Detectar el envejecimiento de los órganos para corregir la brecha de género

El sistema sanitario actual tiene una deuda pendiente con la mitad de la población. Durante décadas, la medicina ha basado sus estudios en el cuerpo del hombre caucásico, lo que ha dejado fuera de los ensayos clínicos a las mujeres. Como consecuencia, hoy en día, las mujeres reciben el diagnóstico seis años más tarde de media que los hombres en más de 600 enfermedades crónicas. Para tratar de corregir esta brecha de salud ha surgido Base4 Biosciences, una innovadora empresa biotecnológica ubicada en la incubadora del TecnoCampus y que nacido como spin-off de un proyecto del Institut de Recerca Sant Pau.

La génesis de la compañía hay que buscarla en la súbita muerte de Emma Roca, la reconocida atleta de élite y bombera del GRAE. Roca participaba en un proyecto liderado por Pol Cervera, CEO Base4 Biosciences, junto al Doctor José Manuel Soria, director de Genética en el hospital de Sant Pau, y el matemático Ángel Martínez. En Sant Pau, este equipo había fundado una empresa genética que, tras la muerte de Emma Roca a causa de un cáncer diagnosticado de forma tardía, volcó sus esfuerzos en entender por qué el sistema sigue fallando en la detección precoz, especialmente en perfiles como el de la atleta que, aparentemente, gozan de una salud excelente.

“La mujer ha sido excluida sistemáticamente porque, para la industria farmacéutica, se dice que su variabilidad hormonal ‘genera ruido’ en los ensayos”, explica Pol Cervera. Esta realidad conlleva que muchos tratamientos y diagnósticos actuales se basen en extrapolaciones del cuerpo masculino. Para revertir esta situación, Base4 ha desarrollado una tecnología patentada que, mediante una extracción de sangre convencional de apenas 2,5 mililitros, permite analizar cómo interactúan los genes con factores ambientales, dietas y tratamientos.

Poner edad a los órganos

Lo más innovador de Base4 es su capacidad para predecir la edad biológica de 47 órganos distintos. A través de modelos de inteligencia artificial que han sido entrenados exclusivamente con datos de población femenina, la empresa puede detectar si un órgano específico está envejeciendo más rápido que el resto. “Podemos encontrar a una mujer de 35 años cuya edad biológica general sea la correcta, pero descubrir que sus ovarios tienen una edad biológica de 38”, señala Cervera. Esta precisión permite poner el foco exactamente allí donde está el riesgo e identificar las vías metabólicas que están acelerando ese deterioro.

Al desarrollar este test, sus impulsores han podido observar y descubrir como funcionan aspectos del cuerpo femenino que hasta ahora habían quedado bastante “abandonados” por la medicina tradicional. Un buen ejemplo es el de la salud reproductiva y la menopausia. Tal y como explica Cervera, el ovario es el único órgano que pierde su funcionalidad en vida y lo hace a un ritmo cinco veces más rápido que el resto de los tejidos. Pero el ovario tiene una función de “orquestador” del cuerpo femenino y, cuando falla, se desregulan parámetros cardiovasculares y metabólicos. El test de Base4 permite hacer un seguimiento de este proceso de forma personalizada, de manera que se puede determinar, por ejemplo, si una mujer es apta o no para una terapia hormonal sustitutiva y en qué dosis exacta.

Un impulso de un millón de euros

Base4 basa su propuesta en un sólido respaldo científico, con una investigación publicada en la prestigiosa revista Science y un largo recorrido en el ecosistema de salud de Barcelona. Esta base técnica ha sido clave para que la compañía pueda dar ahora un doble salto estratégico. Por una parte, ha cerrado una ronda de financiación de un millón de euros que cuenta con el apoyo de inversores relevantes como KeyFame, Pibnic (impulsado por los fundadores de Factorial) y diversos business angels vinculados a Masia VC. Por otra, su ubicación en la incubadora del TecnoCampus les dota de la infraestructura necesaria para escalar su operativa y llevar su tecnología al mercado.

Actualmente, la empresa se encuentra en fase de validación comercial, por lo que están realizando pruebas piloto con clínicas especializadas que serán las encargadas de prescribir estos tests. A pesar de que estarán al alcance de cualquier persona, el objetivo es que la información que se obtenga de estas pruebas sirva como herramienta clínica manejada por profesionales de la salud (ginecólogos, neumólogos o expertos en nutrición) que diseñen planes de intervención personalizados. Según Cervera, con la información que se consigue se pueden aplicar desde cambios en el estilo de vida hasta ajustes farmacológicos.

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