal especial que le investigó por la presunta conexión rusa con su campaña en el 2016, asunto que acabó en nada.

“Robert Mueller acaba de morir. Bien, me alegro de que esté muerto. ¡Ya no puede hacer daño a personas inocentes! Presidente DONALD J. TRUMP”, escribió el líder estadounidense.

La defunción la comunicó la propia familia en un comunicado a Associated Press. Tenía 81 años y durante muchos meses fue una presencia constante en la sociedad estadounidense por el encargo de investigar al presidente del país. 

“Con profunda tristeza, compartimos la noticia de que Bob falleció” el viernes por la noche, dijo su familia este sábado. “Pedimos que se respete su privacidad”, cosa que poco tiempo le llevó a Trump para festejar su desaparición.

Mueller, el hombre trajeado que calzaba botas camperas, tuvo una larga trayectoria de servicio público antes de convertirse en fiscal especial del Departamento de Justicia en 2017, que incluye cuatro años en los Marines durante la Guerra de Vietnam y doce años como director del FBI. Fue quien transformó la principal agencia policial de Estados Unidos en una fuerza de lucha contra el terrorismo después de los atentados del 11 de septiembre del 2001.

En agosto de 2025, su familia reveló al The New York Times que a Mueller le habían “diagnosticado la enfermedad de Parkinson en el verano de 2021” y que se retiró tanto de la enseñanza como de su práctica legal debido al empeoramiento de sus problemas de salud.

Durante el primer mandato de Trump, la nación esperó y observó a Mueller, ansiosa por ver si se descubriría que el presidente o su equipo de campaña habían conspirado con Rusia para lograr su elección. En última instancia, Mueller presentó un informe detallado que acusaba a Trump de conducta indebida y posiblemente de obstrucción a la justicia, pero que nunca llegó a afirmar explícitamente que el presidente hubiera violado la ley ni que se hubiera concertado con el Kremlin.

“Las acciones de Rusia fueron una amenaza para la democracia de Estados Unidos. Era fundamental que fueran investigadas y comprendidas”, escribió en 2020 en defensa de su labor.

“Los agentes del FBI valoran por encima de todo tres virtudes: fidelidad, valentía e integridad. Este nuevo director es un hombre que las ejemplifica todas”, remarcó el presidente George W. Bush al nominarlo para dirigir el FBI en el 2001.

Cuando lo designó en 2011 para dos años más al frente de esta agencia, el presidente Barack Obama sostuvo que Mueller había “establecido el estándar de oro para liderar la agencia”.

Esa reputación de rectitud y tenacidad es la que marcó gran parte de la respuesta a su nombramiento para examinar la campaña presidencial de Trump de 2016 y cualquier posible vínculo que pudiera haber tenido con el gobierno de Vladimir Putin.

Su trabajo en ese terreno, llamado Informe Mueller, resumió la larga investigación de una manera que dejó muchas cuestiones abiertas a interpretación. Trump afirmó haber sido completamente exonerado. En un tuit llegó a decir: “¡Mueller nunca debió ser nombrado, aunque sí demostró que debo de ser el hombre más honesto de Estados Unidos!”.

Otros lo vieron como una indagación limitada por su propia interpretación estricta de la ley, que planteaba el caso de que Trump podría haber infringido la ley, pero que no podía ser acusado porque era el presidente. La publicación de un informe muy censurado, redactado en terminología oficial, tampoco aportó una gran claridad.

“Si tras una investigación exhaustiva de los hechos tuviéramos la certeza de que el presidente claramente no cometió obstrucción a la justicia, lo diríamos”, subrayó Mueller en sus argumentó. “Basándonos en los hechos y en los principios legales aplicables, no podemos llegar a esa determinación. En consecuencia, aunque este informe no concluye que el presidente haya cometido un delito, tampoco lo exonera”, insistió.

Trump cantó victoria entonces, como la cantó este sábado rompiendo toda norma de decencia y moralidad.

Francesc Peiron Arques

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