Territorio incierto

Tras dos meses de conflicto en Oriente Medio, la UE empieza a adentrarse en un terreno inexplorado. Bruselas está preparando medidas para reducir el consumo de combustibles, aerolíneas como Lufthansa y KLM han comenzado a recortar vuelos y la Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que Europa solo dispone de reservas de queroseno de aviación para seis semanas. Señales claras del impacto creciente de la guerra sobre nuestro sistema energético.

Esta crisis vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: la elevada vulnerabilidad energética de la UE, que desde el 2008 ha perdido cerca de 30 refinerías. Esta situación ha provocado que parte de la demanda de gasóleo y queroseno se cubra con importaciones procedentes, por un lado, de refinerías del golfo Pérsico –las cuales han enfrentado dificultades para exportar sus productos por el bloqueo del estrecho de Ormuz– y, por otro, de refinerías asiáticas que, para evitar su desabastecimiento, han prohibido la exportación de productos refinados.

Una vez más, la UE se enfrenta a una crisis energética sin haber resuelto sus debilidades

La pregunta es inevitable: ¿cómo ha podido la UE permitir el cierre de infraestructuras tan estratégicas? La Comisión Europea lleva años priorizando la reducción de emisiones de CO₂ sin calibrar su impacto en la industria ni asumir que, en la práctica, solo estamos exportando esas emisiones a otros países. La presión regulatoria sobre las refinerías está reduciendo su actividad y rentabilidad, lo que acaba provocando cierres. El resultado es conocido: Europa necesita importar productos refinados desde regiones lejanas, lo que nos hace más vulnerables cuando el mundo entra en tensión.

Barcos petroleros químicos en Bilbao, la semana pasada
Barcos petroleros químicos en Bilbao, la semana pasadaLuis Tejido / Efe

En este escenario tan complejo, España es uno de los países europeos mejor preparados para afrontar una crisis prolongada. Las inversiones del sector en los últimos años han situado a nuestras refinerías a la vanguardia europea, con un sistema diversificado y de alta capacidad de conversión que garantiza el suministro interno y permite incluso exportar por ejemplo gasolina. A corto plazo no se prevén problemas de abastecimiento, pero conviene no perder de vista los riesgos a los que nos enfrentamos si la guerra continúa.

Uno de esos riesgos es el encarecimiento del petróleo. El barril de Brent cotiza hoy a unos 100 dólares en los mercados financieros, pero hay que tener en cuenta que esa cifra es una simple previsión. Solo refleja lo que el mercado espera que valga en el futuro. Si nos fijamos en el petróleo físico –el que se extrae, se vende y se entrega a corto plazo–, la realidad es muy distinta: en Asia ya hay refinerías pagando cerca de 150 dólares por barril para entregas a tres semanas.

Una vez más, la UE se enfrenta a una crisis energética sin haber resuelto sus debilidades. Seguimos dependiendo de terceros para abastecernos de petróleo y, al mismo tiempo, estamos perdiendo capacidad industrial para transformarlo en combustibles. Lejos de aprender la lección, Europa sigue sin poner el foco en lo esencial: garantizar el suministro de energía a la sociedad.

También te puede interesar