
Goethe, que fue un intelectual brillante porque era un hombre ocioso, aunque esta segunda condición no siempre garantice la primera, sostenía que quienes temen a las ideas acaban perdiendo la capacidad de crear conceptos, un requisito necesario para ser entendido en la vida y triunfar en política. El presidente (en funciones) de Andalucía –Moreno, el Gran Laurel, dueño de una mayoría que lucha por conservar frente a Vox– no tiene muchas ideas, es verdad, pero en los últimos ocho años ha sabido cincelar un par de conceptos eficaces que han hecho que primero se consolidase en San Telmo y después consiguieron la hegemonía del PP en el Sur de las Españas, además de darle opciones serias para aspirar al trono de Génova.
El primero fue el cambio (sin cambio). Vulgo: el escabeche. El segundo es la vía (moderada) de la derecha meridional. En su cuarta postulación al Quirinale, sin embargo, ha cometido dos errores. Primero: cantar la sintonía de su propia campaña electoral –Kilómetro Sur–, un tema festivo, optimista y edulcorado que evidencia una sensibilidad adolescente y unas dotes líricas digamos que cuestionables. El segundo, más peligroso para sus intereses, es su (binario) lema electoral: “Estabilidad o lío”. Más que beneficiarle, está dando mucho aire a sus rivales y se ha convertido en la metáfora de sus dos mandatos.
La ocurrencia de cantar su devoción por Andalucía, regresando a su época como front man de Lapsus Psíquico y Falsas realidades, las dos bandas de su juventud, con las que giraba por las fiestas de fin de curso en los polideportivos de Málaga, debió parecer una colosal idea en la mente de los cuatro evangelistas de San Telmo, pero tras escuchar los ripios del soniquete –“Tu nombre me suena a fantasía / el motor de mis días / es Andalucía”– la cosa cambia. Mucho. Es evidente que no iba a cantar Lust for life (Iggy Pop). Y es verdad que no tiene el punto garrulo de López Miras (su homólogo murciano, que va a los conciertos como público con su propia Telecaster).

Moreno es más naïf que la Todopoderosa Montero, que comenzó la campaña en Granada con Miguel Ríos (“¡banzai!, ¡banzai! ¡Kamikaze!”) e inocuo si lo comparamos con Feijóo, fan declarado de Victor Manuel, pero el exceso de azúcar no es nada bueno. En relación al lema de campaña, la frase le delata: por no meterse en líos reina y no gobierna, y por tanto no tiene más cartel que su sonrisa. Por no querer líos su campaña es paz, ternura y amor. No querer líos explica que pueda perder la mayoría. En política ser un quietista no es un mérito. Es un defecto. El lío (en Andalucía) es no querer líos. Ni reformas, ni cambios. No es extraño que sus adversarios le reprochen falta de arrojo. Andalucía no es el estribillo de una canción.
