Ricardo Castillo: “EE.UU. es el ganador económico de esta guerra”

Con experiencia previa en JP Morgan, UBS o Credit Suisse, Ricardo Castillo es el nuevo responsable de inversiones de Mirabaud. Durante su paso por Barcelona en las oficinas que dirige Juan Verdaguer, este analista ofrece su punto de vista sobre la coyuntura actual, en la que la geopolítica lo condiciona todo.

Tanto la Fed como el BCE mantuvieron tipos la semana pasada. ¿Acertaron teniendo en cuenta las expectativas de más inflación a corto plazo?

Su papel es difícil porque en teoría un banco central no puede hacer mucho ante un shock de oferta. El razonamiento sería: “Sube el precio del petróleo y encima te voy a castigar y te voy a subir el tipo de tu hipoteca”. Así matas la economía. Al final, la energía es un 5% o un 6% de las canastas de inflación, la tasa va a subir un poquito, pero sabemos que el riesgo es otro.

¿Cuál?

Las proyecciones económicas a largo plazo en EE.UU. te están diciendo que ven un crecimiento más fuerte de lo esperado, pero advierten que el tema del empleo va a ser más complicado de lo previsto. ¿Qué significa? Que ellos ven un shock de productividad.

El impacto de la inteligencia artificial.

Claro, ese es el tema. Nosotros compartimos que hay una pata deflacionista de largo plazo. Lo que pasa es que ahora hay un shock económico y de oferta a corto plazo.

El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ¿es consciente de ello?

Cambiará la forma de interpretar los datos económicos. Y no es poco. No creo que Kevin Warsh sea una marioneta de Trump. No quiere ver la inflación del año pasado, sino que quiere enfocarse en el shock de productividad. Y para él hay que ayudar la economía y no restringirla.

¿Cómo encaja todo esto con la guerra? Parece que las disrupciones no serán temporales, sino estructurales.

Hay un efecto acumulativo, de bola de nieve. No vamos a volver al 15 de enero. Con suerte regresaremos al 5 de marzo. Cada día que pasa hace que los problemas tarden más en resolverse. Volver a armar la cadena logística va a necesitar mucho tiempo. Los daños económicos para Dubái y Abu Dabi que no tienen ingresos, con la logística, puerto, aeropuerto y turismo cerrados, no está exportando nada… Puede haber consecuencias financieras. ¿Cómo va a vivir esta gente?

No solo es petróleo.

No, estamos hablando de la cadena de fertilizantes, que está cayendo, de la competición para conseguir el gas natural necesario para producción eléctrica. Quien paga más lo consigue.

¿Quién pierde y quién gana en esta ­situación?

Pierden todos a largo plazo, pero para mí hoy hay un ganador real, que es el país que tiene abastecimiento de energía y que es hoy el primer exportador de gas natural y que va a duplicar su capacidad de exportación en los próximos 5 años.

¡Estados Unidos!

La ruta Atlántico norte pasará a ser la más segura del mundo, con contratos de abastecimiento a 20 años con el gas que viene de Luisiana o de Texas, cruza el Atlántico y en tres o cuatro días llega a Europa. En estos trayectos no pasa nunca nada. Sí, de repente, como mucho, un huracán. Hay cinco, seis o siete megaproyectos que se están construyendo en EE.UU. El sector de exportación de gas natural es el gran ganador en Estados Unidos. Que también importa crudo, pero de Venezuela o Canadá. Todo se queda en casa.

En cambio, el estrecho de Ormuz es importante para China.

Sí, es importante. Pero en la actualidad hay tanques que están pasando por esta zona hacia China e India cargados de petróleo iraní, sin que tengan que ir de incógnito. Y, sobre todo, China es el país que más reservas de crudo acumuló en los últimos tres años. Se dice que tiene entre 1.400 y 1.800 millones de barriles. Estamos hablando de una cantidad que le cubre durante 10 o 15 meses. Entonces, esto les da un poquito más de tranquilidad. Imagine una situación en la que China no tenga reservas, estaría muchísimo más presente en esta crisis. En cambio, los chinos no dicen nada. Otro tema importante: China es el centro de refinería de Asia. Exporta productos del petróleo. Creo que un tercio del queroseno de Australia viene de China. Bangladesh envió una nota oficial hace dos días a China para que respeten sus contratos de abastecimiento. ¿Qué quiero decir? Esta crisis ya no es de precio, es tener o no tener. Es un tema de suministro.

¿Cómo influye esta coyuntura a la hora de gestionar patrimonios?

El 3 de marzo, a la vista de lo que estaba ocurriendo, empezamos a bajar gradualmente el riesgo haciendo más cash en las carteras, porque la distribución de probabilidad cambia. Es un movimiento gradual, pero controlado y de sangre fría. La pasada semana lo hicimos por segunda vez, con un ajuste del 10%-15% de las inversiones. La posibilidades de vivir una estanflación tienen consecuencias en la forma de manejar la cartera. Nosotros no hacemos trading. Gestionamos patrimonios para generaciones futuras.

¿El mercado aún apuesta por una guerra relativamente corta?

Sí, porque las previsiones de petróleo a seis meses lo sitúan 15 dólares más bajo de lo que está ahora. O sea, el mercado no cree que lo que estamos viviendo será para siempre. También hay que considerar que entre el Brent que ves en pantalla y la realidad física para conseguir un barril en Asia hay 50 dólares de diferencia. Allí los precios son muchísimo más altos. El crudo con destino a Singapur tenía una prima de 20 dólares, ahora ha pasado a 100. El precio del transporte Singapur-Nueva York, pasó de 6.000 a 12.000 euros en dos semanas.

Las bolsas han caído pero sin desplomarse. ¿Son resilientes?

¿Qué pasó desde que llegó Trump? La gente se acostumbró al ruido, la crisis y la resolución de la misma. En muchísimos casos la bolsa rebota muy rápido. Es pura estadística. A esto se le añade el efecto TACO [Trump siempre se echa para atrás]: primero creo un problema y luego soluciono lo que he causado.

¿Es Europa la gran derrotada de esta coyuntura?

A ver, ya lo dijo Ursula von der Leyen, los europeos se equivocaron al ignorar la energía nuclear. Hemos pasado de “qué tipo de electricidad quiero” a “necesito electricidad como sea”. China dice: “Nosotros necesitamos consumir un montón de energía, lo que sea, de cualquier tipo”. Europa, en cambio, tenía el lujo de decir: “Yo quiero que mi energía sea así y así, no así”. Algo vas a tener que hacer para constituir tu soberanía energética, porque los países quieren tener sus centros de datos en casa. Y necesitas abastecerlos con electricidad 100% segura. Todo el mundo quiere los servidores en su casa con sus compañías de ciberseguridad, con sus empleados cuidando a sus datos. La IA hoy es cemento, agua, electricidad.

Ya no se habla tanto de aranceles como el año pasado.

Creo que se van a quedar e incorporar en la economía. Ha habido un cambio de paradigma. ¿Por qué ganó Trump? Porque aprovechó el desequilibrio de un país que producía y que abandonó la industria e hizo morir muchos empleos. Hubo gente que tuvo que reciclarse en el sector servicios, que no paga lo que paga. Como importas más bienes, las importaciones se convierten en dólares en manos de los alemanes, coreanos, japoneses, que invierten en bolsa. Y quien tiene acciones gana más que el que no las tiene. Y así tienes una economía que crece, pero con el 50% de los ciudadanos controlando el 2,5% del patrimonio. Cuando un país se financiariza, la distribución no es buena. Aunque la macroeconomía diga otra cosa. El quantitative easing hizo volar la bolsa y elevar la renta hacia la franja más elevada. Por eso yo creo que el ciclo de tarifas no ha terminado. Al contrario, si Europa decide abrir las puertas a los coches chinos, su sector industrial del automóvil va a estar aún más destrozado.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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