Abascal, en busca de su revancha

“A ver: chavales de más de dieciocho años que quieran ponerse detrás de Santiago –se oye por los altavoces–. De más de dieciocho, que luego no nos metamos en un lío. A poder ser con el DNI”.

En menos de cinco minutos se llena la tribuna posterior del escenario donde hablarán Santiago Abascal y Manuel Gavira en un mitin organizado la tarde de este martes en Dos Hermanas, un feudo histórico del socialismo sevillano. 

Estamos en mitad de la primera semana de la campaña electoral andaluza. Al propietario del café bar La Mina –todo esto sucede en la plaza de la Mina de Dos Hermanas– la policía local le ha obligado a cerrar la terraza por seguridad y está que trina. Muy enfadado. La camarera recoge las sillas con estruendo.

El público que llena el mitin de Dos Hermanas, un bastión histórico del socialismo, es mayoritariamente joven 

A medida que se llenan los asientos dispuestos por el partido se advierte que la edad promedio del público es baja, aunque también los hay que pintan canas. Cabe preguntarse si todos los jóvenes que andan por ahí, entre los pasillos las sillas, tienen edad de votar. Ahora crecen tan rápido… Vox es, para ellos, un fenómeno viral.

“¡Qué grande hijo, me voy a poner a llorar. Lo he visto, lo he visto!”, grita una madre muy, muy joven, alborozada, con su hijo en brazos cuando llega Abascal en un coche del que bajan antes uno tipos tamaño armario. La seguridad, lo primero. Abascal pasa por delante, sin reparar en el chiringuito con la bandera de su partido en el que se venden llaveros del Real Madrid, insignias de la Falange, escudos con el “aguilucho” y pulseras de la Guardia Civil, del Ejército y bandera de España en todos los formatos imaginables. Dos piezas, a elegir, por cinco euros.

Vox tiene en esta ciudad tres concejales. Es la tercera fuerza política. El PP la segunda. El PSOE gobierna con mayoría absoluta. Pero no importa. El partido de Abascal desarrolla su campaña en Andalucía como los británicos vivían su relación con el mundo en tiempos del imperio, en un espléndido aislamiento. Cava su trinchera, mete ahí su valores y al ataque.

Su guerra es la prioridad nacional y la expulsión de “los inmigrantes que violan niñas cada día” –eso dijo ayer mismo el candidato Manuel Gavira en la plaza de la Mina–. Su guerra es contra el Mercosur –que puede tener su público entre el sector agrario andaluz– a lo que sigue la lista de descalificativos habituales. 

Abascal ha llamado “mierdas”, “felón” al presidente Sánchez, pero no repara en insultar también a  Juanma Moreno

Abascal ha llamado de todo al presidente del Gobierno en esta campaña: “Mierdas”, “felón”…, mientras el público entusiasmado corea “Pedro Sánchez, hijo de puta”, y él consiente. Ayer volvió a ocurrir. La chavalada es así.

En esta campaña, en al menos una ocasión, ha bautizado al presidente de la Junta de Andalucía como Juanma “Moruno”, al que acusa de ser un devoto de Blas Infante, el padre del nacionalismo andaluz, y de participar en la islamización de Andalucía por su tibia oposición a la regularización.

Ellos, Vox, en cambio, está por la reconquista de los Reyes Católicos. “Tardamos siete siglos, ahora tardaremos menos”, prometía ayer mismo el líder ultranacionalista. 

Abascal, lo explicará él mismo en este mitin de la plaza Mina, era amigo de Juanma Moreno, de cuando compartían militancia en el PP (esto último no lo dice).

Andalucía fue el primer lugar en el que Vox entró en un parlamento autonómico. Ocurrió en el año 2018 cuando obtuvo –contra pronóstico– 12 diputados que fueron decisivos para la configuración de la mayoría que dio la presidencia a Moreno frente a Susana Díaz que había ganado las elecciones. Ahora, Abascal llama a Moreno el “socialista azul” y le acusa de vivir a la bartola, sin hacer nada. No hay tregua en la trinchera.

Vox ayudó a Moreno a ser presidente pero el PP se desembarazó del grupo de Abascal en 2022, cuando él obtuvo la mayoría absoluta

El apoyo de los ultranacionalistas a Moreno en el 2018 fue una mala experiencia. Harto, en el 2022, el presidente de la Junta decidió adelantar las elecciones y obtuvo la mayoría absoluta que relegó a Vox a ser un partido más de la oposición. Ahora, Abascal busca la revancha.

Pero desde entonces no le han ido bien las cosas a Vox en Andalucía: ha perdido poder municipal y en las generales del 2023 perdió tres de los 12 diputados del Congreso elegidos de su grupo en representanción de  Andalucía. Ya casi nadie lo recuerda, pero hubo un tiempo, en el 2019, que casi empató con el PP en esta comunidad.

Eso no va a ocurrir de nuevo. Vox empezó aquí. Veremos cómo acaba.

Un poco más arriba de la plaza de l Mina hay otra donde los abuelos, esa tarde del martes, siguen su conversación sin atender lo que ocurre unos metros más allá. En Catalunya a este tipo de bancos públicos se los llama los bancos del “si no fos” -si no fuera por la edad…-. El lugar se llama la plaza del Emigrante.  Es un buen final para este reportaje.

Jaume Valles Aroca

Barcelona, 1963. Espécimen de naturaleza metropolitana. Deudor de mis maestros, Joaquín Escudero, Juanjo Caballero, Eugeni Madueño y Enric Juliana. Ahora, jefe de sección en Política. Mis notas se toman a lápiz y en papel.

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