Las empresas químicas han sorteado el año de los aranceles de Donald Trump con “resiliencia” y cierta percepción de “dualidad”, en la que conviven algunas cifras positivas con un creciente riesgo de desinversiones, ha indicado Teresa Rasero, presidenta de la asociación que las representa, Feique, en la presentación anual de resultados. El ejercicio queda en parte empañado por un dato preocupante: la industria química ha destruido empleo al mayor ritmo desde el 2010.
Según los cálculos de Feique, el año pasado la fuerza laboral de las empresas químicas se redujo en 13.500 trabajadores, lo que supone un descenso del 5,3%. La causa está en que las empresas han realizado ajustes tras varios años de incremento de la producción, en que las jubilaciones no se cubren con nuevas contrataciones y en que, dentro del área farmacéutica, el efecto cíclico asociado a la innovación ha jugado en contra.
A eso se suma que “la industria química básica, que da suministro al 98% de la industria, tiene dificultades” y en algunos casos se encuentra en un momento “crítico”, ha explicado Rasero. Este tipo de fábricas son las más dependientes del precio de la energía, que se ha convertido en el mayor problema del sector, por encima incluso de los aranceles.
Un aumento “sorprendente” de las exportaciones
Por otro lado, la propia Rasero ha calificado de “sorprendente” que el sector haya logrado elevar el año pasado en un 6,4% sus exportaciones, hasta 62.926 millones de euros. La química se ha convertido en el principal sector exportador de la industria española, por delante de la automoción.
La mejora se produce pese a una caída del 12% de las exportaciones a Estados Unidos. “Se han abierto mercados y una parte importante va a mercados europeos”, ha afirmado. También se ha mejorado la presencia en otros “muy difíciles”, como China. “Hay una competencia internacional feroz por buscar nuevos mercados”, ha señalado.
En sentido contrario, otra gran tendencia del año ha sido el aumento de las importaciones químicas desde Estados Unidos, que ha superado a Alemania como mayor proveedor, y la fuerte exposición a China, a la que las empresas acusan de hacer dumping.
Los ingresos de la industria química se redujeron el año pasado un 0,1%, hasta 85.417 millones, sobre todo por un descenso del 1,6% de los precios. La producción aumentó un 1,3%, pero gracias a la química de consumo y la farmacéutica. La química básica redujo un 3,7% su actividad.
Juan Antonio Labat, director general de Feique, ha destacado la capacidad de las empresas para “encontrar mercados alternativos” a Estados Unidos y ha avisado del riesgo de deterioro de la actividad si persiste la guerra en Oriente Medio.
Un impacto energético de 60 millones en el primer mes de guerra
El 50% del coste de las empresas procede de la energía y por ahora, ha señalado Labat, el impacto del primer mes de guerra en Irán sobre el sector equivale a unos 60 millones de euros, de los que 40 millones corresponden a la electricidad y 20 millones al gas.
Feique califica de “esenciales” las medidas del Gobierno contra los efectos de la guerra, pero pide que se conviertan en “estructurales y permanentes”. Pese al efecto amortiguador de las renovables, Labat asegura que las industrias españolas acaban pagando la electricidad más cara que las alemanas y francesas por el coste adicional de los servicios de ajuste y por las menores ayudas en forma de rebaja de peajes o compensaciones por el CO2.
Otras reivindicaciones de las empresas químicas son derogar el impuesto a la producción de electricidad, ampliar al conjunto de la industria la reducción del impuesto especial a la electricidad, bajar de forma permanente en un 80% los peajes de la industria, financiar vía Presupuestos del Estado los servicios de ajuste e incrementar la parte de lo que se ingresa por las subastas de CO2 que va destinada a la industria, hasta alcanzar los 1.000 millones de euros.
