
El juicio mascarillas que ha llevado al banquillo al exministro de Transportes y exsecretario de organización del Partido Socialista, José Luís Ábalos, llega a su fin hoy aún con algunas incógnitas aún por resolver. Más claros son los efectos que ha tenido este caso de corrupción que ha tocado de lleno al corazón del Gobierno socialista.

Por un lado, ha erosionado el discurso con el que el PSOE llegó al poder tras la moción de censura contra Mariano Rajoy en 2018, basado en la lucha contra la corrupción. También ha alimentado el desgaste político del Ejecutivo y del propio presidente del Gobierno. La oposición lo ha utilizado como munición para cuestionar su credibilidad, en un momento de exiguas mayorías en el Congreso.
El ciudadano conoce más detalles de la vida de Ábalos que del asunto principal de la causa judicial
Por último, y no menos importante, ha afectado directamente al PSOE, obligándole a establecer un cordón sanitario y a marcar distancias con figuras que fueron relevantes dentro del partido, lo que ha acabado por generar tensiones orgánicas con un grave daño reputacional.
El escándalo de corrupción no se ha traducido en un cambio de mayorías parlamentarias, pese a que el PP ha animado al PNV y a Junts a romper con Sánchez y presentar una moción de censura ante un clima de crispación política que tiene consecuencias electorales. Y si no que se lo pregunten a María Jesús Montero que ha iniciado la campaña en Andalucía, mientras en el Tribunal Supremo se desarrollaban los últimos coletazos del juicio, coincidiendo con las declaraciones de Ábalos, su exasesor Koldo García y el comisionista Víctor de Aldama.
A lo largo de casi un mes de juicio han desfilado por el Tribunal Supremo examantes, examigas, policías, hermanos, exdirectores de empresas públicas, exjefes de gabinete y empresarios, con el objetivo de arrojar luz sobre la compra irregular de mascarillas durante la pandemia de la covid y el presunto enriquecimiento de los tres encausados a cambio de mordidas y dadivas en las adjudicaciones de estos contratos.
Antes del verano se podría conocer la sentencia y entonces también se verá si el tribunal da por buena la declaración del comisionista Víctor de Aldama, quien tras su acuerdo con la Fiscalía Anticorrupción ofreció una comparecencia en la que disparó a diestro y siniestro sin aportar pruebas.
Sin embargo, la sensación que queda es que el foco público ha derivado hacia temas secundarios y que el ciudadano ha terminado por conocer más detalles de la vida personal de Ábalos y de su azarosa relación “extramatrimonial” con Jéssica Rodríguez que del asunto principal de la causa. Si hasta el exministro ha reconocido que le hacían ghosting.
Tenía razón Ábalos cuando, en su declaración, afirmó que se había convertido en carne de meme. El juicio ha adquirido, en ocasiones, tintes más propios de un programa de prensa rosa y corazón que de un proceso por corrupción.

