Los vientos a favor y en contra

La derecha sigue siendo la favorita para ganar las elecciones generales en España tras casi ocho años de gobiernos de signo progresista. A poco más de un año para los próximos comicios -con un reloj que se acelerará tras el resultado de las autonómicas en Andalucía-, la suma de PP y Vox obtendría hoy una mayoría absoluta holgada de 194 diputados. Por el contrario, la de PSOE y Sumar se quedaría en 124, según el barómetro de Ipsos para La Vanguardia . Las señales numéricas actuales arrojan 12 millones de votos para la derecha, situándose en máximos históricos, frente a los 8,5 millones de la izquierda, que cae a mínimos, todo ello en un escenario de baja participación (67%).

Para entender el resultado que finalmente se dé en las elecciones, conviene desentrañar los problemas de unos y otros, así como la gestión que se haga de aquí en adelante. El viento a favor y el viento en contra requieren estrategias distintas. Lejos de ópticas partidistas, la aspiración ideal para la derecha sería próxima a la fotografía actual: garantía de gobierno con una cómoda mayoría. En cambio, la izquierda saldría a empatar; su mejor escenario visualizable hoy es un gobierno en minoría que reedite la precaria mayoría parlamentaria en el Congreso. Esta última opción es la preferida por uno de cada cuatro españoles (24%), frente al 55% que optaría por un ejecutivo liderado por el PP.

La izquierda tiene tres desafíos: movilizar, concentrar y trascender

La derecha afronta fundamentalmente un problema de competición interna para maximizar el rédito del sistema electoral. Vox sería el principal beneficiado de una convocatoria gracias a su capacidad de atraer a votantes del PP; el balance neto entre ambos es de un millón de votos favorable a la formación de Abascal. La incógnita aquí no es de movilización, sino de preferencia partidista. El marco “antisanchista” está compactado: el 95% y el 68% de los votantes de Vox y PP, respectivamente, evalúan con un cero al presidente del Gobierno.

La izquierda tiene tres desafíos: movilizar, concentrar y trascender. Su problema no es solo de desmovilización, sino de fugas y de tránsfugas. El PSOE es el caso más ilustrativo: de cada diez votantes de 2023, ahora solo conserva a seis. De los restantes, dos están indecisos, uno ha cruzado a la orilla conservadora y el último orbita en otros espacios de izquierda. Para revertir la situación, la fidelidad de voto debería al menos igualar a la de sus rivales (es de siete de cada diez en el PP, y entre ocho y nueve en Vox). Movilizar no solo significa activar, sino recuperar, equilibrando una balanza interbloque que hoy muestra que por cada tránsfuga de derecha a izquierda, tres hacen el camino inverso. Finalmente, queda la necesaria concentración del voto. La unión no hace la fuerza, la hace la necesidad. La cuestión es económica: cómo lograr eficiencia cuando los escaños son escasos y están desigualmente repartidos. Y, por último, la urgencia de crecer en el centro ideológico, donde la derecha triplica hoy a la izquierda (36% frente a 12% en intención directa de voto).

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