Nueva York no es una ciudad ajena a las pistolas ni a los muertos por disparos.
Pero la Gran Manzana de hoy no es la de los años de plomo –2.245 homicidios en 1990, la mayoría por armas de fuego– y las estadísticas muestran una baja espectacular de la violencia. En lo que va del 2026 ha habido una caída del 30% con tan solo 55 casos (79 en el 2025).
Toda esa mejora se vio empañada este miércoles cuando una bala perdida arrebató la vida a una bebé de siete meses, que estaba en un carrito doble, junto a su hermano de dos años y con sus padres cuando recibió el impacto en la cabeza. Sucedió en el barrio de Wiliamsburg (Brooklyn) la tarde del miércoles. Había otro carrito al lado de la difunta y varios niños alrededor, explicó la comisionada de policía, Jessica Tisch.
El caso ha conmocionado a la ciudad por su brutalidad a plena luz. “Esto es un recordatorio devastador de cuánto más trabajo queda por hacer para combatir la violencia armada en toda esta ciudad”, lamentó el alcalde Zohran Mamdani. “No podemos aceptar esto como algo normal en nuestra ciudad. No podemos volvernos insensibles ante este dolor”, añadió.
El pistolero, de 21 años, detenido horas después, iba de acompañante en una motocicleta cuando abrió fuego. Los dos de la moto sufrieron un accidente al chocar con un coche y fueron lanzados al pavimento. Si bien perdieron la pistola, pudieron volver a subir a la moto y continuar con la huida. La policía anunció este jueves la detención del conductor de la scooter.
El padre de la bebé, llamada Kaori, la cogió y corriendo la llevó al hospital de Woodhull, donde no pudieron hacer nada por salvarla. Las balas no tenía ese destino. La comisionada Tisch dijo que los disparos se debieron a una pelea entre bandas y que Kaori no era la diana.
En estos casos de balas perdidas, los bebés raramente son las víctimas. Kaori parece ser la más joven de esta brutalidad.
