Hay una línea roja en el mercado. Representada por el número 5. Una “línea Maginot”, del nombre de la mítica fortificación bélica francesa utilizada durante la Segunda Guerra Mundial, según la expresión de Bank of America. Esta frontera ya se acaba de cruzar. La muralla ha caído.
Los rendimientos de la deuda de Estados Unidos a 30 años ya cotizan por encima del 5%. Es el nivel de guardia considerado por muchos economistas a la hora de valorar la sostenibilidad de la deuda soberana. Para que se tenga una idea, cuando en el mes de abril del 2025 se rozó este nivel tras el llamado Día de la Liberación de los aranceles, Donald Trump se vio obligado a anunciar un parcial marcha atrás para no inquietar demasiado al mercado.
Otro elemento de la hemeroteca fuente de preocupación es que la última vez que la deuda de EE.UU. tenía costes similares corría el año 2007. Pocos meses después se produciría el colapso de Lehman Brothers y la Gran Crisis Financiera. Hay activada una bomba de relojería peligrosa para las finanzas públicas.
No quiere decir que hoy tenga que ocurrir lo mismo. Habrá que ver si los anuncios de tregua entre Irán y EE.UU.el pasado fin de semana se harán efectivos y si finalmente la navegación por el paso estratégico de Ormuz podrá reanudarse, como aseguran, con total normalidad. Aún así, las heridas siguen abiertas y tardarán en cerrarse.
De entrada, en la actualidad la deuda mundial es muy superior que en crisis anteriores. La pandemia, la transición energética y los gastos militares han obligado a los estados a endeudarse cada vez más. Emitir un bono para financiarse a costes tan elevados es una capa que se añade a la anterior, ya que los gastos de intereses se acumulan, la deuda de EE.UU. ya roza los 40 billones de dólares y el gasto supera a los ingresos.
En EE.UU. se ha tocado el máximo desde los niveles previos al colapso de Lehman Brothers
No estamos tampoco ante un fenómeno aislado o solo estadounidense. Por ejemplo, las deudas japonesas y británicas a 30 años alcanzaron estos días máximos desde 1999 y 1998, respectivamente. “Esta tendencia es global: según el FMI, la deuda pública alcanzó casi el 94% del PIB en 2025 y se proyecta que aumentará aún más en los próximos años.Es poco probable que las presiones estructurales —incluyendo defensa, atención médica, pensiones y tendencias demográficas— se alivien de manera sustancial, lo que sugiere que los déficits persistirán; la deuda continúa acumulándose y el aumento de los costes de los intereses tensa aún más la sostenibilidad fiscal”, apuntaba Tatjana Greil Castro, co directora de mercados en Muzinich & Co.
Además, a causa de la crisis en Oriente Medio, “se espera que los gobiernos gasten más para apoyar a sus hogares y a sus empresas”, explicaba a Valentine Ainouz, responsable de tipos en el Amundi Investment Institute. “El estancamiento económico que se perfila reducirá los ingresos fiscales”, añade. Por ello, los inversores consideran que hay “más riesgo al prestar a los Estados”. Se necesita más dinero y además, hay que pagar más por ello.
En los tramos de referencia a medio plazo, a diez años, el encarecimiento se debe al resurgir de la inflación. Los bancos centrales están preocupados ante la aceleración de los precios a escala global, motivada en gran parte por la subida de la energía, con el repunte del barril de petróleo y por la próximo encarecimiento de los alimentos, ante la penuria de los fertilizantes. Desde el conflicto, el queroseno ha subido casi un 60%, el azufre ha duplicado y los fertilizantes han subido un 20%
Circulan en ambientes financieros gráficos en los que se ve una posible analogía con el doble shock de inflación que se vivió entre los setenta y los primeros años ochenta. Al principio de 2026 los analistas pronosticaban varios recortes del precio del dinero por parte de la Reserva Federal. Ahora uno de cada tres inversores cree que va a haber una subida. Y el BCE empezará a actuar con la palanca monetaria con toda probabilidad en junio.
La consecuencia en los mercados es visible. La deuda a 10 años en EE.UU. antes de la guerra rendía un 3,92%. En la actualidad, ya hemos rozado el 4,6% (nivel que el mercado fija como el umbral del dolor). La inflación norteamericana está en el 3,8%, en máximo en tres años. Los intereses para la concesión de las hipotecas a 30 años están en casi en el 6,7%
Los bancos centrales pondrán en marcha políticas restrictivas por la energía y la inflación de los chips
Asimismo, hay que remontar a hace más de una década para ver rendimientos tan elevados en Francia o Reino Unido. Incluso en la virtuosa Alemania el rendimiento a 10 años el referente para la zona del euro subió hasta el 3,191%, su nivel más alto desde 2011, medio punto porcentual desde que comenzó la guerra a finales de febrero.
Para un inversor en renta fija, la inflación es la criptonita. Para enfriar la economía los bancos centrales suben los tipos. Al encarecer el crédito, se frena el consumo y la inversión. Como el precio del dinero ahora es más alto, el Tesoro y las empresas se ven obligados a emitir nuevos bonos con cupones más altos para captar capital. La presión sobre los poseedores de bonos antiguos (emitidos a tipos bajos) desata una ola de ventas para hacer caja y comprar nuevas emisiones más rentables. Los precios se desploman.
Jamie Dimon, el banquero más influyente de Wall Street, dijo que los tipos de interés “podrían ser mucho más altos de lo que son hoy y puede que hayamos pasado de un exceso de ahorro a una insuficiencia de ahorro”.
“Estas tensiones en la renta fija aun no se han trasladado con la misma intensidad en los bonos empresariales”, hace notar Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad. De hecho hay algunas compañías que se financian a costes más bajos que ciertos estados. “El mercado se fija más en los resultados empresariales, que de momento siguen siendo buenos”, asegura, impulsados, en gran parte por el tirón de la IA.
Y aquí está otro problema, porque el actual boom tecnológico no se ha traducido todavía en un aumento tangible de la productividad, que sería desinflacionaria. Al contrario, en esta fase incipiente este sector ha contribuido a elevar los precios. Es la llamada “inflación de chips”, impulsada por la demanda global de los semiconductores necesarios para la IA, lo que está encareciendo tanto esos componentes como los productos que dependen de ellos.
Los bancos centrales preparan subidas ante el encarecimiento energético y la inflación de los chips
En EE.UU., los precios del software y de equipos y accesorios informáticos subieron 14% en abril frente al año anterior, mientras que analistas de BlackRock señalan que el precio de los chips utilizados para almacenamiento de memoria se multiplicó por 17 en el último año. “Nuestro supuesto base es que la IA contribuirá a una mayor inflación en los próximos años”, dijo Christoph Rieger, jefe de investigación de crédito de Commerzbank AG. A su vez, Microsoft, Amazon, Alphabet y otras firmas tecnológicas, ya captaron más de 300.000 millones de dólares para financiar inversiones vinculadas con la IA, contribuyendo a elevar el coste global. “Las emisiones relacionadas con la IA elevaron el nivel de las tasas, y eso derivó en mayores costes de endeudamiento”, dijo Priya Misra, gestora de JPMorgan.
“Yo descartaría de momento riesgos sistémicos en la renta fija, porque las primas de riesgo siguen siendo bajas”, opina Del Pozo. “Sin embargo, a corto plazo mucho dependerá del cierre de Ormuz. Si continúa más allá de julio, las reservas estratégicas de petróleo podrían agotarse. Y entonces no se puede descartar un desplome de la renta variable y un ulterior encarecimiento del coste de la financiación”. La última línea de defensa que queda en la retaguardia, antes de la estanflación.
Estabilidad española
La prima de riesgo de España cotiza en 44 puntos, unos niveles relativamente bajos. Pese a la guerra, en lo que va de año apenas ha subido siete puntos. El rendimiento del bono español a diez años roza el 3,5%, niveles estables desde 2022. “España podría beneficiarse de una combinación especialmente favorable de oferta y demanda en renta fija: menor presión relativa de emisión a largo plazo, mayor liquidez de los bonos españoles y potencial entrada de demanda institucional procedente de aseguradoras europeas y fondos”, según Bank of America, que destaca que los fondos de pensiones neerlandeses ya aumentaron en 2025 su exposición a deuda española más que a cualquier otro mercado de la eurozona.
