Cuentan en el diario Le Monde que, cuando asumió el cargo de directora de banca comercial en la entidad francesa BNP Paribas, se presentó el primer día de trabajo en vaqueros y tacones. “Nunca habíamos visto algo así”, comentaron en la oficina de esta veterana institución financiera.

Marguerite Bérard (París, 1977) tenía entonces 41 años. Era el 2019. Su impacto fue inmediato. Anunció que el banco pasaría a ser una empresa de tecnología y servicios. Luego empezó a tutear al personal como si estuviera en una startup de Silicon Valley. Marcó un estilo.
Marguerite Bérard de niña quería ser general del ejército: hoy manda en ABN Amro
Hoy, esta ejecutiva acaba de dar el salto definitivo en su carrera. Ha sido nombrada consejera delegada del banco neerlandés ABN Amro, un gigante con una capitalización bursátil de 23.000 millones de euros. Es la primera mujer francesa que logra un cargo tan relevante en el sector bancario fuera de su país. Y lo hace, además, en un grupo en el que el Estado de los Países Bajos todavía mantiene cerca del 20% del capital.
Hija de la alta burguesía —su padre fue prefecto y su madre, banquera—, se formó en el circuito más exigente y tradicional del país: Sciences Po, en París; la Escuela Nacional de Administración (ENA); y estudios de posgrado en Estados Unidos, en Princeton y Georgetown. Para hacerse una idea de su carácter, el día que terminó sus estudios entregó al director académico un documento sobre cómo mejorar la enseñanza, firmado por más de 130 alumnos.
Siempre mostró una fuerte determinación. De hecho, dicen que su sueño de niña era ser “general del ejército”. Pertenece a la misma promoción que el actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, con quien mantiene el contacto. Sus vínculos con el poder político fueron tempranos: empezó su carrera como inspectora de Finanzas y, en 2007, entró a formar parte del equipo del Elíseo del entonces presidente Nicolas Sarkozy. Más tarde, fue jefa de gabinete del entonces ministro de Trabajo, Xavier Bertrand. Pasó ocho años en el sector público, donde asegura que aprendió mucho sobre “la gestión de crisis y la naturaleza humana”, además de tejer una amplia red de relaciones con las personas más influyentes. Cuando la izquierda llegó al poder, se pasó al sector privado. Marguerite Bérard, también llamada Margot, puede con todo. Es madre de dos hijos adolescentes y, cuando eran más pequeños, tras dejar de fumar, encontró tiempo incluso para entrenarse y correr el medio maratón de París. Frédéric Mazzella, fundador de BlaBlaCar, la define como la “gran dama de las finanzas”, con un temperamento similar al de Christine Lagarde, actual presidenta del BCE.
Quienes la conocen destacan que es muy trabajadora, que no tiene problemas en “mancharse las manos” y que es una firme defensora del feminismo, comprometida con garantizar los derechos y las oportunidades de las mujeres que aspiran a desarrollar una carrera profesional. “Yo creo en la responsabilidad individual, en la capacidad de elegir”, asegura.
Como curiosidad, su familia materna tiene raíces en el antiguo Imperio ruso, al proceder de Rovno (actual Rivne, en Ucrania). De la historia dramática de esta estirpe decidió escribir incluso un libro, Le siècle d’Assia (Flammarion, 2019), en el que narra la vida de su abuelo, fabricante de pulseras de reloj en Belleville, que le enseñaba ruso todos los miércoles con un manual soviético.
Marguerite tiene, de hecho, facilidad para los idiomas y sentido de la oportunidad. Una de sus primeras decisiones al llegar a ABN Amro fue ponerse a aprender neerlandés. Se define como una apasionada de Europa, pero cree que el Viejo Continente es “un herbívoro en un mundo carnívoro” y que es necesario contar con bancos europeos más competitivos, porque son los que proporcionan sangre a la economía.
Más allá de los balances y la visión geopolítica, Bérard encuentra su refugio en la vida privada. En 2022 volvió a casarse con un directivo del grupo Rothschild. Entre sus pasiones, la música de Leonard Cohen y los viajes por Italia. Voilà.

